289. Què importen els lectors, el públic, la humanitat, aquests títols que utilitzem per amagar l’espant que ens produeixen els anònims habitants del buit. Ells no importen. Importes tu, l’únic destinatari d’aquest moment irrepetible. (Tu)
289. Qué importan los lectores, el público, la humanidad, estos títulos que utilizamos para esconder el espanto que nos producen los anónimos habitantes del vacío. Ellos no importan. Importas tú, el único destinatario de este momento irrepetible. (Tú)
Rafael Argullol, El caçador d’instants – Quadern de travessia 1990-1995. (Edición en catalán de Destino. Traducción casera. El pasado fin de semana descubrí que existe edición en castellano, de Acantilado.)
360 píldoras numeradas de filosofía para reflexionar sobre la felicidad, el amor, la traición, la cobardía, la indecisión, el amor, la muerte... Y mientras escribo esto, me doy cuenta de lo insatisfactorio de esta descripción, así que mejor lo dejo y les digo que salgan a buscarlo.
Ténganlo en la mesita de noche y váyanse a dormir con una pequeña dosis.
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27 septiembre 2007
28 junio 2007
Al cole... ¿a leer?

Vaya con los artículos polémicos sobre la lectura en el ámbito educativo... Primero, me topo en el número 204 (el de mayo) de la revista CLIJ con los valores “desagradables” de la lectura (sí, así se titula el artículo), muy bien descritos por Víctor Moreno (escritor y profesor), que empieza tal que así:
Quizás sorprenda que se hable aquí de “valores desagradables de la lectura”. Lógica incertidumbre. Pues lo habitual es ponderar el acto lector mediante un variopinto repertorio de frases hermosísimas. ¿Existe alguna actividad más noble, más honrada, que la lectura? No sólo es hospitalaria, sino que hasta nos refresca la epidermis, fortalece el corazón y nos “hace más jóvenes”, según decía un texto premiado a redoble de tambor mediático. Y, ojo, también más sexy. Esto último me lo creo; lo de joven, ya no tanto. Porque, si, como dice alguien, “leer nos hace madurar más rápidamente, porque aumenta nuestra conciencia”, fácilmente se llegará a la conclusión de que leer parece cosa de viejos.
Y no baja del carro, oigan. Que si las obligaciones que supone la lectura, que si no tiene cabida en el ritmo de vida que llevamos, que si leer conlleva la soledad y el silencio cuando lo que quieren nuestros adolescentes y compañía y ruido... en fin, ¡que uno realmente acaba la lectura del artículo preguntándose cómo es que todavía quedan jóvenes lectores entre nosotros! No, bromas aparte, les recomiendo que lo lean para “ver” el acto de la lectura como lo ven buena parte de los adolescentes. Nada como vivir el problema desde dentro para encontrarle soluciones.
Y después del chute de sarcasmo del señor Moreno, voy y me topo (gracias a enhac, que estando escarxofats en el sofá me pasó El País del martes 26 de junio y me dijo “léete eso”) con el artículo de Rafael Argullol titulado “Un buen trabajo”. Pueden leerlo íntegro aquí, pero no me resisto a dejarles una muestra...
En términos generales, las lecturas en los distintos cursos siempre parecen ir por detrás del contacto con la vida que tienen los jóvenes. A los 16 o 17 años, y aun antes, los estudiantes no creo que encuentren gran estímulo vital y espiritual en esa masa de libros infantiles y juveniles que aparentan ser el gran recurso de las autoridades, además de un próspero negocio (les recomiendo que examinen las editoriales y autores involucrados en él). A esa edad quizá sería el momento en que los jóvenes aficionados a la lectura – pocos o muchos – tuvieran a disposición un buen Stevenson, un buen Tolstoi, un buen Balzac y, por qué no, un buen Kafka.
Bueno, bueno, bueno... “esa MASA de libros infantiles y juveniles”... así de fácil es meterlo todo en el mismo saco... Si el señor Moreno me hace arrancar una sonrisa y, a pesar de la polémica, darle la razón, al señor Argullol me entran ganas de pedirle que se ponga delante de cien adolescentes y que les pida que empiecen a leer la primera de las noventaypico entregas de La Comedia Humana...
Nada mejor que esta montaña rusa de opiniones antes de empezar el próximo lunes el curso sobre LIJ al que estoy apuntada en la 42 Escola d'Estiu Rosa Sensat. Si durante los próximos quince días estoy un tanto ausente, ya saben a qué se debe (clases de lunes a viernes por la mañana, trabajo de lunes a viernes por la tarde, dormir de lunes a viernes por la noche... ¡poco sitio para cualquier otra cosa!).
Y no baja del carro, oigan. Que si las obligaciones que supone la lectura, que si no tiene cabida en el ritmo de vida que llevamos, que si leer conlleva la soledad y el silencio cuando lo que quieren nuestros adolescentes y compañía y ruido... en fin, ¡que uno realmente acaba la lectura del artículo preguntándose cómo es que todavía quedan jóvenes lectores entre nosotros! No, bromas aparte, les recomiendo que lo lean para “ver” el acto de la lectura como lo ven buena parte de los adolescentes. Nada como vivir el problema desde dentro para encontrarle soluciones.
Y después del chute de sarcasmo del señor Moreno, voy y me topo (gracias a enhac, que estando escarxofats en el sofá me pasó El País del martes 26 de junio y me dijo “léete eso”) con el artículo de Rafael Argullol titulado “Un buen trabajo”. Pueden leerlo íntegro aquí, pero no me resisto a dejarles una muestra...
En términos generales, las lecturas en los distintos cursos siempre parecen ir por detrás del contacto con la vida que tienen los jóvenes. A los 16 o 17 años, y aun antes, los estudiantes no creo que encuentren gran estímulo vital y espiritual en esa masa de libros infantiles y juveniles que aparentan ser el gran recurso de las autoridades, además de un próspero negocio (les recomiendo que examinen las editoriales y autores involucrados en él). A esa edad quizá sería el momento en que los jóvenes aficionados a la lectura – pocos o muchos – tuvieran a disposición un buen Stevenson, un buen Tolstoi, un buen Balzac y, por qué no, un buen Kafka.
Bueno, bueno, bueno... “esa MASA de libros infantiles y juveniles”... así de fácil es meterlo todo en el mismo saco... Si el señor Moreno me hace arrancar una sonrisa y, a pesar de la polémica, darle la razón, al señor Argullol me entran ganas de pedirle que se ponga delante de cien adolescentes y que les pida que empiecen a leer la primera de las noventaypico entregas de La Comedia Humana...
Nada mejor que esta montaña rusa de opiniones antes de empezar el próximo lunes el curso sobre LIJ al que estoy apuntada en la 42 Escola d'Estiu Rosa Sensat. Si durante los próximos quince días estoy un tanto ausente, ya saben a qué se debe (clases de lunes a viernes por la mañana, trabajo de lunes a viernes por la tarde, dormir de lunes a viernes por la noche... ¡poco sitio para cualquier otra cosa!).
[La imagen es de xlucas]
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LIJ,
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