19 febrero 2017

Lo acaricio, lo abro, lo leo.

“Hay una piedra en mi lectura”
Pequeño tratado mineral y geológico sobre lo que podría ser un libro…
(texto de Anne Herbauts)

Piedra, papel, tijera

El libro es una piedra. Pesado, inmóvil. Imperecedero (o casi). Casi intemporal. El libro es tiempo de lectura. Y la roca, lectura del tiempo.

El libro se compone de estratos (geologías) a diferentes niveles: en el corte, en el hilo de la lectura, en los relieves de la narración. Permanece inerte si no se abre. Sin embargo, cuando se da la vuelta a un guijarro, se descubren múltiples vidas ocultas, huellas, huecos, caparazones, nidos y gusanos. El libro oculta varias dimensiones. La segunda dimensión se encuentra en la hoja de papel (que, si rizamos el rizo, ya es una materia-volumen en sí misma), impresa, plana. Después, las hojas se agrupan en cuadernillos, donde encontramos la tercera dimensión, el volumen. Pero la verdadera dimensión del libro, donde el objeto de papel se convierte realmente en un libro, es la dimensión tiempo (cuarta dimensión), cuando el libro es manipulado, abierto, recorrido: es el desarrollo del libro, el tiempo de lectura.

Piedra

El libro no tiene una forma especial (un simple paralelepípedo rectangular), la piedra tampoco. El libro solo se convierte en especial cuando se lo escoge, cuando se lee. El guijarro se vuelve único y precioso solo cuando lo recogemos. (Los guijarros en los bolsillos - ¿por qué diablos he recogido esta piedra sin nombre?).

El guijarro es una piedra que cabe en la mano. El libro es papel que cabe en la mano. El guijarro. Lo acaricio, lo miro, lo leo. El libro. Lo acaricio, lo abro, lo leo. El guijarro es una masa cerrada, se lee rodeándolo. El libro es una forma abierta, se lee en el espacio (infinitamente vertical) entre las páginas en V.

Papel

¿Han viajado ustedes alguna vez por encima de las nubes? Deliciosos cúmulos de aire y agua, sólidos y aéreos al mismo tiempo, dibujados, aborregados, informes e infinitos. El papel del libro podría parecerse a ellos si lo devolviéramos con el pensamiento a su estado de masa de pasta de papel en suspensión en el agua. Su sensualidad: su blandura, su textura, su ruido, su cuerpo, páginas gastadas, las vidas del papel en sus huellas de lecturas. Sus olores. el gesto físico de pasar la página, el tiempo, su murmullo, el viento del libro. El vientre del libro.

Henos aquí, por la propia materia del libro, en diferentes universos de olores, de sonidos, de pliegues, de tactos. Así “entramos” en el libro.

El papel puede ser un paisaje, vacío, espacios, la unión entre texto e imagen, el cielo, la nieve, un blanco real, el silencio, límites o márgenes entre la imagen y el borde del libro. Los espacios en blanco del papel son también los tiempos “muertos” del libro (me entran ganas de decir sus “árboles silenciosos”), los espacios “ilegibles” o mudos – los márgenes, el hueco de los pliegues de las páginas. El espesor de las páginas, el volumen del libro, interfieren en la lectura. Aunque no se haya pensado en ellos, están presentes. forman parte del álbum y son necesarios – con una gran discreción.

Tijeras

Cortes del libro, pliegues, construcción, sangrías y saltos de página, de línea. Cosido. El ritmo del libro es imprimido, antes que el texto, antes que la narración, a través del formato, el número de páginas, el peso del papel, la densidad del texto, la colocación de las imágenes (a sangre o no) y la amplitud de los márgenes. Ahí se elabora ya la primera y tenue respiración del libro. El pulso del libro. En los pliegues.

El libro ofrece pliegues donde, bajo una fachada simple y modesta, puede escribirse el mundo, el universo, lo humano, por tramos verticales, densos, complejos, por ángulos, cortes, pero comprensibles por estar ligados con una costura a un opus llamado libro. El objeto libro da unión y redondez a través de las páginas, la narración y el desarrollo. Un hilo cuya madeja está trenzada con miríadas de espacios, con vacíos, con agujeros. Me gusta la imagen del seto. Es un límite, en un espacio domesticado – el jardín –, confortable, pero si se hunde la cabeza en él, se vuelve ilimitado, salvaje, extraño, infinitamente grande e infinitamente minúsculo. Como el álbum.

