"Buena gente por definición, el librero se enternece cuando alguien, temeroso de estar comprando un bodrio, finge hacerlo contra su voluntad: para cumplir un encargo engorroso o hacer un regalo. El librero asiente y aconseja otro libro, porque si el que ha elegido el cliente es del gusto de su anciana tía, el que él le propone aún le gustará más."Es el último párrafo del muy recomendable artículo "Libreros", de Eduardo Mendoza, publicado ayer 17 de septiembre en El País. Quien no haya sentido lo que Mendoza describe en el artículo, que tire la primera piedra.


