06 septiembre 2012

Verano 2012 - Libros

A través de los libros de mi padre aprendía a conocer a los adultos por dentro. No eran los gigantes que pretendían creerse. Eran niños deformados por un cuerpo voluminoso. Eran vulnerables, criminales, patéticos y previsibles. Podía anticipar sus gestos; a los diez años era un mecánico del artefacto adulto. Sabía desmontarlo y volver a montarlo.

[...]

Seguía leyendo algunos tebeos, pero más los libros que me llenaban el cráno y me ensanchaban la frente. Leerlos se parecía a adentrarse en el mar con la barca, la nariz era la proa, las líneas, las olas. Iba despacio, a golpes de remo, ciertas palabras que no entendía las dejaba correr, sin rebuscar en el diccionario. En espera de entenderlas, quedaban aproximativas. Tenía que entenderlas por mi cuenta, definírmelas a través de otras ocasiones, a fuerza de toparme con ellas.

Erri de Luca - Los peces no cierran los ojos.

Creo que leer un buen libro te hace modesto. Cuando uno logra ver con lucidez el interior de la naturaleza humana, cosa que te proporcionan los grandes libros, uno siente la necesidad de hacerse pequeño. Es como mirar la Osa Mayor en una noche clara o como ver el amanecer en invierno cuando uno va a recoger los huevos de la mañana. Y cualquier cosa que te haga sentir pequeño es maravillosamente buena.

[...]

"¡Dios!", dijo, "cuando le vendes un libro a alguien no solamente le estás vendiendo doce onzas de papel, tinta y pegamento. Le estás vendiendo una vida totalmente nueva. Amor, amistad y humor y barcos que navegan en la noche. En un libro cabe todo, el cielo y la tierra, en un libro de verdad, quiero decir. ¡Repámpanos! Si en lugar de librero fuera panadero, carnicero o vendedor de escobas la gente correría a su puerta a recibirme, ansiosa por recibir mi mercancía. Y heme aquí, con mi cargamento de salvaciones eternas. Sí, señora, salvación para sus pequeñas y atribuladas almas. Y no vea cómo cuesta que lo entiendan. Sólo por eso vale la pena. Estoy haciendo algo que a nadie se le ha ocurrido hacer desde Nazareth, Maine, hasta Walla Walla, Washington. ¡Es un nuevo campo, pero vaya si vale la pena! Eso es lo que este país necesita: ¡más libros!"

Christopher Morley - La librería ambulante.

05 septiembre 2012

Verano 2012 - Personajes

He rebasado ya la edad que tenía mi padre cuando murió. Nací por tanto hace ya muchos años. Buscando para mí una vida paralela, como las que diseñó Plutarco, no sabría cuál elegir. Tuve una vida oscura, algún destello singular: fui músico, ejercí oficios varios, escribía encorvado y en secreto, estudié letras superiores, viví algún tiempo fuera de España, matrimonio, dos hijos, trabajo estable, publiqué algunos libros, poco más. Podría compararme con algún río de curso irresoluto que salga al fin a un llano y quede expuesto, siempre discretamente, a sequías y desmadres. Mi signo es la intermitencia; mi pasión, cierta variedad de tendencias que me impiden el disfrute de mí mismo, y cuyo símbolo encomiendo a un cruce de veredas; mi dulzura es la naturaleza y el verano, que es tanto como decir la melancolía de la infancia;  mi dolor es la insatisfacción crónica y la repentina falta de entusiasmo; la literatura ha acabado por ser, después de la tormenta, una reparación de daños. Cierta afección a la soñolencia, unida a la renuncia a descubrir en mí el reino de Jauja, me inclinan a pensar que el cordaje vital se me ha aflojado y estoy en la hora en que las melodías no son ni dulces ni arrebatadoras, sino sólo el son del agua que fluye y pasa bajo el sueño. Ya raramente me duelen las palabras, y los quiebros de la sintaxis no me hieren. Tampoco doy la talla, por mi condición o imagen, para ser estimado como náufrago. Los frutos de mis ocios no son testimoniales porque no soy noticia ni cifra ni tengo... esa ruda manera de no aceptar..., esa pasión del alquimista..., esa pasión que hace de la existencia un eslabón donde cualquier objeto arranca chispas... En fin, cerremos aquí este balbuceo.