Hay que podar el seto para que siga siendo límite, legible y doméstico, y para que pueda ofrecer ese contraste de la vista exterior y de la vista interior. Un libro debe estar “podado”, construido, cortado (como una prenda de ropa debe estar cosida y cortada para que pueda ser llevada) para ser legible y permitir la lectura (el desplazamiento en el libro) y ofrecer los otros niveles de lectura, las zambullidas en los estratos de la imagen, del texto y sobre todo del entre texto e imagen, allí donde se escribe realmente, aunque invisible, el libro.

Todo esto se afina por lo general a través de la intuición. Por el ejercicio del libro.

Un guijarro en la charca

¿Y la imagen? Pintada o dibujada, propongo verla como una charca, con una visión de hojas y de reflejos brillantes, centelleantes, al nivel de la superficie. Esta imagen, si se cambia el punto de vista, de pronto bascula bajo el agua con un mundo recortado en niveles extraños, oscuros, de materias y masas de sombra.

La imagen se expresa en varios niveles. Se la puede leer muchas veces. Tiene el espesor del libro. A veces, cuando se tira una piedra en ella, se enturbia y se vuelve ilegible. Por un momento.

***

Texto aparecido en el número 19 de la revista Fuera de margen, dedicado al libro como objeto.
Anne Herbauts es una de mis autoras de literatura infantil favoritas (aquí les dejé un sorbito de uno de sus libros).
La traducción es de Mercedes Corral.

04 enero 2017

2016 - la lista

Como siempre, en orden de lectura, los libros que he leído este año con los que más he disfrutado...

Los perales tienen la flor blanca, de Gerbrand Bakker.
[novela. puñetazo]

Cruzando el bosque, de Emily Carroll.
[cómic. cuentos escalofriantes]

El Powerbook, de Jeanette Winterson.
[novela. winterson. la sigo adorando.]
Tal vez así sea como es, la vida flotando suavemente sobre la memoria y la historia, el pasado, regresando o no, dependiendo de la marea. La historia es una colección de objetos que encontramos lavados por el tiempo. Bienes, ideas y personalidades emergen a la superficie hasta nosotros y luego vuelven a hundirse. Algunas cosas las pescamos, otras las ignoramos, y a medida que la pauta cambia, también lo hace el significado. No podemos confiar en los hechos. El tiempo, que todo lo devuelve, todo lo cambia.

El viento en los sauces, de Kenneth Grahame.
[novela. campestre y británica.]
(Por supuesto nosotros sabemos que estaba equivocado, y que tenía una visión muy limitada, porque en realidad esas cosas tienen mucha importancia, aunque sea demasiado largo explicar por qué.)

La última noche del mundo, de Ray Bradbury.
[relato. ciencia ficción realista.]
- No hemos sido tan malos, ¿no es cierto?
- No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables.
[Sé que Bradbury me perdona por esto…]

El hombre sin talento, de Yoshiharu Tsuge.
[cómic. deliciosamente deprimente.]

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson.
[novela. maravilla.]

La ternura de las piedras, de Marion Fayolle.
[cómic. otro puñetazo.]
Había en él un poco más de ternura que antes, pero seguíamos cortándonos los dedos y lastimándonos si lo abrazábamos demasiado fuerte.

La niña invisible y otros cuentos, de Tove Jansson.
[cuentos. entrañables.]
Pequeños espejos, fotografías de familia enmarcadas con seda, conchas, gatos y hemules de porcelana que descansaban sobre paños hechos a ganchillo, frases bonitas bordadas con hilo de seda o de plata, vasos muy pequeños o teteras con formas de mymlas, es decir, todo lo que hace que la vida sea más fácil y menos peligrosa.

La esposa joven, de Alessandro Baricco.
[novela. baricco on steroids.]
El Hijo.
***

¿Y ustedes?
¿Han hecho balance del año?

