“La riqueza del proceso era la propia riqueza de las bibliotecas. Las encontraba bonitas, incluso y a veces especialmente las más descuidadas, con sus capas de uso, fragmentos de previas distribuciones, actualizaciones, elementos familiares, improvisaciones, accidentes, incongruencias: en pocas palabras, lugares que en cierto modo se parecen al pensar de cada día.”
Una biblioteca de Nueva Zelanda ha resuelto el misterioso caso de los libros que desaparecían y volvían a aparecer en lugares extraños y escondidos de la biblioteca.
Gracias Paul, de la biblioteca pública de Des Moines Southside, por saltarte las normas y darme un carné de adultos cuando sólo tenía 11 años pero ya me había leído todo lo que había en la sección juvenil.
1 chica de mirada penetrante que revisa los wazaps 1 chico que se pone los cascos 1 chico que toma apuntes 1 chico que da golpecitos sobre la mesa con el cabo del lápiz 1 chica que hinca los codos
196 minutos (sí sí, tres horas y dieciséis minutos) de documental para empaparse de las 87 bibliotecas que forman la red de bibliotecas públicas de Nueva York, vistas por el autor que ya se coló en el Ballet de la Ópera de París y la National Gallery de Londres.
Recientemente ha circulado entre colegas bibliotecarixs un artículo/lista sobre por qué las bibliotecas siguen siendo mejores que Internet. Se trata de una lista interesante aunque bastante cuestionable que en realidad se debería llamar “por qué las bibliotecas son mejores que Internet si Internet no fuese una plataforma neutral en la que compartir información.”
10-3-38: […] Em torno a preocupar perquè m’enviïn un tècnic que em faci el pressupost per reparar les calderes de la calefacció. El Sr. Rubió deu pensar que ja ho he oblidat. 12-3-38: Telefono altra volta al Sr. Conseller de Cultura. Creia que ja m’havien enviat el tècnic. 15-3-38: Fa molt vent. Torna a fer fred. 17-3-38: […] Aquesta tarda he tornat a telefonar al conseller de Cultura. Em diu que farà tot el possible perquè me’l enviïn demà [el tècnic] i diu que m’agrairà molt que li digui de seguida que l’hagi vist. 18-3-38: […] El tècnic no ha vingut. Em sembla que no lograré veure’l.
Ayer publiqué esta nota en "Desde la caja de libros", la sección sobre bibliotecas que vengo publicando los domingos en Revista Rosita, y aprovecho para publicarla también aquí por si a alguien le apetece intentar ganar esas dos entradas para ver este documental (que yo llevo esperando desde que tuve noticia de su existencia):
196 minutos (sí sí, tres horas y dieciséis minutos) de documental para empaparse de las 87 bibliotecas que forman la red de bibliotecas públicas de Nueva York, vistas por el autor que ya se coló en el Ballet de la Ópera de París y la National Gallery de Londres.
¿Cómo participar en el sorteo?
Si queréis participar, tenéis que enviar un texto con una extensión máxima de 500 caracteres al correo electrónico librosfera(arroba)gmail(punto)com. Aparte de no superar los 500 caracteres, la única condición es que en el texto aparezca la palabra BIBLIOTECA.
El jurado, formado por un único miembro conocido como @Yordibiblioteca, escogerá sin conocer la autoría de los textos cuál le parece el mejor, le gusta más, o sin que suponga un desgaste excesivo para sus neuronas cree que merece el premio.
Los textos pueden enviarse hasta el domingo 4 de marzo, y anunciaremos el texto ganador el lunes 5 de marzo. Se le comunicará a la persona agraciada por correo electrónico y seguramente haremos también alguna mención aquí o en twitter, nuestra segunda residencia.
Al participar en el sorteo, dais vuestro permiso para que reproduzcamos los textos tanto aquí como en redes sociales de manera anónima.
Repaso de lo más importante:
Un texto de 500 caracteres máximo.
Tiene que contener la palabra BIBLIOTECA.
