05 noviembre 2007

Y que dure

[Dedicado a los amigos de Tökland, que sé que les gustará... porque no todo van a ser ilustraciones, ¿verdad?]

Un exceso de academicismo fruto del siglo XIX – cronológicamente paralelo a un gran impulso literario, a la implantación de la educación obligatoria, y a la revolución industrial – puede no sernos demasiado útil en el siglo XXI y el interés en separar el grano de la paja puede no dejarnos entender que “El ninot de neu” en vídeo distribuido por Aura [Barcelona, 1992] contiene un mensaje narrativo muy interesante para un niño, absolutamente paralelo al que obtendría con el libro “El muñeco de nieve”, de Raymond Briggs [Editorial Altea, 1989], porque ambos son la misma historia, fruto de un mismo autor, que se insertarán en la memoria del jovencísimo lector al haberle proporcionado una experiencia cognitiva similar. Solo que una cosa es un vídeo y la otra un libro. Un libro sin ni gota de texto, un vídeo exquisitamente sonorizado. Pero a ambas cosas vale la pena llamarlas literatura, y de la buena, y como tal las inculcaríamos (*). Una cosa tiene un coste – económico y técnico – y la otra tiene otro. Una te la puedes llevar a la cama y la otra no. El gesto, la atención, la recreación y el aprendizaje mecánico – quizá deberíamos llamarlo psicomotriz – entre la una y la otra difieren, y para determinados objetivos una es más válida que la otra, en determinados casos y en determinadas ocasiones, entre las cuales nos es posible optar, elegir, escoger. Ante cualidades paraleas, la libertad de opción es más grande. Y por tanto tenemos que estar preparados para poder hacer una buena elección según la hipótesis previa que nos hayamos planteado.


El placer de leer, del cual se habla tanto, deriva de otro gusto que tiene menos publicidad. Y que es el siguiente: conocer, saber, aprender es, per se, placentero (**). Para provocar este último – y prioritario – placer, todos los medios son buenos. Ya sean vídeos o libros, textos o imágenes, pantallas telemáticas o multimedia.

Y solo porque el libro, más concretamente el libro para niños pequeños, con todo el abanico de posibilidades comunicativas que ostenta actualmente, es una de las puertas más dúctiles, pluriformes y ricas en opciones de acceso a su saber que nuestra sociedad nos pone al alcance, vale la pena, hoy por hoy, mostrar sus infinitas variedades, y erigirlo como una de las herramientas educadoras más válidas, positivas y fáciles de manejar (***) que nunca la humanidad haya tenido. Un libro infantil de calidad es, a finales del siglo XX, una obra de arte de cabo a rabo. Accesible a todas las narrativas, visuales o literarias, medio de muchas vías comunicativas. Y que dure.

[Lo afirma Teresa Duran en Primeres literatures: llegir abans de saber llegir (Pirene, 1995), libro que firma junto a Roser Ros. La traducción es casera. Como el fragmento es bastante largo, les dejo la versión original, en catalán, en los comentarios.]

(*) Quien no pueda imaginarse a tal o cual crítico – de los academicistas mencionados más arriba – echándose las manos a la cabeza, que levante la mano.

(**) Al alcance de cualquiera. Solo basta sentir el cosquilleo que nos recorre el cuerpo cuando resolvemos un sudoku.

(***) Me gustaría saber la opinión de la autora hoy en día, en que a los niños les resulta infinitamente más fácil utilizar la wikipedia (un nuevo medio) que no una enciclopedia en varios volúmenes (libros, al fin y al cabo).

2 comentarios:

sfer dijo...

[Versió original en català]

Un excès d’academicisme fruit del segle XIX – cronològicament paral·lel a una gran embranzida literària, a la implantació de l’ensenyament obligatori, i a la revolució industrial – pot no ser-nos massa útil al segle XXI i el zel de ben destriar el gra de la palla pot no deixar-nos entendre que El ninot de neu en vídeo-cassette distribuït per Aura (Barcelona, 1992) conté un missatge narratiu d’allò més interessant per a un infant, absolutament paral·lel al que obtindria amb el llibre El muñeco de nieve, de Raymond Briggs (Altea, 1989), perquè ambdós són la mateixa història, fruit del mateix autor, que s’inseriran en la memòria del joveníssim lector arran d’haver-li proporcionat una experiència cognitiva similar. Només que una cosa és un vídeo i una altra un llibre. Un llibre sense una gota de text, un vídeo exquisidament sonoritzat. Però de totes dues coses val la pena dir-ne literatura, i de la bona, i com a tals les predicaríem. Una cosa té un cost – econòmic i tècnic – i l’altra un altre. Una te la pots endur al llit i l’altre, no. El gest, l’atenció, la recreació i l’aprenentatge mecànic – potser n’hauríem de dir psico-motriu – entre una i altra difereixen, i per a determinats objectius una és més vàlida que l’altra, en determinats casos i en determinades ocasions, entre les quals ens és possible optar, triar, escollir. Davant qualitats paral·leles, la llibertat d’opció és més gran. I per tant, hem d’estar preparats per a poder fer una bona tria segons la prèvia hipòtesi que ens hàgim plantejat.

El plaer de llegir, del qual es parla tant, deriva d’un altre gust que té molt poca prèdica. I que és aquest: conèixer, saber, aprendre, és, per se, plaent. Per provocar aquest darrer – i prioritari – plaer, tots els suports són bons. Ja siguin vídeos o llibres, textos o imatges, pantalles telemàtiques o multimèdia.

I només perquè el llibre, més concretament el llibre per a infants menuts, amb tot el devessall de possibilitats comunicatives que ostenta actualment, és una de les portes més dúctils, pluriformes, i riques en opcions d’accés al seu saber que la nostra societat posa al nostre abast, val la pena, ara per ara, mostrar-ne les infinites varietats, i erigir-lo en una de les eines educadores més vàlides, positives i fàcils de maneig que mai la humanitat ha tingut. Un llibre infantil de qualitat és, a finals del segle XX, una obra d’art amb tots els ets i uts possibles i exigibles. Accessible a totes les narratives, visuals o literàries, suport de moltes vies comunicatives. I que duri.

Pablo Odell dijo...

Pues sí... No todo van a ser ilustraciones. Me encanta el artículo porque apunta maneras sobre las que se sigue dudando como si lectura fuera equivalente a lectura-de-libros.

Aunque casi siempre con nuestro hijo de siete años lo que leemos antes de dormir son libros, alguna vez nos hemos llevado el portatil a la cama (gracias a la wifi) y hemos leído posteos, comentarios, y expereriencias audiovisuales, en blogs, You Tube, etc. O sea, que sí te lo puedes llevar a la cama (el problema, es el calor que pilla la batería, pero en invierno se agradece).

Y lo mismo con la wikipedia... A los siete años la taxonomía, es una buena herramienta lúdica (y "lucidante")... "a ver si encuentras tal o cual cosa"... Pero eso no tiene por qué ir en detrimento de la enciclopedia clásica, que resulta un buen "brain training" también, recorrer sus páginas a la caza de algún dato y cosas así. Rescatamos de un contenedor hace unos años, una Enciclopedia completa sobre el Mar de 10 tomos que es una maravilla...

Continuamos...
Saludos desde Tókland