03 enero 2017

Los 12 libros de Murdock

Algún día deberíamos (ella o yo) intentar explicar qué es esto nuestro que nos traemos entre manos.
Pero ese día no es hoy.

Hoy os vengo a explicar que en la relación que mantengo con Jean Murdock (autora de Los poetas que no fueron, La agenda del estudiante, el blog Cómetelafresa, las huellas en la Línea amarilla, ¿De dónde vienen las cosas? en la Revista Rosita, y mucho mucho más) siempre hay un trasiego de recomendaciones literarias arriba y abajo. Hasta aquí, y conociéndonos un poco a ambas, nada nuevo. Al grano, Librosfera.

Como de cada diez libros que alguien me recomienda puedo leer uno (siendo optimistas), suelo tener listas de libros pendientes por todas partes, sobre todo en libretas de papel, aunque también en un par de sitios online. De vez en cuando echo mano de esas listas, aunque también suelo dejarme tentar por cosas que pasan por mis manos en la biblioteca y de las que he oído hablar, o que por lo que sea me llaman la atención.

En definitiva: hay demasiados libros y demasiado poco tiempo.
Y si eres de gustos misceláneos, como yo, las posibilidades son infinitas.

Pero Murdock... Murdock es insistente. Y hay una serie de libros que aparecen una y otra vez entre sus referentes y recomendaciones. Y pensé, se me ocurrió, el Plan de Lectura Murdock (PLM) para 2016.

El PLM2016 ha consistido en leer uno de los libros más frecuentemente recomendados por Murdock cada mes durante todo el año. Un total de 12 libros. Y ahora que 2016 ya se ha acabado, puedo decir que he completado el PLM con éxito, y he pensado en compartir por aquí esa lista de títulos, por si alguien querría animarse con un PLM2017.

Por orden cronológico (aunque el orden no tiene que ser necesariamente este):

Enero: Caída y auge de Reginald Perrin, de David Nobbs.
(una comedia muy británica y muy entrañable. y el orden de los factores, en el título, sí altera el producto)

Febrero: 1280 almas, de Jim Thompson.
(un western del que querréis hablar con alguien al terminarlo)

Marzo: El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers.
(no lo leí en el momento adecuado, o quizás fue el leerlo en inglés... creo que Murdock no me ha perdonado todavía la falta de emoción con esta lectura)

Abril: El viento en los sauces, de Kenneth Grahame.
(¡menos mal que este no pudo gustarme más! no creo que nuestra amistad hubiera tolerado otro desencuentro)

Mayo: Historias del señor Keuner, de Bertolt Brecht.
(breve pero intenso. para disfrutar a sorbitos)

Junio: Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson.
(puedo ver el hilo que lo une al libro de McCullers, pero este lo disfruté más)

Julio: La sonrisa del flamenco, de Stephen Jay Gould.
(ensayo científico. si no hubiera sido por ella, no creo que hubiera leído nunca sobre evolución. ¡muy ameno!)

Agosto: Algo elemental, de Eliot Weinberger.
(no sé explicarles qué hace Weinberger. la mezcla de poesía y conocimiento de este ensayo es maravillosa)

Septiembre: El arpa de hierba, de Truman Capote.
(¡subámonos a los árboles!)

Octubre: Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson.
(maravillosa novela, maravillosos personajes. pensaba que Murdock se estaba pasando con Jackson, pero no)

Noviembre: El hospital de ranas, de Lorrie Moore.
(hum... este también ha sido un poco desinflante. para la historia que tiene que contar, no me parece que lo haga de modo especialmente destacable. no me ha llegado)

Diciembre: Los seres queridos, de Evelyn Waugh.
(sin quererlo, el año ha sido capicúa, y la última lectura vuelve a ser un autor británico riéndose de la muerte)

Ahí están, por si gustan.
Alguno de estos libros va a estar entre mis favoritos del año.
Pero esa es otra lista, que deberá ser contada en otra ocasión (próximamente...).

02 enero 2017

Desde la caja de libros (noviembre - diciembre)

Las últimas "Rositas" de 2016...

