13 febrero 2012

Magia

Los magos-pirata habían conducido a Príncipe Wing hacia una trampa tan obvia, en el piso ciento cuarenta de La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre, que parecía mentira que realmente fuera una trampa. Utilizaron digitomagia para convertir a Príncipe Wing en una tetera de porcelana; le metieron dentro un par de bolsitas de té Earl Grey y agua hirviendo, brindaron por el Eternamente Pospuesto Reino de Plazo Vencido de los Libros Prohibidos, se bebieron el té de un trago, eructaron, lanzaron las tazas pirata de souvenir al suelo y después hicieron añicos la tetera que había sido Príncipe Wing. Entonces los malvados magos-pirata barrieron sin cuidado alguno los pedazos de Príncipe Wing y de las tazas coleccionables, y los metieron en una caja de madera de puros que enterraron en el Parque Memorial Angela Carter del piso diecisiete de La biblioteca del Mundo Árbol, erigieron sobre ella una estatua de George Washington.


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No soy una gran lectora de cuentos, pero esta Magia para lectores me ha dejado con ganas de más (de más cuentos y de más magia). Por eso, y porque en la última tertulia de la librería Al·lots salieron a colación los libros de Susanna Clarke, ahora me he puesto con Las damas de Grace Adieu


¿No les ha pasado que, unas semanas después de haber terminado un libro de relatos, son incapaces de recordar más que uno o dos? Pues esto no les va a pasar si se atreven con Magia para lectores. Todavía no sé cuál me ha gustado más, si el primero (al que pertenece el delirante fragmento de aquí arriba, con sus referencias para letraheridos y su doble - o triple - ficción dentro de la ficción dentro de la ficción dentro de la ficción...), o "El fantasma de Louise" (con sus dos protagonistas, Louise y Louise) o "Animales de piedra" (esos conejos... ¿cómo olvidar los conejos?) o "Viajes con la Reina de las Nieves" (no pude resistirme, y lo fotocopié para compartirlo... como en los viejos tiempos). No me hagan escoger uno de los cuatro...


Sabes que la autora está jugando contigo, pero qué gusto dejarse engañar.