Luis Landero - Entre líneas: el cuento o la vida.

Ya lo he dicho, de entre todos es mi mejor amigo. Podemos entendernos con un gesto, a veces nos basta una sonrisa. Antes de que aparecieran las chicas, pasamos juntos todas las tardes de nuestra vida - o por lo menos eso es lo que nos parece. Sé cuándo está a punto de marcharse y a veces podría decir un instante antes cuándo empezará a hablar. Lo encontraría en medio de una multitud, echando un simple vistazo, sólo por su forma de caminar - los hombros. Parezco mayor que él, todos lo parecemos, porque en él ha quedado mucho del niño: en los huesos pequeños, en la piel inmaculada, en los rasgos de su rostro, que tiene delicados y hermosísimos. Como las manos, y el cuello delgado - las piernas secas. Pero él no lo sabe, a duras penas lo sabemos nosotros - como ya he dicho, la belleza física es algo en lo que no nos fijamos. No es necesaria para la edificación del Reino. De manera que Luca lleva la suya encima sin usarla - una cita pospuesta. A la mayoría les parece un tipo distante, y las chicas adoran esa distancia, a la que llaman tristeza. Pero, como a todos, a él le gustaría, simplemente, ser feliz.

Alessandro Baricco - Emaús.

¿Te acuerdas de mi vecina de abajo, la viuda, la que tiene un hijo en Alemania, la que vive en el principal, la que al sonreír deja al descubierto un incisivo de oro, la que tiene las cenizas de su marido encima del televisor, la que tiene un cartel en la puerta de su casa en el que prohíbe fumar en el interior bajo multa de 100 euros, la que pinta al óleo, la que tiene un loro?

Daniel Nesquens y Rafa Vivas - Abrazos.

Raffaele no era guapo en el sentido estricto del término, pero, aun así, en Soreni todas las mujeres casaderas soñaban con él. En honor a la verdad, posiblemente también soñara alguna ya casada, porque hombres los había más ricos o más altos, pero ninguno había tenido a los veinte años esa mirada de un verde penetrante y socarrón que escrutaba los ojos de los demás como sin miedo del precio que hubiese que pagar.

Michela Murgia - La acabadora.


Las novelas de Philip K. Dick me las pasará mi amigo Ignasi, con sus gafas de lector incorformista, su nariz combada de no sé qué tribu mediterránea y su cicatriz en la barbilla desde niño. Ignasi es unos años mayor, y ha recorrido Europa en autoestop como los hippies de primera hora. Ha recogido fruta por todos los campos cultivados desde Lleida hasta Grecia y de este modo se ha cultivado él. Ignasi es el escéptico que vive ilusionado por todo. Una noche de juerga acabará agarrado a la taza del váter y al encontrármelo le preguntaré: Pero, Ignasi, ¿sabes dónde estás? Sí, en el paro, será su respuesta. Las novelas las trae en la mano como el predicador que lleva un revólver. Con él, solo se puede quedar a horas estrambóticas, a tal hora y treinta y seis minutos, a tal otra y once minutos, y entonces, con un porro finísimo en los labios, se presentará fascinantemente en el minuto exacto, en el sitio, en el banco del barrio, donde nos hemos citado. 

Javier Pérez Andújar - Paseos con mi madre.

04 septiembre 2012

Verano 2012 - Principios

A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez. Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo. Y, sin que su furia amainara un ápice, barrió el océano, arrasó sin misericordia las ruinas de Angkor Vat, calcinó con su fuego las selvas de la India repletas de manadas de desafortunados tigres y, convertido en tempestad de arena del desierto persa, sepultó alguna exótica ciudad amurallada. Fue un amor glorioso, monumental. La persona de quien Sumire se enamoró era diecisiete años mayor que ella, estaba casada. Y debo añadir que era una mujer. Aquí empezó todo y aquí acabó (casi) todo.

Haruki Murakami - Sputnik, mi amor.

