09 mayo 2008

Cuando era pequeña...


- Una de mis hermanas mayores me hacía llorar cantándome una canción que decía algo así como “mi niña chiquita / no tiene cuna”.

- La otra, me hacía reír leyéndome fantásticas historias de mártires que debía sacar de alguno de sus extravantes libros de estudiante de filología. Recuerdo una historia que hablaba de una mujer condenada a tirarse pedos sin parar hasta el día de su muerte. Justo lo que cualquier niña necesita para crecer sana y normal…


- Sentadas las dos en el sillón, mi abuela me contaba la historia de la caperucita roja y la de los siete cabritillos para que me acabara la carne sin rechistar.

- Tenía una caja llena de libritos grapados. Tenían apenas seis u ocho hojas, la portada de cartulina, el tamaño de la mitad de una cuartilla.

- Don Santiago nos hacía leer en voz alta en clase, y a los que se equivocaban, o no lo hacían lo suficientemente bien, les hacía poner las manos boca arriba para darles con una regla de madera a la que llamaba su “secretaria”.

- Los domingos iba con mis padres de excursión al Mercado de San Antonio. Mi padre compraba sellos, mi madre novelas de Corín Tellado, y yo tebeos de Zipi y Zape o libros de Enid Blyton, los tres investigadores o elige tu propia aventura.


Hace tiempo que no veo memes rodando por la blogosfera. Les invito a tomar este prestado. Dejen en los comentarios la dirección de sus recuerdos lectores de infancia...

[La imagen es de Jade Colley]

11 comentarios:

Seredka dijo...

Cuando era pequeña...

...mi hermana me decía que nunca iba a aprender a leer. Y le puse tanto empeño que desde entonces estoy enganchada a los libros. Al final lo logré!

lapájara dijo...

Recuerdo que en casa de mi tía había dos libros que me impactaron:

- Uno era una adaptación breve de Don Quijote, con unas ilustraciones muy raras y macabras. Eran fotografías de muñecos de plastilina con fondos surrealistas y siniestros. Al mirarlas me daban miedo, pero me fascinaban.
Alguna vez he soñado con alguna de esas imágenes, ya de mayor, y me han causado el mismo efecto.

-El otro libro era una Historia del cine mudo, con fotografías que me hacían imaginar historias...

También me "tragué" la serie completa de Las mellizas de Santa Clara y Torres de Malory. Me daban mucha rabia las malas de turno!

De "Los cinco" me llamó mucho la atención la libertad que tenían los niños ¡y que bebieran cerveza!

Té blanco dijo...

Cuando era pequeña...
Mi mami me daba 25 pesetas (una fortuna) por acabar un libro. El precio fue subiendo según grosor de libro hasta que vio que se iba a arruinar y dejó de darme. Pero la misión ya estaba cumplida...

Anónimo dijo...

cada años, por reyes, una tia lejana me regalaba un libro de los siete secretos. Me escondía a leerlo debajo de la cama para que mi hermano pequeño no me interrumpiera.De los Cinco y de Torres de Malory y la Gemelas en Santa Clara pasé al morbo de los libros de Jose Luis Martín Vigil (La Vida sale al encuentro, La muerte está en el camino, Primer amor, primer dolor...) y luego pues ya vinieron los Herman Hesse, Boris Vian y compañia.

Aún los conservo todos en la casa del pueblo.

letras de arena dijo...

Cuando era pequeña mi madre me regaló el libro "Platero y yo", lo releí cientos de veces y poco a poco fue envejeciendo, haciéndose más pequeño mientras yo crecía. Un día le perdí la pista. Pero ya había hecho su trabajo. Siempre me acuerdo de aquella edición. No hace mucho le regalé el mismo libro a mi hija.

C. Martín dijo...

Cuando era pequeña, muy pequeña, no sabía leer, me contaba mi madre que iba en el autobús mirando tebeos con tal atención que la gente le preguntaba que si era posible que ya supiera leer.
De eso no me acuerdo, pero sí tengo un leve recuerdo de cuando torturaba a mi padre haciéndole leerme los tebeos de Mortadelo y Filemón. Todavía le oigo quejarse diciéndome "el último, ¿vale?".

