29 junio 2011

Una infancia en el país de los libros

A merced de los amores, de los encuentros, de los viajes, construí mi habitación, donde el piso sigue estando un poco inestable al menor signo de viento, al menor cambio de escenario. Pero la literatura, en todas las épocas, me sigue siendo indispensable. Porque allá donde vivo, en una de las más bellas ciudades europeas, como en cualquier otro lugar (o más que en otros lugares), la gente recita sin fin palabras convencionales, utiliza la misma jerga, los mismos comentarios. Estamos enfermos de lenguaje, somos grises, previsibles. Durante mucho tiempo me resultó insoportable saber de memoria lo que iban a decirme, oírme repetir algunas fórmulas, poner una mordaza en la boda de los demás. Sentía vergüenza. Eso ha disminuido un poco; ahora soy más tolerante. Sé que uno no se puede inventar cada segundo. No obstante, por las noches busco palabras limpias de polvo, de las frases en medio de las cuales rodaron. Leo. Los libros me arrojan a los caminos.

***

Michèle Petit en Una infancia en el país de los libros (ed. Océano Travesía) recorre su biografía lectora. Juan Domingo Argüelles habla sobre el libro, mucho mejor de lo que yo podría hacer jamás, en este artículo.

3 comentarios:

anxoboiro dijo...

Muy interesante la reflexión de Argüelles sobre esas 2 maneras de leer.
De ese artículo resaltaría "Alessandro Baricco en uno de los ensayos más provocativos e inteligentes de su libro Tótem (“Queridos jóvenes, es mejor no leer”, 2003): quienes leemos y escribimos casi siempre provenimos de una herida no cicatrizada o de una derrota no siempre bien resuelta; quienes leemos y escribimos no estamos conformes con el mundo que nos ha tocado vivir y, por ello, tratamos de encontrar las respuestas en nuestra soledad en medio de los libros, adentro de las páginas.

Leemos, en realidad, para leernos, para encontrarnos, para saber de qué va la cosa y para poder entender nuestras debilidades e insatisfacciones."
Saludos

mic dijo...

¡Qué buena lectura! Gracias Sfer, una vez más. Aprendo muchísismo en tu blog y eso que tengo chiquicientos años. =)

sfer dijo...

Chiquicientos? A ver si vamos a ser de la misma quinta... XD