12 noviembre 2017

¿De dónde viene la literatura?

Según García Márquez, la literatura viene de Jonás, quien se la inventó cuando contó a su mujer que llegaba con tres días de retraso porque se lo había tragado una ballena. Según Bukowski, solo existe la literadura. Gertrude Stein dijo que la literatura la literatura la literatura. Luego llegó Joyce y añadió que la literamepicaelescrototuraesalgometengoquerascarqueWoolfhizomejor. Para Oscar venía del lado Wilde de la vida. Umbral no aclaró nada porque solo quiso hablar de su libro y King dijo que el fin justifica los miedos. En mi opinión, Sharp Wilt live forever y la respuesta es 42, pero para Kafka era el hacha que partía en dos el mar de hielo que llevamos dentro —y que Sarah se encontró hecho Waters—. A Cela le pareció que consistía en absorber agua por el ano; cuando Juan Ramón lo vio —Juan Ramón era un adelantado— dijo que todo sabía a beso menos eso. A Salinger le hubiera encantado explicarlo pero no le apetecía. Para Shirley Jackson, era una lotería. Para Shakespeare, era él. En opinión de Pessoa, la literatura es la forma más agradable de ignorar la vida y según Wodehouse, la fundación de los mejores amigos. Chesterton dijo que la literatura era un lujo y la ficción, una necesidad —dando así rienda suelta a la escatología—. Austen sostuvo que era una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero y poseedor de una gran fortuna lo que necesitaba era un libro —de ahí el Kamasutra—. Murakami Nobel día de hablar de ello en su discurso de agradecimiento. Karl Ove afirma que la literatura es su padre y Christopher Marlowe, que él es Elena Ferrante. Mario Vargas no osa, i Donna diu que això ja li agafa molt Tartt. A juicio de Elizabeth Gaskell, hay una dama en Cranford sin dientes bajo el velo; la literatura consiste, precisamente, en tapar una boca con velo para revelar que no tiene dientes. Lo de Brönte es mejor que lo vean. Yo creo que la literatura no te hace mejor ni peor, pero te acompaña mucho, por eso me figuro que viene de la soledad.

...by Jean Murdock [tumblr - twitter - huellas - ¡entrevista!]

[Texto aparecido el 3 de noviembre de 2017 en la sección "¿De dónde vienen las cosas?" de Revista Rosita.]

Des la caja de libros (mayo - junio)

[Acabo de darme cuenta de que este post no se publicó. Quedó en borrador a mediados de septiembre. Y hasta hoy. Ay... Menos mal que estas rositas no se marchitan!]

Esta semana, he vuelto a las colaboraciones dominicales en la Revista Rosita, pero mientras no "acumulo" unas cuantas para recopilarlas aquí, os dejo las de justo antes de salir de vacaciones, que no habían quedado todavía recogidas.

Capítulo 41
Y los libros… bueno… los libros, reconozcámoslo, como sociedad nunca han sido nuestro fuerte, por mucho que a veces nos olvidemos porque dentro de nuestra burbujita se está tan a gusto.
Capítulo 42
Por primera vez me pregunto si querré trabajar en una biblioteca dentro de diez, quince, veinte años… y qué puedo hacer para que la respuesta a esa pregunta sea SÍ.
Capítulo 43
Quinta entrega: love is in the air…
Capítulo 44
Dos horas de una tarde cualquiera en el mostrador de préstamo de una biblioteca cualquiera…
Capítulo 45
Buen día, ¿me puedo llevar a esta persona prestada por una media hora por favor?
Capítulo 46
Hola. Me llamo Nicolás – bueno, no es mi nombre real, pero si seguís leyendo veréis por qué no os puedo dar el auténtico – y mi jefe es un imbécil.
Capítulo 47
La biblioteca no tiene libros
sino glaciares.
Los glaciares son verticales.

01 noviembre 2017

...chochas, gruñonas, locas, diabólicas...

Una clase de aquellas a las que se tacha de brujas son mujeres generalmente viejas de ojos turbios, tullidas, pálidas, malolientes y marcadas de arrugas, pobres, hurañas, supersticiosas y papistas; o mujeres que no conocen religión, en cuya razón aletargada ha encontrado el Diablo un buen asiento. Y de este modo, fácilmente son llevadas a creer que cualquier accidente, infortunio, calamidad o muerte acontece por su causa, con lo que se imprime en su razón la firme y constante creencia imaginaria de que esto es así. Son enjutas y contrahechas, y reflejan sus rostros melancolía para horror de cuantos los contemplan. Son chochas, gruñonas, locas, diabólicas y no muy distintas de aquellos a los que se tiene por poseídos de los espíritus. Tan firmes y categóricas en sus opiniones que únicamente quien presta la debida atención a sus palabras se libra de caer en la fácil creencia de que hay en ellas verdad.

[De El descubrimiento de la brujería, de Reginald Scot, 1584; en El libro de las brujas, Katherine Howe (ed), Editorial Alba, traducción de Catalina Martínez Muñoz.]