Capítulo 20

Desgraciadamente, se está dejando morir la Biblioteca Artur Martorell.

Capítulo 21

D. se lleva los cómics de diez en diez, y en préstamo los coloca de forma escalonada para que nos sea más fácil leer los códigos de barras.

Capítulo 22

La madre se ríe espontáneamente, con una risa que seguro que si estuviera en el cine se contagiaría a los vecinos.

Capítulo 23

27-XI-1938: Els dies de bonança van desapareixent i són seguits per uns de molt més freds.

Capítulo 24

Con tan solo mencionarlos tienden a evocar inmediatamente las comparaciones con abuelas y bibliotecarias...

Capítulo 25

Aquí estamos solas. Aquí no hay más que libros.

Capítulo 26

Digamos que se han mezclado los deseos navideños de trabajadoras y usuarias de las bibliotecas.


28 diciembre 2016

Alcances botánicos




























Rodrigo Arteaga Abarca.
Alcances botánicos, 2014
(Flickr)
(Vía Fragmentaria y dispersa)


22 diciembre 2016

El Hijo

La Esposa joven sabía cómo era, pero no tan bien, o con tanto detalle, o de una manera clara en especial. En realidad, el Hijo le había gustado precisamente porque no era comprensible, a diferencia de todos los demás chicos de su edad, en los que no había nada que comprender. La primera vez que lo vio, le chocó por la elegancia de enfermo con que ejecutaba sus gestos, así como por cierta belleza de moribundo. Estaba perfectamente, por lo que ella sabía, pero alguien que tuviera los días contados se habría movido como él, se habría vestido como él y, especialmente, se habría callado a ultranza como él, para hablar sólo de cuando en cuando, en voz baja y con una intensidad irrazonable. Aparecía como marcado por algo, pero que se trataba de un destino trágico era una deducción un tanto demasiado literaria que la Esposa joven aprendió pronto, e instintivamente, a superar. En realidad, en la maraña de esos rasgos fragilísimos y esos gestos convalecientes, el Hijo escondía una terrible avidez de vida y una rara facilidad de imaginación: virtudes ambas que en esos campos resultaban de una inutilidad espectacular. Todo el mundo lo consideraba inteligentísimo, algo que para la sensibilidad común equivalía a considerarlo anémico, o daltónico: una enfermedad inofensiva y elegante. Pero el Padre, desde la distancia, lo espiaba y sabía; la Madre, desde más cerca, lo protegía e intuía: tenían un hijo especial.

***

El Hijo que Baricco ha creado para La Esposa joven entra directo a mi colección de descripciones favoritas de personajes. Podría quedarme a vivir en esa frase que dice "virtudes ambas que en esos campos resultaban de una inutilidad espectacular"...

12 noviembre 2016

In the library

for Octavio

There's a book called
A Dictionary of Angels.
No one had opened it in fifty years,
I know, because when I did,
The covers creaked, the pages
Crumbled. There I discovered
The angels were once as plentiful
As species of flies.
The sky at dusk
Used to be thick with them.
You had to wave both arms
just to keep them away.

Now the sun is shining
Through the tall windows.
The library is a quiet place.
Angels and gods huddled
In dark unopened books.
The great secret lies
On some shelf Miss Jones
Passes every day on her rounds.
She's very tall, so she keeps
Her head tipped as if listening.
The books are whispering.
I hear nothing, but she does.

***

para Octavio

Hay un libro que se llama
Diccionario de los ángeles.
Hace ya cincuenta años
que nadie lo abre. Lo sé
porque cuando yo lo hice
crujió la tapa del libro
y unas hojas se soltaron.
De esa forma descubrí
que una vez fueron los ángeles
numerosos como moscas.
Al atardecer llenaban
tanto el cielo, que tenías
que espantarlos con los brazos.

Ahora el sol brilla a través
de los altos ventanales.
No hay ruido en la biblioteca.
Los ángeles y los dioses,
hacinados en sus libros
tenebrosos, sin abrir.
El gran secreto se encuentra
en uno de los estantes
por los que la señorita Jones
pasa a diario en sus rondas.
Es altísima, y ladea
la cabeza, como quien
se esfuerza por oír algo.
Los libros susurran cosas.
Yo no oigo nada. Ella sí.

