01 septiembre 2006

Ejercicio de imaginación

Imaginad que domináis todos los idiomas que existen (alemán, inglés, latín, francés, griego, chino mandarín, árabe, swahili, español, vasco, danés, italiano...).
Imaginad que ese libro que creéis que todo el mundo debería leer no está traducido a vuestro idioma (para la mayoría supongo que el español).
Imaginad que disponéis del tiempo suficiente para traducirlo. De vuestras manos saldrá la herramienta para que miles, quizá millones de personas, conozcan ese libro.

¿Cuál sería vuestra elección? ¿Qué libro regalaríais al mundo de habla hispana?
Habladme de él :-)

...

Últimamente pienso mucho en esto de la traducción. Quizá porque me guardo en el tintero dos libros para los que no me hace falta imaginar mucho las situaciones de ahí arriba. No domino todos los idiomas que existen, pero sí el español y el inglés (suficiente). Hay un libro que creo que todo el mundo debería leer y que no está traducido (curiosamente, y a pesar de que casi todo lo que leo es novela, este no lo es). Y no dispongo de mucho tiempo libre, pero sí del suficiente como para que en un año (dos, tres...) pudiera haberlo acabado una traducción "decente".

Quizá ese sea mi buen propósito para el año que viene... El final del verano es el momento ideal para empezar a plantearse estas cosas.

19 comentarios:

dsdmona dijo...

Me gusta el ejercicio que hoy nos propones... quizás cuando lo piense más detenidamente me vengan a la mente algunos más pero en este momento, así a bote pronto, yo diría 'T'imagines la vida sense ell?' de Isabel Clara Simó... no es una escritora que me guste especialmente, aunque he de reconocer que he leído bastantes de sus libros, pero este libro lo encontré clarificador con un abuena historia, un buen planteamiento y con un tema de actualidad... hoy mi elección sería esta...

Palimp dijo...

Ni idea. Todos los libros que he leído han sido en castellano. Quizá L'ensenyador de pisos que odiava els mims de Empar Moliner que no está traducido al castellano.

Pero lo que propones ya hay gente que lo hace; yo he leído muchos libros de Pratchett que todavía no han salido en castellano traducidos por gente admiradora del escritor. Y debo decir que no están nada mal traducidos.

sfer dijo...

No, Palimp... aunque tú lo hayas leído traducido al castellano, imagina que no lo estuviera. Imagina, por ejemplo, que La Odisea no estuviera traducida y estuviera en tus manos el hacerlo. Cualquier libro...

Quizá mi ejemplo haya despistado, porque en mi caso sí que se trata de un libro que no está traducido.

lauraBaires dijo...

Soy traductora desde hace 20 años y creo cada vez menos en la traducción. La postura es limitante, lo se... pero es que el alma de un hombre no se puede traducir fielmente.

Pensaré en tu propuesta. Me gusta mucho tu blog.

pies diminutos dijo...

Interesante propuesta, Sfer...
Yo creo que traduciría, en el caso de no estar hoy ya traducido, "El ruido y la furia" de Faulkner, porque creo que las innovaciones formales y estilísticas que se nos muestran en este libro has sido fundamentales para la posterior literatura del XX.

sfer dijo...

Sé a lo que te refieres, Laura. Soy una persona diferente según el idioma que hablo, así que algo parecido debe pasar con los textos. A pesar de todo, creo que sois imprescindibles. Bienvenida :)

Pablo Odell dijo...

Yo (es una cuestión personal) me decantaría por mi libro iniciático... Ese primer libro que uno lee con pasión -y que con pasión queda marca: El Misterio de la Isla de Tókland, de J.M. Gisbert.

Fer dijo...

Me gusta la propuesta, pero no soy capaz de elegir un único libro...
Pensándolo bien, creo que me inclinaría por los clásicos: La Biblia (pese a ser ateo), las obras completas de Shakespeare, La Ilíada y La Odisea, Tirante el Blanco y, por no extenderme, un largo etcétera donde hasta incluiría el Kama Sutra (ejem, ejem, cara de sonrojo).
Además, mi debilidad: El guardián entre el centeno. Irrepetible Salinger que, para colmo, en España tiene una traducción más que mediocre.

Joaquín dijo...

Yo traduciría al castellano el Quijote, si no fuera porque se nos ha adelantado "Pierre Menard"...

Yo creo poco en las traducciones, aunque no tengo más remedio que echar mano de ellas.

