10 julio 2006

Aquí nos vemos... en los libros

¿Por qué no has leído ninguno de mis libros?
Me gustaban los libros que me llevaban a otra vida. Por eso leía los libros que leía. Muchos. Todos trataban de una vida real, pero no de lo que me pasaba a mí cuando volvía a abrirlo por donde lo había dejado la última vez. Cuando leía perdía el sentido del tiempo. Las mujeres siempre sienten curiosidad por las vidas de los otros; la mayoría de los hombres son demasiado ambiciosos para entenderlo. Unas vidas que has vivido antes o que podrías haber vivido. Y esperaba que tus libros trataran de otra vida que yo sólo quería imaginarme, no vivir; imaginarla por mí misma, sola, sin palabras. Así que fue mejor que no los leyera. Los veía en la estantería, al otro lado del cristal. Con eso me bastaba.
Hoy corro el riesgo de escribir tonterías.
Escribes algo y no sabes inmediatamente qué has escrito. Siempre ha sido así, dice. Lo único que tienes que saber es si mientes o si tratas de decir la verdad, ya no te puedes permitir equivocarte en esta distinción.


Si la ocasión lo permitía, siempre prefería los gestos a las palabras. Tal vez debido a su respeto por las silenciosas palabras escritas. Debió de estudiar en las bibliotecas, pero para él el mejor lugar para un libro era el bolsillo de la gabardina. ¡Y los libros que sacaba de ese bolsillo!
No me los daba directamente. Me decía el nombre del autor, pronunciaba el título y lo dejaba en la repisa de la chimenea de su habitación. A veces había varios apilados, para que yo escogiera. George Orwell. Sin blanca en París y Londres. Marcel Proust. Por el camino de Swann. Katherine Mansfield. El Garden Party. Laurence Sterne. Vida y opiniones de Tristam Shandy. Henry Miller. Trópico de Cáncer. Por distintas razones, ninguno de los dos creíamos en explicaciones literarias. Nunca le hacía preguntas sobre lo que no entendía. Ni él se refirió nunca a lo que podría resultarme difícil captar en todos aquellos libros dada mi edad y mi escasa experiencia. Sir Frederick Treves. El hombre elefante y otros recuerdos. James Joyce. Ulises (una edición en inglés publicada en París). Compartíamos tácitamente la idea de que, en parte, uno aprende o trata de aprender a vivir en los libros. El aprendizaje empieza mirando el primer abecedario ilustrado y no acaba hasta el día que morimos. Oscar Wilde. De Profundis. San Juan de la Cruz.
Cuando le devolvía los libros me sentía más cerca de él, porque sabía un poco más de lo que él había leído durante su larga vida. Los libros nos acercaban. Muchas veces un libro llevaba a otro. Después de leer Sin blanca en París y Londres, quise leer Homenaje a Cataluña.


(Ambos fragmentos de Aquí nos vemos, de John Berger)

6 comentarios:

Alicia Liddell dijo...

Cuando me siento cercana a una persona deseo saber lo que lee o lo que escucha.

Así he alcanzado grandes hallazgos, quizás no en un primer acercamiento. En otros casos han sido vulgaridades decepcionantes que me hacían reconsiderar mi primera impresión sobre la persona.

De esta forma los gustos de esas personas se convierten en elementos de juicio, pero también en una forma de conocimiento.

Muchos de esos descubrimientos me complace admitir que nunca lo hubieran sido por mí misma.

solodelibros dijo...

Quizá eso que dice Berger, que los libros llevan de unos a otros, sea lo más bonito de la afición por la lectura.

Ludwig de Titania dijo...

Me encanta mirar lo que la gente lee, ya sea en el autobus, en la playa o en un parque, recorro las librerias como si fuera la primera vez que entre en una de ellas, con ese afan de descubrir el mejor libro que he leido, y me fijo en la chica de mi lado, en que libro se ha fijado su mirada, y a partir de ahi me voy formando una idea de esa persona. LLego a casa con el recuerdo de ese libro que llevaba aquella chica y me siento delante del ordenador a investigar ese libro como buscando algo que me descubra algo de ella.

sfer dijo...

A mí también me gusta curiosear lo que lee la gente, sobre todo en el metro y especialmente cuando no son ni periódicos gratuitos ni El Código da Vinci/La Sombra del Viento (hubo unos meses en los que podías ir en el metro con tres personas leyendo y que las tres estuvieran leyendo alguno de esos dos).

Hace poco, mientras leía "Leviatán", coincidí en un vagón con un chico que iba leyendo "La música del azar". La sonrisa fue inevitable...

Ludwig de Titania dijo...

Me voy a tomar la libertad de recomendarte un pequeño libro que a mi me fascino y me divirtio mucho leerlo, Ex-Libris, Confesiones de una Lectora de Anne Fadiman, si aun no lo has leido buscalo y leelo, de verdad que te encantara si como veo una de tus pasiones son los libros.

sfer dijo...

Me apunto la recomendación, ludwig. Lo tenemos en el fondo de la biblioteca, así que cualquier día de estos caerá. Desde que frecuento este mundo he hecho un par de descubrimientos interesantes, y seguro que está será otro más a añadir a la lista :-)