[Charles Simic. Gracias, @delsastre.]

01 noviembre 2016

Desde la caja de libros (septiembre - octubre)

Más pedacitos semanales de bibliotecas, propias y ajenas...

Capítulo 14

– Debe ser relajante, trabajar en una biblioteca, ¿no? – dice ella.

Capítulo 15

...porque pocas cosas me dan más rabia que las bibliotecarias excesivamente celosas en la aplicación de normas de las que no depende gran cosa.

Capítulo 16

PS: Lo del zombi y las hadas lo dejamos para otro día…

Capítulo 17

Sí. Todo eso que sospechas es cierto. Las bibliotecarias mentimos como bellacas y conspiramos contra todo ser humano que pretende hacer uso de NUESTRAS bibliotecas…

Capítulo 18

Avui fem una passejada per... les biblioteques d'Ada Klein.

Capítulo 19

...es bonito guardar pedacitos de flora prensada entre las páginas de los libros (páginas que, a su vez, no son otra cosa que flora prensada)...

24 octubre 2016

24 de octubre



Feliz día de la biblioteca :-)

(Y gracias, Pep, por compartir este vídeo en Twitter)

26 septiembre 2016

Anécdotas

- Hace cinco años, o quizá seis, me senté en un asiento del tren en el que algún niño había dejado olvidada una revista infantil. La cogí, me puse a hojearla, y vi en la última página las direcciones de chicos que deseaban mantener correspondencia con otros. Había una chiquilla de Alaska, cuyo nombre me llamó la atención: Heather Falls. Le envié una tarjeta. ¡Dios mío, me pareció algo totalmente inofensivo y agradable! Me respondió inmediatamente y su carta me sorprendió: era un relato muy inteligente de la vida en Alaska, con descripciones encantadoras del rancho ovejero de su padre y de las auroras boreales. Tenía trece años y me envió una fotografía suya. No era una chica guapa, pero sí de aspecto inteligente y amable. Busqué en un viejo álbum familiar y encontré una instantánea mía, de cuando tenía quince años, hecha durante una excursión de pesca. Una foto al aire libre en la que yo sostenía una trucha en la mano. Parecía bastante reciente. Le escribí a la chica como si siguiera siendo el muchacho de la foto y le conté que me habían regalado una escopeta por Navidad, que nuestra perra había tenido cachorros y los nombres que les pusimos. Le describí también las atracciones de un circo que acababa de pasar por el pueblo. ¡Ser de nuevo un adolescente que se hace mayor y tener un amor platónico y lejano, en Alaska...! Bueno, era algo divertido para un viejo que se sienta a solas a escuchar el tictac de su reloj. Más tarde, la chiquilla me escribió diciéndome que se había enamorado de un muchacho que había conocido y sentí un auténtico ataque de celos, como le hubiera ocurrido a cualquier chico de esa edad. Pero seguimos siendo amigos. Hace dos años, cuando le escribí diciéndole que me preparaba para entrar en la Facultad de Leyes, me envió una pepita de oro: para que me trajera suerte, me dijo.

***

Hay anécdotas ficticias que, por algún motivo que no atino a saber explicar, suenan tan reales que algún día sería capaz de confundirlas. "Alguien me contó una vez que...", diré una vez, y no seré consciente de que en realidad no me lo contó nadie, sino que lo leí en una novela...

(Esta anécdota, por cierto, es de El arpa de hierba, de Truman Capote.)

Desde la caja de libros (verano)

Con el otoño, también empieza el curso en "Desde la caja de libros", la sección de la Revista Rosita en la que cada semana escribo un poquito sobre bibliotecas. Mientras acumulo allá las primeras entradas de la nueva temporada, os dejo enlazadas por aquí las de justo antes del verano.

Capítulo 9

Puede que con las bibliotecas esté pasando como con el resto: que, como todo se ha convertido en producto, ya no se reconoce nada porque todo se mezcla para venderse.

Capítulo 10

La rebequita de una bibliotecaria es su capa de superhéroe.