Enviarlo por correo a librosfera(arroba)gmail(punto)com.
Fecha límite: domingo 4 de marzo.
¡Que gane (y lo hará, de eso no hay duda) la mejor!
Llega el verano y las vacaciones y, con suerte, viajas. La gente te pregunta cómo es posible que vayas a visitar bibliotecas cuando estás en el extranjero, de vacaciones, y tú te preguntas: ¿cómo no podría?; allí, la hierba es más verde.
Los que hace tiempo que no se prestan, pero que queremos conservar. Los que acaban de llegar y están esperando ser “preparados” para salir a la sala. Los que reservamos para ocasiones especiales. Los que hemos pedido de otras bibliotecas para clubes de lectura. Los que están de paso, ya sea al contenedor de reciclaje o a otras estanterías.
La rutina es la siguiente: suenan las campanas de la iglesia. Abro las puertas de la biblioteca y me echo a un lado porque no quiero morir arrollado. Dos jubilados pugnan a codazos por ser el primero en entrar.
La wifi funciona fatal. Es que ya no queda más sitio donde estudiar. No me puedo creer que haya seis personas esperando este libro. ¿No abrís el lunes por la mañana?
[Acabo de darme cuenta de que este post no se publicó. Quedó en borrador a mediados de septiembre. Y hasta hoy. Ay... Menos mal que estas rositas no se marchitan!]
Esta semana, he vuelto a las colaboraciones dominicales en la Revista Rosita, pero mientras no "acumulo" unas cuantas para recopilarlas aquí, os dejo las de justo antes de salir de vacaciones, que no habían quedado todavía recogidas.
Y los libros… bueno… los libros, reconozcámoslo, como sociedad nunca han sido nuestro fuerte, por mucho que a veces nos olvidemos porque dentro de nuestra burbujita se está tan a gusto.
Por primera vez me pregunto si querré trabajar en una biblioteca dentro de diez, quince, veinte años… y qué puedo hacer para que la respuesta a esa pregunta sea SÍ.
La semana pasada, la universidad anunció que cuando Morin murió en marzo de 2015, a la edad de 77 años, dejó su herencia a la universidad. Una herencia de 4 millones de dólares.
Detrás de un señor mayor hay una señora que se impacienta. Encima el mostrador de préstamo, dos palmos de novela para pasar el mes. El señor mayor embolsa libros con lentitud. La señora de atrás, alta, estirada (quizás en muchos sentidos), sacude el joyero que lleva en la muñeca para mirar su reloj y ver que tan sólo han pasado cinco segundos desde la última vez que lo miró.
En realidad, trabajo aquí por el dinero. Por eso lo llaman “trabajo”. (Aceptaré un aumento de sueldo, ya que estamos – no podemos vivir sólo del amor).
Sí. Todo eso que sospechas es cierto. Las bibliotecarias mentimos como bellacas y conspiramos contra todo ser humano que pretende hacer uso de NUESTRAS bibliotecas…
Con el otoño, también empieza el curso en "Desde la caja de libros", la sección de la Revista Rosita en la que cada semana escribo un poquito sobre bibliotecas. Mientras acumulo allá las primeras entradas de la nueva temporada, os dejo enlazadas por aquí las de justo antes del verano.
Puede que con las bibliotecas esté pasando como con el resto: que, como todo se ha convertido en producto, ya no se reconoce nada porque todo se mezcla para venderse.
De cuando llega el verano y la gente acude en masa a la sección de guías de viaje y luego cuando vienen a devolverlas, después de las vacaciones, se han dejado dentro todo tipo de cosas.
Que instalen caballitos
en todas las calles,
que llenen de caballitos las ciudades.
Siglos
llevamos con el invento de feria en feria
sin descubrir su humanísima aventura.
Que celebren los novios
su viaje en los caballitos,
de caballito en caballito.
Que cada familia tenga sus caballitos,
¡todos en los caballitos!
Que los amigos
hablen y sueñen y discutan
dando vueltas en los caballitos.
