24 marzo 2006

Perspicacia de los guionistas

La ficción audiovisual tiene una idea peculiar del mundo de la letra, y eso quedó ya claro en Instinto básico, donde la protagonista –interpretada por Sharon Stone– es una escritora a la que en ningún momento de la película vemos ponerse ante el ordenador. Ella se dedica a atar señores a los barrotes de la cama y a tirárselos, y a pasarse las noches en la discoteca –raya va, raya viene– dándose el filete con sus amigas. Pero ¿escribir? Eso sí, cuando el guionista lo considera conveniente, Sharon Stone pone sobre la mesa un tocho de quinientas páginas: su próxima novela, escrita por arte de magia. Es interesante remarcar que el director de la película, Paul Verhoeven, es el mismo que años antes dirigió El cuarto hombre, otra película sobre un escritor, ésta basada en una novela de Gerard Reve que describe el cerebro de un narrador con acierto poco habitual.

Esta temporada, en la serie Ventdelplà de TV3, uno de los personajes, Nuri, pasa de cuidarse de una casa –la de la doctora– a editar libros. Como la editora que salía en la serie murió la temporada pasada a causa de un ictus, al encontrar ahora unas cartas que el escritor local escribió a Mercè Rodoreda y Pere Calders, deciden que hay que publicarlas. Al estar muerta la editora, se les ocurre que Nuri se encargue. Así: plisplás. De modo que Nuri deja las cazuelas, el Fairy Ultra y el Netol limpiacristales y, sin problema alguno, se pone a hacer de editora.

Tanto da que en toda la serie no la hayamos visto nunca leyendo un libro. Tanto da que salte a la vista que no tiene ni idea de tipografía ni de paginación ni de encuadernación ni de gramaje. Ella se pone a editar y santas pascuas. Como no es tonta del todo, en algún momento de lucidez intuye que quizá se ha metido en camisa de once varas y pide ayuda a Mònica, la hija del perverso Mont-ràs. Mònica le dice que no se preocupe, que de la edición filológica del libro se encargará ella –las notas a pie de página parecen importarle mucho– y que esté tranquila porque ha estudiado Filología en la universidad (no precisa cuánto) y que se pondrá a “buscar por internet”. Recordemos que se trata de correspondencia entre la gloria literaria local y Rodoreda y Calders. No se explica en ningún momento qué busca Mònica en internet que le sirva para editar unas cartas privadas. Todo ello deja bien claro qué idea tienen muchos del oficio de editor. A nadie se le ocurre que, puestos a buscar datos, lo más verosímil es que el editor filológico de unas cartas entre escritores decida ir a consultar libros a las bibliotecas. ¿Libros? ¿Bibliotecas? Víctima del síndrome del becario, lo que hace Mònica es “buscar por internet”.

¿Se equivocan los guionistas al dar esa imagen del mundo de la edición? No del todo. Kurt Wolff, el primer editor de Kafka, plantea en sus memorias unos puntos ineludibles para quien decide editar: entusiasmo por la literatura, buen gusto para diseñar el libro y poder leer al menos en cuatro idiomas vivos, para no perder comba de lo que pasa en el mundo. Nada de eso se da en la editora Nuri. Que la idea que nuestros conciudadanos tienen del oficio de editor sea la que muestra Ventdelplà indicaría que la ciudadanía tiene un desconocimiento total del mundo del libro si no fuese porque en algunos casos la razón les acompaña. Quizá no son las cazuelas y el Fairy Ultra lo que han abandonado para ocupar el sillón de editor, pero unas cuantas Nuris sí que conozco yo por ahí.


(Quim Monzó en La Vanguardia del pasado día 1 de febrero)

5 comentarios:

Un que passava dijo...

Y luego pasa lo que pasa... como si la «edición filológica» fuera algo tan sencillo. Y lo de Internet... bueno, mucha gente cree que en Internet "está todo". Y viendo como salen algunos libros al mercado (con faltas de ortografía que eran motivo de suspenso en lengua cuando yo estudiaba, y eso sin entrar en otros aspectos), pues no me extraña. Con todo respeto por las nuris de este mundo, tiene razón Monzó cuando dice que haberlas, haylas.

sfer dijo...

Ah, pero... ¿no está todo en Internet? Hasta el moño (de bibliotecaria) estoy de que me vengan niños queriendo conectarse a Internet porque su profe de lengua les ha dicho que tienen que buscar lo que significan unas palabras...

[Ala... ya me he desquitao por hoy]

PS: ¿Cómo va ese ralentí?

nh dijo...

"Los archivos TODO son pequeños documentos (generalmente de texto plano) que contienen información acerca de funcionalidades y características aún no implementadas en un programa informático o algún otro tipo de proyecto.

Según la disponibilidad de tiempo y de recursos será probable que aparezcan en versiones futuras del programa, o en revisiones del proyecto.

Su nombre viene del inglés por "To do", que quiere decir, por hacer."

O sea que si, según la Wikipedia "todo" tiene que ver con la informática, seguramente sí que "todo" estará en internet. :D

solodelibros dijo...

Cuánta razón para Monzò (como casi siempre). Pasa con la edición lo que con la literatura en general, que la gente habla creyéndose en posesión de la verdad, cuando la cruda realidad es que no tienen n idea.
Qué más decir...

Un que passava dijo...

Pues el ralentí va para largo, que a partir de mañana no tendré internet. Y no creo que desde la facultad pueda escribir mucho, porque voy a ir lo justo :P