Capítulo 11

La biblioteca de Juan Miguel Fernández

Capítulo 12

De cuando llega el verano y la gente acude en masa a la sección de guías de viaje y luego cuando vienen a devolverlas, después de las vacaciones, se han dejado dentro todo tipo de cosas.

Capítulo 13

[Necesitamos vacaciones]

10 julio 2016

Caballitos

Que instalen caballitos
en todas las calles,
que llenen de caballitos las ciudades.
Siglos
llevamos con el invento de feria en feria
sin descubrir su humanísima aventura.
Que celebren los novios
su viaje en los caballitos,
de caballito en caballito.
Que cada familia tenga sus caballitos,
¡todos en los caballitos!
Que los amigos
hablen y sueñen y discutan
dando vueltas en los caballitos.
En ellos celebren su consejo los ministros,
mientras queden ministros,
y en ellos se reúnan los señores obispos,
naturalmente, revestidos
de señores obispos,
mientras queden obispos.
Los pobres subirán para reírse del mundo
y los ricos
¡que suban los ricos a los caballitos
mientras todos los aplaudimos!
¡Y los señoritos!
¡Que suban los señoritos!
Y que acudan todos los solitarios, todos los vagabundos.
Y el congreso de los diputados
será el congreso de los caballitos.
Y los empresarios ¡qué risa, los empresarios!
Que suban los empresarios con los asalariados,
mientras existan salarios.
¡Los salarios del miedo!
Y, venga: comités centrales,
mafias, sectas, castas, clanes, etnias:
¡a los caballitos!
Y los músicos con los guardabosques
y el alcalde y los concejales
con las verduleras y los panaderos.
¡Viva! ¡Viva!,
gritarán los niños cuando vean
que suben los Honorables.
¡Venga, Honorables!:
¡A los caballitos!
Vamos a la ciudad a subir a los caballitos,
dirán los monjes a sus abades.
Y los académicos:
que se reúnan los académicos en los caballitos
y que se cierren todas las academias.
¡Ah, si todos los filósofos hubieran subido a los caballitos!
Que instalen caballitos en las cárceles,
en los cuarteles,
en los hospitales,
en los frenopáticos
y que se fuguen todos
montados en los caballitos.
Y todos los jueces a los caballitos,
¡venga! ¡venga!: ¡a los caballitos!
¡Y nada de procesos y de sentencias!
¡Ya vale de juzgar los efectos y no las causas!
¡A los caballitos!
Y que todos los funerales
se celebren montados en los caballitos
al paso silencioso y tranquilo de los caballitos.
Es la nueva ordenanza,
es el nuevo precepto:
¡todos a los caballitos!
¡La cabalgata de los caballitos!
¡Hacia la confederación de todos los caballitos!
Hasta que todos fuéramos niños...

***

Este, dice mi padre, es su poema favorito. Es de Jesús Lizano. Y esta entrada tiene que ver con la caja de libros de la semana que viene...

03 julio 2016

Desde la caja de libros (junio)

Aquí las notas publicadas en la Revista Rosita durante el mes de junio.

Capítulo 5

Dicen que cuando llueve la madera resbala, y el vigilante pone cadenas para obligar a la gente a circular por el ladrillo.

Capítulo 6

Algún susto nos han dado, estas escaleras, pero claro… allá donde hay escaleras, habrá tarde o temprano alguien que se caiga rodando por ellas.

Capítulo 7

¿Qué hacemos con los libros cuando ya no caben en las estanterías?

Capítulo 8

Una bibliotecaria entra a trabajar por la mañana y se encuentra con un usuario que se ha quedado encerrado toda la noche.

12 junio 2016

Home at Arsenale

Se trata de la propuesta de Eslovenia para la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016.

Una estantería que es una habitación repleta de libros que tratan el tema de la vivienda, aportados por arquitectos, críticos y artistas seleccionados para el proyecto.

Una vez finalice la Bienal, la habitación/estantería será instalada en el Museo de Arquitectura y Diseño de Ljubljana para su uso y consulta.

Toda la información, aquí.

[A mí me parece un sueño...]