Violette Moulin dijo...

"Nana" de Zola.
Es el libro que más he releído (y sé que lo releeré). Se respira el mismo ambiente que en la película "Moulin Rouge".

Un saludo!

Anónimo dijo...

Tal vez influida por uno de los últimos post... creo que traduciría Madame Bovary, sería una verdadera aventura, una experiencia de lectura diferente.

Por mi parte, soy una agradecida de las traducciones (aquí irían una serie de argumentos prácticos, algunos decisivos. Laura, la traducción, una bendición y un sacrilegio al mismo tiempo, pero es la única manera en que para algunos, al menos, se nos permite ser un poco iluminados por la luz de esa alma, inalcanzable siempre y por lo demás. En fin, pasa con la literatura misma, con los "buenos" libros...

Besos, lindo post, lindos comments.

Kar3d

charruita dijo...

Me gustaría entender todos los idiomas del mundo para poder leer las obras escritas en su idioma original. Pero por ahora, solo leo Español y algo de Inglés.

Sobre las traducciones me siento contradictoria, por un lado pienso como Laura y por otro lado si no fuera por las traducciones me hubiese perdido demasiado de la vida literaria.

Me ha gustado tu blog. Traduciría a Baudelaire "Las Flores del Mal".

sfer dijo...

Gracias a todo el mundo por los comentarios. Me llevo a casa una buena lista de cosas para leer :-)

César dijo...

¿Soy una persona diferente según el idoma que hablo?... Lo dudo muchísimo.

¿Soy una persona diferente según el país en que vivo o la cultura a la que pertenezco? Eso sí.

liter-a-tres 3 dijo...

Una magnífica novela que merecería mejor traducción al castellano es "Una música constante" de Vikram Seth.

La traducción es una autoría de otra autoría y en la identificación entre ambos autores radica el éxito. Ejemplos como el de Sebald, que repasaba y corregía las traducciones de sus propios textos, son poco frecuentes. Pero, sin las traducciones perderíamos la oportunidad de leer demasiadas obras. Y en este sentido, prefiero una mala traducción antes que la imposibilidad de acceder a un autor.

dErsu_ dijo...

Yo, si se me permite, traduciría a Walser, Robert Walser. Pero no al Walser que he leido, el de "Jacob von Gunten" o los "Hermanos Tanner", sinó al Walser que todavía no he leido.

sfer dijo...

"¿Soy una persona diferente según el idoma que hablo?... Lo dudo muchísimo."

Está bien dudar, pero no muchísimo, hombre... Sólo habría que preguntar qué clase de persona soy a alguien que conoce a la sfer "española" y a alguien que conoce a la sfer "americana". Quizá esté mal expresado... sí que soy la misma, pero los idiomas son tan diferentes que soy incapaz de expresarme tal y como me considero a mí misma. Es complicado. Estando en Estados Unidos me echaba de menos!

Y... no creo que fuera por falta de dominio del idioma. Eso me pasaría ahora pero no en aquel momento.

César dijo...

La duda, lisérgica Sfer, o es grande o no es duda. Verás, si algo aprendí de toda la (excesiva) lingüística que me metieron en el coco en la universidad, es que el idioma no hace a la gente: la gente hace el idioma. Y también aprendí que todos los idiomas son equivalentes, y que lo importante es el significado, no el significante.

¿Una prueba? Bueno, échale un vistazo a las distintas autonomías de España. Compara, por ejemplo, Asturias, Castilla y Andalucía... qué diferencias de carácter, pese a que todos hablan español, ¿verdad? Diferencias que tienen su origen en la tradición cultural, la historia, la orografía, la ecología o el mismísimo clima. Eso sí que afecta a la gente, no la lengua que emplean.

En fin, éste es un debate que ya he mentenido en varias ocasiones. A veces tengo la sensación de que se contempla el idioma como si fuera algo mágico, cuando sólo es una herramienta imperfecta.

sfer dijo...

La teoría será esa, y no la pongo en duda. En la práctica, permítame, por experiencia propia, discrepar. Y dejaremos ahí el debate, por supuesto: no pretendo convencer a nadie de una experiencia tan personal como la de tener que expresarse en un idioma diferente del que nos hemos visto rodeados desde que nacimos.

Ni que decir tiene que acepto que haya gente que, en esa misma situación, tuviera una experiencia totalmente diferente de la mía; ni por un momento me atrevería a ponerlo en duda.