25 julio 2006

¡Peligro! Gente leyendo...

Hace unos días cayó en mis manos este artículo de Marcela Carranza, aparecido en la revista on-line Imaginaria (nº 181, de 24 de mayo), del que me tomo la libertad de copiaros aquí un fragmento que me pareció especialmente interesante.

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Los peligros de la lectura literaria

"¿Por qué la soledad del lector o de la lectora frente al texto inspiró temor en todas las épocas? Por supuesto, existen miedos relativos al contenido de los libros, del que todo tipo de 'iniciadores' pretenden 'proteger' al lector. Subsiste hoy todavía, más a menudo de lo que suponemos, el temor de que el libro instale en nosotros algo pernicioso, algo sedicioso. O que sea recibido de manera extraviada, incontrolable, que alguien encuentre en él algo distinto de lo conveniente. Pero más aún que el contenido de los libros, lo que da miedo, me parece, es el gesto mismo de la lectura, que constituye un desapego, una forma de desviarse. Los lectores y las lectoras irritan porque no se puede ejercer mucho ascendiente sobre ellos, porque se escapan. Son como traidores o desertores…" (*)

La literatura es ambigua, y lo es también, y sobre todo, desde el punto de vista moral. Como lo dice el "Prefacio" de Oscar Wilde, quien sufrió en carne propia los efectos de la censura moral de su época: la literatura escapa a la moral, la literatura es amoral. De allí que toda lectura, o control moral sobre la literatura supone una forma de censura. Desde la censura brutal, como la quema de libros durante los regímenes dictatoriales, a la censura "doméstica" en la selección de textos bajo criterios morales, o en la coerción lectora para la búsqueda del mensaje de turno.

Si la literatura nos habla del mundo y nos transforma, no lo hace transmitiéndonos formas ya digeridas de cómo ver el mundo y cómo actuar en él. No es su función decirnos cómo debemos pensar y actuar según formas canonizadas, instituidas, oficiales de pensamiento y acción. Para la literatura el mundo no es algo de lo que ya todo se sabe, y por lo tanto nada más se necesita que repetir lo ya dicho. Los textos literarios, y su lectura libre, como sucede con la recepción del arte en general, nos movilizan para la búsqueda de personales, impredecibles recorridos para la comprensión del mundo y de nosotros mismos. Si leemos en libertad los textos, complejos, ambiguos, inabarcables de la literatura, nos preparamos para al mismo tiempo leer en libertad la realidad compleja, ambigua, inabarcable, ¿absurda, incompresible? que nos rodea.

La literatura, y en esto se parece mucho a los niños, es peligrosa porque perturba las formas cristalizadas que nos damos (que nos dan) para interpretar la realidad.

"El poeta es un restaurador de la infancia en el proceso mismo en que, convertido en niño, renueva la mirada y abre lo que ha sido suprimido y olvidado como posibilidad de experiencia." (**)

La literatura es peligrosa porque actúa sobre los lectores justamente en sentido contrario que cualquier modalidad de transmisión de un "deber ser" consensuado socialmente. La literatura es búsqueda y descubrimiento de significados, y no reproducción pasiva de verdades digeridas por otros. Como el juego, como el arte en general, la literatura es gratuita, inútil, indomesticable. [La negrita es mía... no he podido resistirlo]

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(*)
Petit, Michèle. "Lectura literaria y construcción de sí mismo". En Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. México, Fondo de Cultura Económica, 2001; Colección Espacios para la lectura; pág. 53.

(**) Larrosa, Jorge. "Venenos y antídotos". En La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación. Barcelona, Laertes, 1998; pág.79. De este mismo libro hay una nueva edición revisada y aumentada, publicada por el Fondo de Cultura Económica (México, 2003; Colección Espacios para la lectura).

10 comentarios:

solodelibros dijo...

Es verdad: la literatura amplia fronteras mentales, ayuda a pensar con más claridad, facilita la comprensión del entorno y, lo que es mejor, lo hace a través del entretenimiento. Por eso es perseguida y censurada; por eso los gobiernos no suelen incentivarla ni promoverla; por eso se acalla a los que tienen algo que decir.
Por eso es tan magnífico leer.

Alicia Liddell dijo...

La lectura nos hace libres. Porque cada libro es distinto para cada lector. Cuidado, puede haber un Fahrenheit 451 a la vuelta de la esquina.

Apostillas literarias dijo...

Tienes mucha razón, la literatura es ese arte que alumbra la existencia. A mi me ha ayudado especialmente a tener un espacio siempre amigo, que enseña, desvela, muestra y también enfrenta.

Leer es maravilloso.

Beatriz Valenzuela dijo...

las fotos del flirck... son tuyas?

sfer dijo...

Beatriz, supongo que te refieres a las que pueden verse accediendo a través del banner de la columna derecha, debajo del título Fotosfera. Sí, son mías. El resto de fotos del blog no, son de origen diverso (google, flickr, escaneados...)

Miguel Sanfeliu dijo...

La soledad del lector frente al texto, visto así, suena casi aterrador. Una mente conectada a lo que le cuenta alguien que puede estar incluso muerto. El lector atento, concentrado, incorporando, o mejor, asimilando la información que está recibiendo. Un fenómeno que se materializa con igual fuerza en internet. ¿Cómo podrán censurar este nuevo medio?
Un saludo.

El Tulpa dijo...

Estoy de acuerdo pero siento disentir: el mayor peligro de la lectura es el aburrimiento.

Muy bien, Sfer. Te sigo desde el país de las naranjas.

sfer dijo...

No creo que sea un peligro, el tulpa: si te aburres, nada más fácil que dejar un libro y coger otro. Lo peligroso es interiorizar ese aburrimiento y pensar que es lo intrínseco de la literatura, como parece que piensan muchos críticos hoy en día. Eso SÍ que es peligroso. Pero para el lector de a pie...

solodelibros dijo...

Esa misma idea la da Alberto Manguel en 'Una historia de la lecturA'. Por eso existe la censura, por eso se queman libros.

sfer dijo...

Hace tiempo que le tengo ganas a ese tocho de Manguel, pero no encuentro el momento...