06 junio 2016

Ava Litzelfelnerin

A raíz de este libro que me llama poderosamente cada vez que lo veo en una librería, recordé una historia de This American Life (mi programa de radio favorito) que se me quedó grabada. Como en la web tienen la transcripción de casi todos los programas, os traduzco este fragmento, por si a alguien le resulta tan fascinante como a mí.

El programa se titulaba Loopholes, una palabra que designa algo así como las lagunas o grietas en un sistema o ley. Si os defendéis con el inglés, os recomiendo que lo escuchéis aquí.

(La historia está narrada a dos voces, la de Ira Glass, el presentador del programa, y la de Kathy Stuart, la historiadora que ha investigado el caso del que hablan.)

***

Ira Glass: 1761, Austria. Ava Litzelfelnerin se casa. Tiene 25 años, se muda de la granja de sus padres a la de su marido, a 16 millas de distancia, que por aquel entonces era muy, muy lejos.

Kathy Stuart: Se siente como si estuviera en un país extranjero al irse a un pueblo nuevo a 16 millas. Y dice cosas como "Oh, no sé cuáles son las costumbres locales aquí."

Ira Glass: Kathy Stuart es profesora de historia en la Universidad de California Davis. Dice que a través de cientos de páginas de testimonios de archivos criminales, sabemos que fue un matrimonio acordado, que Ava conoció a su marido días antes de la boda, y que la suegra de Ava dominaba la casa, y ni siquiera dejó que Ava hiciera regalos a los vecinos cuando se instaló. La suegra daba a los trabajadores del campo raciones de comida más pequeñas de lo que Ava consideraba que estaba bien, y no dejó que Ava cambiara eso o se hiciera cargo. Ava cuenta a la gente lo infeliz que es en esta nueva vida, lejos de la que ella conocía.

Kathy Stuart: Constantemente expresa a su marido, su hermano, su madre, que quiere marcharse de este mundo, que no puede encontrar aquí la felicidad. Y la única respuesta que obtiene es que vaya a casa, que rece y que trabaje.

Ira Glass: Así que decide acabar con su vida, pero hay un problema. Por aquel entonces el suicidio es considerado un crimen peor que el asesinato. Kathy Stuart dice que la explicación era que si cometías un asesinato, entonces podías confesar tu pecado, y si te arrepentías sinceramente, podías entrar en el Cielo. Obviamente, si te suicidas, no tienes esa oportunidad, y estás condenado eternamente. Y Ava no quería ir al Infierno, pero encontró un resquicio en la argumentación... una mórbida y pequeña laguna.

Kathy Stuart: Pensó "Vale, un momento. ¿Y si me suicido muy lentamente y en secreto, y así puedo conseguir que venga un cura a confesarme antes de morir, y nadie sabe que me he suicidado y así ir al Cielo?" Así que lo que hace es ir a una ciudad cercana y, de tienda en tienda, intenta comprar arsénico.

Ira Glass: Más tarde testificará que esto era muy muy difícil. El arsénico es una sustancia controlada. Nadie quiere vendérselo. Al final se inventa la historia de que está trabajando para un granjero que tiene un problema con ratas, y funciona.

Kathy Stuart: Y se va a casa y se toma el arsénico. Pero aparentemente se toma sólo un poquito de arsénico, tal y como lo describe, solamente la punta de un cuchillo de mantequilla.

Ira Glass: Es una situación delicada. Quiere tomar el suficiente arsénico para matarse, pero no tanto que la mate demasiado rápido. Necesita tiempo para que llegue el cura y le dé tiempo a confesarse.

Kathy Stuart: Y esta pequeña cantidad de arsénico es suficiente para que esté violentamente enferma durante una semana, y para vomitar después de cada comida, pero no como para hacerle pensar que fuera a morir.

Ira Glass: Así que no va a visitar a ningún cura. Adivinar cuál es la dosis correcta, testificará después, es un grave problema que no sabe cómo resolver. Así que abandona ese plan, lo cual la lleva a un plan mucho más perturbador. Decide hacer algo que para nosotros, para nuestra sensibilidad, es mucho peor que suicidarse. Desde nuestro punto de vista, decide hacer una de las peores cosas que una persona podría hacer.