Aunque esto no es un cuento, resulta que sí hay un personaje, un profesor de lengua y literatura al que vamos a llamar Manuel Pérez Aguado (Manolito para los amigos; en el estrado, don Manuel), que es un nombre que no compromete a casi nada, y apenas nada evoca. Quizá la única nota pintoresca en él sea precisamente el hecho de ser profesor de literatura. Hace poco fue a un banco a solicitar un crédito porque anda con ganas de introducir mejoras en el piso. Le demandaron la profesión, invitándolo así a demostrar su solvencia social. Él dijo: "Profesor de lengua y literatura en un instituto de bachillerato", y como el empleado lo mirase por un instante con cierta preocupación no exenta de estupor y piedad, Pérez apartó los ojos y se sintió como el protagonista de El castillo de Kafka: un agrimensor que no ha sido llamado y cuyos servicios no son tampoco necesarios, pero que sin embargo está ahí: gravoso, obstinado y absurdo. Entonces Manuel Pérez Aguado pensó que, al presentarse como profesor, era tanto como si hubiera dicho: soy-alguien-que-sabe. Porque, en efecto, lo primero que podría decirse de un profesor es que es-alguien-que-sabe. El empleado, con su mirada, parecía sin embargo decir: no sabrás tanto cuando no consigues convertir tu conocimiento en dinero, cuando tu sabiduría no te luce en la nómina. Y Pérez se llevó una mano a la cara y hubo de bajar los ojos ante el escándalo de aquella paradoja.

Luis Landero - Entre líneas: el cuento o la vida.

03 septiembre 2012

Verano 2012

Hoy es un buen día para salir de paseo.
¿Se vienen a dar una vuelta por algunas de mis lecturas de este verano?
Será un viaje en cuatro etapas: principios, personajes, libros y sexo (que no podría faltar, en este verano monopolizado por las famosas cincuenta sombras... aunque yo me lo haya ahorrado).

Les advierto: ¡menudo verano!
¿Están preparados?


08 agosto 2012

La dictadura de la palabra

PI-PI-PIIII-PI-PIIIII-PI-PI-PIPIIIPI-PI
Interrumpimos urgentemente el descanso estival de este espacio para comunicarles una noticia de extrema importancia:
Entre líneas: el cuento o la vida, de Luis Landero, es UNA VERDADERA JOYA!
(gracias, gracias, gracias)

Todavía están a tiempo de llenar su verano de literatura si salen corriendo a buscarlo.
Por si tienen dudas, aquí les dejo esta historia, digna de los sueños más salvajes de una servidora...

***

Alguna vez Manuel ha pensado en que la literatura desaparezca del mundo para siempre, pero enseguida se ha consolado con la certeza de que, en efecto, podremos imaginar un mundo sin literatura, pero de ningún modo sin mesas redondas y congresos y cursos sobre literatura. Esto, a Manuel no le cabe en la cabeza. Es más: exaltado por esa convicción, se imagina sin dificultad que un día avanzado del siglo XXI, cuando parece que la cultura impresa tiene ya sus horas contadas, y sin anuncio previo, con ese repente de catástrofe con que suele asestar la historia sus mejores y más certeros golpes, ocurre que escritores, editores, distribuidores, libreros, lectores, profesores y críticos se levantan en armas contra la dictadura de la imagen. Forman patrullas de combate, toman los centros neurálgicos de las redes comunicativas, sabotean satélites y repetidores, detienen y fusilan en juicios sumarísimos a los presentadores de televisión, y un batallón de filólogos asalta y devasta esos Palacios de Invierno que serían la Metro o la ITT. Se liquida a los zares y, enseguida, en un proceso tan frenético y concatenado como el que desarticuló en un vuelo a los países socialistas, y cuyas fases y mecanismos en vano los historiadores de un futuro remoto intentarán reconstruir, se impone la dictadura mundial de la letra impresa.
De la noche a la mañana, un día nos enteramos de que un poeta lírico se ha alzado con la presidencia de los EE UU, en tanto que al sur, el resto de América empieza a aunarse al fin bajo el liderazgo de hierro de un dramaturgo experimental. Escindido en géneros literarios  y en disciplinas humanísticas, el mundo amenaza con volver a la política de bloques y a la guerra fría, y en todos los países, salvo en aquellos donde algún gremio de letrados hubiera impuesto un régimen totalitario, surgirían partidos nunca vistos: el PC (Partido Costumbrista), la UEB (Unión de Editores de Bolsillo), la APE (Asociación de Profesores de Español), etcétera. Se provee de uniformes de campaña y armas automáticas a los bibliotecarios. Los profesores de literatura dan sus clases a punta de pistola. Por donde pasa el caballo del crítico literario, ahí no vuelve a crecer más la hierba de la imagen. Taxistas y albañiles habrían de revalidad sus puestos de trabajo con la demostración de haber leído con aprovechamiento doscientos libros y compuesto al menos un cuento o un soneto. No se pedirían ya curriculum vitae sino curriculum retoricae. Habría depuraciones, habría delaciones ("mi vecino del tercero no ha leído a Galdós ni releído a Juan Goytisolo"), habría torturas, sambenitos y capirotes, habría insignias y carnés, y un nuevo fantasma recorrería el mundo: el de la literatura. Ingenieros informáticos y teleadictos empecinados ("nostálgicos del pasado, reaccionarios", en definitiva) celebrarían reuniones clandestinas para ver anuncios de televisión y jugar a los videojuegos.
- Papá, ¿es verdad que antes existía una cosa que se llamaba televisión y que le dabas a un botón y salían marcianos y asesinos?
- ¿Dónde has oído esa tontería?
- No sé, lo ha dicho en clase un profesor con barba.
- Anda, déjate de pamplinas y sigue leyendo La perfecta casada.