En ellos celebren su consejo los ministros,
mientras queden ministros,
y en ellos se reúnan los señores obispos,
naturalmente, revestidos
de señores obispos,
mientras queden obispos.
Los pobres subirán para reírse del mundo
y los ricos
¡que suban los ricos a los caballitos
mientras todos los aplaudimos!
¡Y los señoritos!
¡Que suban los señoritos!
Y que acudan todos los solitarios, todos los vagabundos.
Y el congreso de los diputados
será el congreso de los caballitos.
Y los empresarios ¡qué risa, los empresarios!
Que suban los empresarios con los asalariados,
mientras existan salarios.
¡Los salarios del miedo!
Y, venga: comités centrales,
mafias, sectas, castas, clanes, etnias:
¡a los caballitos!
Y los músicos con los guardabosques
y el alcalde y los concejales
con las verduleras y los panaderos.
¡Viva! ¡Viva!,
gritarán los niños cuando vean
que suben los Honorables.
¡Venga, Honorables!:
¡A los caballitos!
Vamos a la ciudad a subir a los caballitos,
dirán los monjes a sus abades.
Y los académicos:
que se reúnan los académicos en los caballitos
y que se cierren todas las academias.
¡Ah, si todos los filósofos hubieran subido a los caballitos!
Que instalen caballitos en las cárceles,
en los cuarteles,
en los hospitales,
en los frenopáticos
y que se fuguen todos
montados en los caballitos.
Y todos los jueces a los caballitos,
¡venga! ¡venga!: ¡a los caballitos!
¡Y nada de procesos y de sentencias!
¡Ya vale de juzgar los efectos y no las causas!
¡A los caballitos!
Y que todos los funerales
se celebren montados en los caballitos
al paso silencioso y tranquilo de los caballitos.
Es la nueva ordenanza,
es el nuevo precepto:
¡todos a los caballitos!
¡La cabalgata de los caballitos!
¡Hacia la confederación de todos los caballitos!
Hasta que todos fuéramos niños...
***
Este, dice mi padre, es su poema favorito. Es de Jesús Lizano. Y esta entrada tiene que ver con la caja de libros de la semana que viene...
Miran a su alrededor con la cara iluminada, mientras tú detrás del ordenador introduces los datos pertinentes (nombredirecciónteléfonocódigopostalcorreoelectrónico…) en su ficha, y te preguntan.
Oye… ¿y cómo se hace para trabajar en una biblioteca?
Primera entrega: de cuando pagábamos en pesetas y los números de teléfono tenían siete dígitos (aunque a veces ni siquiera hace falta tener esas referencias para saber que nos encontramos ante un auténtico documento vintage).
Pero hay una cosa que, por muchos años que pasen, por mucha experiencia que una tenga, por muy curada de espantos que esté, siempre siempre SIEMPRE me pone la piel de gallina, y es cuando una usuaria se acerca al mostrador y dice…
El 5 de mayo nace Rosita, revista online literaria bilingüe y caducifolia... pues nace con la cuenta atrás de los 500 días de duración que tendrá. Cada día contará con varias pildoritas breves y alguna un poco más extensa, con una plantilla de colaboradores que sigue creciendo, pero que ya cuenta seguro con Piu a los mandos de una sección infantil que promete darnos serios Stendhals cada viernes.
Yo, en cambio, estaré en Rosita los domingos hablando de bibliotecas en una sección titulada "Desde la caja de libros". Anécdotas, reflexiones, diálogos, quejas, risas... conociéndome, el hilo conductor será la biblioteca, pero habrá un poco de todo. Miscelánea como yo misma.
Se aceptan temas, peticiones, preguntas, sugerencias... ¡y lectores!
Pasaré por aquí a dejar el enlace cuando la web se pueda visitar.
Viva la vie en Rosita!
Nací en Barcelona y siempre he vivido por aquí cerca. Soy licenciada en Filología Inglesa y trabajo en una Biblioteca Pública de la provincia de Barcelona. Adoro leer, coser y navegar (virtualmente). Bienvenid@s.