Kathy Stuart: Decide que va a matar un niño.

Ira Glass: Así es. Va a matar a un niño para conseguir entrar en el Cielo. Y sorprendentemente, Kathy Stuart dice que esta era una estrategia suicida muy común en aquella época. Se encontró con un caso como este, buscó otros similares, y ahora ha encontrado cerca de 300, la mayoría mujeres.

Kathy Stuart: Esta gente no quiere ir al Infierno. Así que la opción que eligen es cometer un crimen capital. Inmediatamente después de haberlo cometido van corriendo al juzgado, confiesan lo que han hecho, y piden ser ejecutados.

Ira Glass: Piden ser ejecutados sabiendo que antes de ir a la horca podrán confesarse, y si están verdaderamente arrepentidos, irán al Cielo. ¿Pero por qué un niño?

Kathy Stuart: Matan niños porque los niños se considera que están en estado de inocencia, así que incluso podrías estar haciéndoles un favor, porque irán al Cielo. Tú irás al Cielo. Todos ganan. Final feliz para todo el mundo.

Ira Glass: Exacto, el clásico final feliz. Un niño inocente es asesinado. Ava lo intenta dos veces antes de tener éxito. La primera, empuja a un niño, descrito como "tan alto como una silla", a un río. Pero alguien los ve, y parece que pudiera rescatar al chico, así que decide rescatarlo ella misma, el chico se escapa, y el plan fracasa. La segunda vez, se acerca a un pueblo cercano llamado Traun, que tiene una pequeña cascada. Pasa al lado de una casa en la que hay tendida ropa de bebé. Ava roba el bebé, el único hijo de la pareja que vive ahí. La mujer tiene 37 años y el hombre 58. Ava tira el bebé al río y se entrega a la justicia. Más tarde, curiosamente, cuando es interrogada, no parece demasiado arrepentida de lo que ha hecho a esta otra familia.

Kathy Stuart: Justo antes de su última condena, en el último interrogatorio, el interrogador le pregunta, "¿Hay algo más que desees decir? ¿Algún arrepentimiento que quieras expresar?" Y de nuevo ella se muestra arrepentida por la aflicción y el deshonor que ha causado a su marido y su familia. Pero no menciona al bebé o a sus padres. Y pensé que eso era bastante sorprendente.

Ira Glass: Bueno... No está arrepentida.

Kathy Stuart: No, se podría decir que no lo está.

Ira Glass: Entonces no irá al Cielo, ¿verdad? Si no está arrepentida por el asesinato. Su plan no ha funcionado.

Kathy Stuart: Bueno, el cura dirá a la persona que va a ser ejecutada, "¿Crees que se puede engañar a Dios de esta manera? Sabes que al hacer esto estás en realidad suicidándote", así que los religiosos sí que tratan este problema teológico, esta "laguna" en el sistema. Estás intentando engañar a Dios. Pero como tienen tiempo suficiente, los criminales pueden decir "Oh, sí, estaba intentando engañar a Dios, estaba intentando suicidarme, y me arrepiento." Y así la confesión se encarga de todo.

Ira Glass: No parece justo.

Kathy Stuart: No, realmente no.

Ira Glass: Kathy Stuart dice que esta clase de suicidios, suicidios por proxy, que los llama, empezaron hacia mitad del siglo XVII. Cuando empezó el siglo XVIII, los oficiales de las ciudades europeas se empezaron a dar cuenta de esta tendencia de gente matando niños para ser ejecutados. Y los oficiales intentaron ajustar las leyes para impedirlo. En 1702, oficiales de Nuremberg hicieron que las ejecuciones en estos casos fueran más vergonzosas y dolorosas, pero no funcionó. Finalmente en 1767, hacen lo único lógico para cerrar esta vía de escape. Si la gente está matando niños para conseguir la pena de muerte, entonces eliminaremos la pena de muerte para estos casos. Pero tampoco funcionó.

Kathy Stuart: Siguieron habiendo casos hasta las primeras décadas del siglo XIX. Parece que la gente no se dio por aludida. Probablemente disuadió a algunos, pero todavía quedaba gente haciéndolo.