27 julio 2012

Regresar

¡Qué bueno regresar a mis libros!
- término de los fatigados días -.
Casi compensa la abstinencia,
y el dolor se olvida con el placer.

Como aromas que confortan a los invitados
en el banquete, mientras esperan,
esta fragancia aligera el tiempo hasta que llego
a mi pequeña biblioteca.

Puede haber desolación afuera,
lejanos pasos de hombres que padecen,
pero la fiesta suprime la noche
y hay campanas, interiormente.

Doy las gracias a estos Parientes del Estante.
Sus caras apergaminadas
nos enamoran mientras esperamos,
y nos satisfacen al alcanzarlas.

***

Me voy de vacaciones con Murakami, con Baricco, con Ammaniti, con Landero, con Pérez Andújar, con Grassa Toro... y con este poema de Emily Dickinson muy muy presente. No me esperen levantados...

25 julio 2012

Retro












































¿Les gustan?
Pues están de suerte, porque estos cuatro son solo una muestra...

23 julio 2012

20 julio 2012

Hay

Una de las muchas cosas que me gustaría hacer al menos una vez en la vida es poder asistir a uno de los festivales literarios de Hay-on-Wye. El pueblo con más librerías por metro cuadrado volcado durante una semana en un festival literario y cultural. Algunos de los invitados de este año han sido Michael Morpurgo, Ian McEwan, Salman Rushdie, David Grossman, Mark Haddon, Mario Vargas Llosa, Jeanette Winterson, Ian Rankin, David Vann, Martin Amis, Oliver Jeffers, y un larguísimo etcétera.

Este año se han celebrado los 25 años del festival original del pueblo galés (que con los años se ha replicado en muchas otras poblaciones, Segovia entre ellas), y para celebrarlo han puesto en marcha una campaña que durará todo el año en la que, en lugar de los lectores haciendo preguntas a los autores, han sido los autores los que han propuesto 25 preguntas para que las respondan los lectores.

Las preguntas pueden contestarse a través de esta página web, y por si el inglés es un impedimento, aquí se las dejo traducidas al castellano:

1.- ¿Por qué leemos novelas?
2.- Hace 25 años, el mundo vivía atemorizado por la epidemia de SIDA, el muro de Berlín separaba Europa del Este y Europa del Oeste, China y América Latina eran considerados países en desarrollo y menos del 1% de la población mundial utilizaba teléfonos móbiles. ¿Qué cambios veremos en nuestro modo de vida dentro de 25 años?
3.- ¿Cuál fue la última cosa que hiciste con tus propias manos?
4.- ¿Qué olor te hace más feliz?
5.- ¿Crees que hemos llegado a un punto en el que el “progreso” tecnológico mata al espíritu y lo que somos, o que nos liberará a todos?
6.- ¿A qué libertades estás dispuesto a renunciar a cambio de mayor seguridad?
7.- ¿Cómo podemos conseguir que la ratio mujeres / hombres alcance la igualdad en todos los pasos de la vida, del nacimiento a la muerte, en la educación, el trabajo y el ocio?
8.- ¿Qué harías si supieras que nunca te pillarían?
9.- ¿Qué texto ha cambiado de manera más profunda tu corazón y tu mente? Frase, letra de canción, carta, libro, poema, inscripción.
10.- ¿Te gustaría que los Estados Unidos de América a) ganaran fuerza? b) siguieran más o menos igual? c) perdieran fuerza? ¿Por qué?
11.- Dentro de 25 años el cambio climático habrá creado más de 100 millones de refugiados. ¿Dónde deberían ir?
12.- ¿Eres feliz? Si la respuesta es que sí, ¿por qué? Si la respuesta es que no, ¿hay algo que puedas hacer al respecto?
13.- ¿Cómo se beneficiará el mundo de un realineamiento de los superpoderes económicos en el siglo 21?
14.- ¿Son la religión y la democracia incompatibles?
15.- La mitad de las lenguas del mundo están tan seriamente en peligro que es probable que mueran durante el curso de este siglo. ¿Importa?
16.- ¿Qué determina la comida que compras?
17.- ¿Salvarán al mundo del hambre los alimentos modificados genéticamente o la carne de laboratorio?
18.- ¿Qué pueden el campo y la ciudad aprender el uno del otro?
19.- Si te convirtieras en el líder de tu país, ¿qué es lo primero que arreglarías?
20.- ¿Qué estación (del año) te importa más y por qué?
21.- Las enfermedades mentales afectan a un 25% de nosotros cada año. ¿Debemos tratar la percepción de la enfermedad mental en el enfermo o en la sociedad?
22.- ¿Es realmente posible preocuparse por acontecimientos que tendrán lugar después de la muerte de nuestros nietos?
23.- Enséñanos algo importante que sepas.
24.- ¿Qué líderes, escritores, científicos y artistas vivos están abriendo las puertas del futuro a la humanidad?
25.- Estamos construyendo una biblioteca de literatura, música y cine. ¿Qué libro, película y disco contribuirías a ella?

18 julio 2012

Air guitar


Si además de a Marcel Proust tocando la "air guitar" en una raqueta, quieren ver a Susan Sontag vestida de oso de peluche, a Ernest Hemingway dándole una patada a una lata, o a Truman Capote echándose una siesta debajo de un sombrero, pasen y vean... 

16 julio 2012

Manifiesto

"¡Qué difícil es no caer cuando todo cae!" Antonio Machado

Y sin embargo hay quien resiste de un modo admirable, a la manera antigua y hermosa de los viejos héroes. Gentes que saben que el invierno acaba fracasando de una forma sublime y que siempre termina en primavera. Gentes que nacen cada cientos de años y cuyas pautas hay que aplicar con urgencia. Como Bill Hicks, cómico y leyenda, arrebatado a los 32 años por un cáncer. Diagnosticada su enfermedad, eligió pasar lo que quedaba de sus días junto a sus padres, en su pequeña casa de la América profunda: viendo de cerca la última vuelta del camino, dedicó su tiempo a mostrar a su familia los libros, la música y el cine que adoraba. Les abrió sus inquietudes y compartió sus pasiones. Quería que supiesen quién era. Quería que amasen lo que él amaba. Dejó escritas sus últimas palabras: "Parto con amor, con risa y con verdad, y donde quiera que haya verdad, amor y risa, ahí estaré en espíritu." Este Cuaderno recoge algunas de las cosas que amamos, resume nuestras inquietudes y refleja nuestras pasiones. Aquí están para ser compartidas, porque quizá ni el conocimiento ni la cultura aportan felicidad, pero nos recuerdan que seguimos vivos y que estamos acompañados. La capacidad de jugar, de imaginar, de fundirnos en el humor y de perdernos en la belleza, nos abre nuevos abismos pero también nuevos paraísos. Es lo que nos separa de una armonía animal, primitiva, camuflada de satisfacción existencial.