Anónimo dijo...

Aprendì a leer coon 3 años en casa. Recuerdo la ilusiòn que me hacìa ir por la calle entendiendo todos los ròtulos"ultramarinos ...", pluquerìa de señoras...
Leìa todo lo que caìa en mis manos desde cuentos troquelados hasta el Lecturas cuando mi madre me llevaba a la peluquerìa con ella pero lo que de verdad me llenaban eran los cuentos de hadas que cada año me traìan los Reyes.

Ana Lorenzo dijo...

Cuando era pequeña mi hermana me cantaba la canción con la que mi padre la acunaba y que a ella le daba miedo: "Es demasiado aburrido seguir y seguir la huella... andar y andar el camino, sin nadie que me entretenga. Porque no engraso los ejes, me llaman abandonao; si a mí me gusta que suenen, pa qué los quiero engrasaos"
Nos juntábamos los cuatro hermanos (yo era la tercera) y nos inventábamos historias. Mi hermana mayor era la que más nos sorprendía; mi hermano pequeño, el que menos, porque todos conocíamos ya los poemas de Maurice Sendak (traducidos por Gloria Fuertes) o los de Gloria Fuertes, o los cuentos de Andersen o todo lo que metía en sus narraciones eternas con lengua de trapo y que la mayor terminaba cortando.
Mi abuelo nos contaba historias de su pueblo y nos parecían terriblemente exóticas: aprender a nadar en un río, tener a los perros fuera de casa sin atar...
Yo me organicé una vez una merienda con galletas, sardinas y gaseosa de bolita: estaba asquerosa, debe de ser que en los libros de Misterio en, Aventura en y todos esos no usaban galletas María con las sardinas.
Mi casa estaba llena de libros y los que estaban en las estanterías del salón y de una sala, situados lo más alto, nos parecían prohibidos. Así que allá iba la mayor con una escalera, a investigar: así, cayeron en nuestras manos de trece o doce años León Felipe, El libro rojo del cole (que no nos gustó tanto), y alguno que otro más.
Cuando mi padre se iba de viaje, nos encargaba, para su vuelta, un periódico con las noticias de los días que pasara fuera y cuentos.
Un beso.

sfer dijo...

Gracias a todas (los hombres deben haber perdido todos la memoria de sus recuerdos lectores) por compartir, y al mismo tiempo por hacerme recordar :-)

Jone dijo...

Más que recuerdos, se trata de sensaciones. Cuando empecé a comprender lo que significaba poder leer, sentía que me estaba perdiendo algo muy importante. Saber que el periódico que traían todos los días, los libros que había por casa… estaban llenos de historias que me estaban esperando, me producía cierto desasosiego y quizá esto me empujó a ser una lectora bastante precoz y devoradora desde el principio.

Nunca olvidaré las visitas en compañía de mis padres a dos de las muchas librerías que había en mi pueblo natal, Eibar, en los años setenta. Una era grande, con mostradores enormes de madera oscura, muchas estanterías, cierto olor a iglesia y dos libreras altas, con peinados muy altos, que aunque daban un poco de miedo, sonreían al lado de la caja registradora. Era un edificio viejo, con un amplio zaguán y vitrinas desde donde las novedades te miraban antes de entrar a la tienda. La otra era pequeña, con una escalera muy empinada que accedía al almacén y estanterías estrechitas por las pocas paredes que tenía. Esta no olía a iglesia, aunque se situaba en el hueco de la escalera de los locales parroquiales y la librera también era pequeñita, con el pelo corto, gafas y sonrisa permanente. Además, yo pensaba que se había leído todos los libros que vendía, porque siempre contestaba con aparente conocimiento de causa a cualquier pregunta sobre los mismos.

Àngels dijo...

Hola, mi nombre es Àngels, a través del blog de un amigo encontré el tuyo y, de vez en cuando, te leo. Espero que no te importe que participe, me ha gustado el meme que propones y me gustaría hacer mi aportación. (Está en valenciano).
Ahi va: http://elcabilo.com/blogs/joventutrural/2008/05/14/fem-un-meme/