24 febrero 2006

Crónica de una devolución inesperada

Trabajando en una biblioteca, una se acostumbra a regañar a la gente que devuelve los libros con retraso (más conocidos como morosos), por mucho que a una, como persona individual, le importe un pimiento donde esté el libro, si en casa de fulanito, en casa de menganito, o en la estantería de la biblioteca. Por supuesto, la cosa cambia cuando eres tú, como persona individual, la afectada. Le tendría que pasar a todo el mundo al menos una vez en la vida para tener más respeto por las fechas de devolución del material a la biblioteca: no es que nos guste que los libros estén aquí, bien guardaditos, y por eso nos enfadamos cuando alguien no los devuelve, sino que, simplemente, puede haber alguien esperándolo.

A mí, me ha pasado hoy. Hace meses que tenía un libro controlado: 13 horas, de Antonio Ventura. Si tengo que decir la verdad, ya ni recuerdo por qué. Creo que he leído un par de críticas o reseñas que me han llamado la atención y lo anoté para leerlo en algún momento. Tengo una lista como de otras 30 novelas juveniles por leer, pero esta me picaba: la tenía una usuaria desde hace tanto tiempo que ya se había dado casi que por perdido. A pesar de todo, en mi lista estaba. Lo podría haber pedido a otra biblioteca, pero como tenía más lectura, seguía a la espera. De vez en cuando comprobaba que no lo habían devuelto y poco más. Las personas encargadas del tema en la biblioteca ya se encargaban de hacer las reclamaciones pertinentes.

Hoy... cuál ha sido mi sorpresa al ver que una señorita me entregaba en el mostrador de préstamo de la biblioteca un libro cuyo título era 13 horas. Me lo he quedado mirando, atónita. ¡Había vuelto! Por supuesto, he amonestado a la persona, que se va a pasar casi un año sin poder utilizar el carnet de la biblioteca (no, ni siquiera para conectarse a Internet. ¿Qué es esto que siento? ¿Dulce venganza?). Mi alegría ha sido casi comparable a la de encontrar ese libro que tanto tiempo llevabas buscando en la estantería de una librería (Nh: imagínate encontrar Aegypto en la edición cartoné con sobrecubierta y habrás dado en el clavo).

Ahora, ya está a buen recaudo esperando que salga de trabajar esta tarde. No lo leeré hasta dentro de dos libros, pero me lo llevo ya, por si las moscas...

4 comentarios:

Un que passava dijo...

«hasta dentro de dos libros», me ha encantado esa frase sfer. Una de las cosas que más me gusta cuando estoy en el mostrador de préstamo es multar a los usuarios morosos... sí, sí, soy así de malo. Saludos!

solodelibros dijo...

Bueno, yo tengo esa edición de "Aegpto" en cartoné y con sobrecubierta (devoto de Crowley...)

sfer dijo...

un que passava: bueno... a mí no es que me guste especialmente... pero he de reconocer que en esta ocasión particular sí que disfruté un pelín, je je...

solodelibros: aférrate a ella! ya no se encuentra más que en rústica :_(

Tzaviere dijo...

Bonita entrada. Recuerdo, nuevamente, aquellas palabras de Cortázar sobre ese libro que uno ve en la estantería con los ojos del deseo...