11 abril 2008

Del escritor al lector: Juan José Millás


Ayer Juan José Millás estuvo fabuloso. Los encuentros para firmar ejemplares son bastante seguros, porque el intercambio es mínimo y no puede una sentirse defraudada por el ego de la persona en cuestión, pero una conferencia/charla/encuentro con lectores, como se anunciaba el evento de ayer en la Biblioteca Ramón Fernández Jurado de Castelldefels, suponía un riesgo mayor. No sé si los autores lo vivirán así, pero así me enfrentaba yo ayer a uno de mis favoritos. No lo he visto demasiado en televisión, no sigo sus intervenciones radiofónicas, podríamos decir que solo lo conozco “de lectura”, así que el cara a cara tenía sus pros y sus contras. Por una parte quizá habría tiempo (y valor) para hacerle alguna pregunta, pero por otra, ¿y si resultaba... simplemente “distinto” a como lo esperaba? Malditas expectativas... Era como tener un nuevo libro suyo delante. Siempre me cuesta empezar con un libro nuevo de alguno de los autores que más me gustan, porque... ¿y si no me atrapa como los anteriores?

Pero la balanza se inclinó a nuestro favor. Empezó hablando de El Mundo (ya saben, Premio Planeta, mucho dinero, campaña de promoción a lo bestia, etc.), de la idea de escribir, al compás del libro, un diario o cuaderno de bitácora sobre la evolución del propio libro y cómo este El Mundo es quizá la obra más cercana a esta idea que ha escrito [me quedé con las ganas de recomendarle el Diario de un álbum de Dupuy y Berberian]. Habló de cómo surgió la idea para la novela, a raíz de sus reportajes en EPS como “sombra” de diferentes personalidades y de la idea de hacer de sombra de sí mismo, y de cómo la primera frase de la novela se le apareció una noche en un hotel de Barcelona y a partir de ahí empezó a tomar notas, escribiendo la novela casi al dictado y disfrutando de ello, ya que es algo que, según él, muy pocas veces sucede. Después de terminar de tomar notas, empezó el arduo proceso de reescritura, reduciendo la extensión a la mitad (quería más “tensión que extensión” en esta novela). Cuatro revisiones le costó conseguir lo que quería, y regalar a sus lectores una nueva obra, que no entraba dentro de sus planes escribir, sino que se impuso, como todos sus trabajos anteriores, porque era lo que el momento le decía que debía hacer.

Habló el Millás escritor, y quizá fue para mí la parte menos interesante de la charla. Se notaba que era algo que ya había contado tantas veces antes... Un discurso preparado. La obra de teatro. Fue interesante, no me malinterpreten, pero una podía sentir que eso era lo que “debía” contar. El turno de preguntas fue el momento de improvisar y de satisfacer a la audiencia. Habló de su participación en el programa de Gemma Nierga y de los textos que envían los oyentes sobre el tema que él propone. Habló del texto sobre la culpa en el que una mujer mataba a una hormiga (“era pequeña y negra, y no grande y roja como las del año pasado”) con una plancha, de la niña que preguntaba a sus padres en qué postura la habían concebido, y del terror que pueden llegar a contener dos líneas (“Cierra los ojos. Todo lo que ves, es mío.”).

Luego vino lo mejor: vino el Millás lector. Mi curiosidad hacia los autores no es tanto sobre cómo escriben, a pesar de que lo que yo admire sea el resultado de ese proceso, sino qué y cómo leen. Me sorprendió descubrir a un Millás negropolicíacodetectivesco, declarando a Patricia Highsmith y John LeCarré como dos de sus autores favoritos, y defendiendo a Thomas Harris (creador de Hannibal Lecter) e incluso algunas de las obras maestras de Stephen King (de las que escogió Misery). Habló de étapas depresivas en la lectura: momentos, en los que parece que nada de lo que lees te llena. Son los momentos de la relectura: Flaubert, los rusos (mencionó a Dostoievsky), los cuentos de Hemingway y Capote, La canción del verdugo de Norman Mailer, y otra vez y sobre todo Highsmith. Nos dijo que ahora estaba leyendo un libro de cuentos de un japonés (“nunca sé si es Murakami o Mukarami”) titulado Sauce ciego, mujer dormida, y que lo estaba leyendo con mucho gusto.

Citó a Juan Benet diciendo que los libros son como las mujeres: los hay que te gustan pero no te interesan, otros que te interesan pero no te gustan, y cuando encuentras a uno que te gusta y te interesa, debes casarte con él. Dijo que la lectura era algo que tenía que ver con la pasión, y que debíamos desligarla del aprendizaje y de las cosas prácticas. Que mientras uno lee el mundo tiene sentido y la realidad, fragmentaria y dispersa, encuentra unidad en los libros. Y habló de la biblioteca de barrio en la que cayó dentro de 20.000 leguas de viaje submarino, aunque el bibliotecario [y me llamó la atención que fuera bibliotecario y no bibliotecaria] siempre los estuviera mandando callar.

Para acabar una quería arrancarle una pequeña crítica a nuestro Sant Jordi, a la larga jornada de caras y firmas que debe suponer para un autor, pero solo tuvo alabanzas para la fiesta del libro y de la rosa. Primero, alabanza para una sociedad que ha conseguido que haya un día al año en el que uno sea un miserable si por la noche llega a casa y no lleva consigo un libro y una rosa. Y segundo, alabanza porque ha conseguido reunir en un solo día dos jornadas que son un asco, el festivo domingo y el laborable lunes. ¡Si supiera que yo me desharía sin dudarlo de la parte laborable de Sant Jordi, que este año me va a retener toda la tarde en el trabajo!

Juanjo, se te veía delgado y cansado. Haznos el favor de cuidarte: descansar y comer bien. Como dijo otro de los asistentes al acto, tienes que vivir todavía muchos años para que podamos disfrutarte.

1 comentario:

El último peatón dijo...

Pues sí que tuvo que ser interesante... También yo soy un admirador casi incondicional de Millás y de su universo literario de cotidinaidad, ironía y surrealismo doméstico.
Por cierto, no he leído la novela de Stephen King, pero la versión cinematográfica que hizo Rob Reiner de "Misery" era como para creer que Hitchcock había resucitado. Ya tengo otra cosa en común con el señor Millás.