Cuanto más ignorante es una persona, menos maravilloso le resulta el mundo. Y a pesar de que a veces sintamos que nos golpea un odio cósmico, lo sigue siendo. Como decía Bill Hicks, después de todo "It's just a ride". Den ese paseo con nosotros. Cojámonos de la mano: juntos aprenderemos a fabricar bombas de patatas, uniremos a bellos amantes, buscaremos monstruos entre los colores, leeremos poemas, descubriremos que hay pueblos que se llaman Villapene y ayudaremos a Currupipi a escapar de Ambiciones. Desataremos las fuerzas de la elevación, la elegancia y el entusiasmo. Nadie puede torcerlas, como nadie puede aplacar los volcanes o controlar los maremotos. Reiremos y cantaremos con mente afilada y mirada limpia. Levantaremos nuestra copa y brindaremos como piratas, en honor a la alegría, el conocimiento y la exaltación. Quizá no hayamos elegido el juego, pero desde luego no vamos a perder.

***

Si no se les ha puesto la piel de gallina, es que les corre horchata por las venas.
Salgan, salgan ya y compren el Cuaderno de Blackie Books. Estampen su firma en el Manifiesto Cuadernista y únanse a la diversión. Seguimos vivos y estamos acompañados...

13 julio 2012

Puentes

Así, leer/escuchar/escribir es abrir para nosotros y para otros un camino de libertad. Pero se trata no de algo dado de una vez y para siempre sino de un camino, porque no es ya en un libro o en una acción sino en el tránsito, en la precariedad de lo que está dejando de ser para convertirse en otra cosa, en ese río del tiempo que va de una palabra a otra, de un libro a otro, de un gesto a otro, donde se aprende y donde se enseña. Podemos ofrecer libros y diseñar estrategias de lectura, pero servirán de poco si desarticulamos la capacidad de disparar la letra, si desactivamos su cualidad de transformarnos, de incomodarnos, de hacernos pensar. Escuché decir una vez a una maestra: "quiero ser un puente sencillo entre los libros y mis alumnos". No sé si pueda haber una definición mejor para un maestro, en cualquier nivel educativo, que la de ser un puente por el que transita un saber recibido, procesado en el crisol de lo más personal, puesto en discusión en el espejo refractario de la propia ideología, para pasarlo luego como un saber que se desea legar a los que llegan, un saber que, según consideramos, los que nos siguen no debieran perder, para que la vida se les haga más intensa, de mayor espesor, con más entidad e identidad o sencillamente más soportable.

[...]

Una obra es el espacio donde se encuentran - en el momento único que ofrece la lectura - quien escribe y quien lee, dos subjetividades a veces de distintos siglos, de distintas culturas, de distintas lenguas. Escuchar la voz, el grito, el susurro, el dolor o el asombro de una cortesana de la dinastía Tang, un funcionario del siglo de Pericles, un campesino maya k'iché, una solterona norteamericana del siglo diecinueve o una aristócrata rusa de comienzos del siglo veinte, es un encuentro que sólo nos permite el arte. Leemos en nuestra necesidad de ensimismarnos, pero también porque buscamos intensa, desesperadamente, comunicarnos. Siempre pensé, mientras hacía talleres literarios en instituciones carcelarias, en barrios o geriátricos y también en estos últimos años, mientras escribo en mi casa, que las palabras y los libros no son importantes por sí mismos, sino porque a un extremo y al otro de lo escrito o leído hay personas que se encuentran. Los libros son puentes entre personas, puentes para "aprender a pisar, a sostenerse", como dice la poeta Circe Maia.

***

El artículo de María Teresa Andruetto (premio Andersen 2012) La lectura, otra revolución, tiene otros fragmentos que podría haber reproducido aquí, pero me quedo finalmente con estos dos, con la esperanza de que piquen y vayan a leer el texto completo a Imaginaria.

11 julio 2012

Copia número 1



Vía explore.
Mismo título, misma idea que este otro, e igualmente delicioso...

09 julio 2012

Animales lectores



































No pretendo ser exhaustiva en la narración de la entrevista que Sergio Vila-Sanjuan hizo la semana pasada a Alberto Manguel, pero ya que me gusta llevar conmigo a estos encuentros alguna libreta donde anotar frases, fragmentos de diálogos, ideas, referencias a bibliografía, etc... hoy les traigo algunas de esas anotaciones, la mayoría de ellas escritas en primera persona, como si Manguel estuviera aquí hablando con ustedes. No es el caso, tendrán que fiarse de mis notas (modestia aparte, siempre se me dio bien tomar apuntes; mis profesores se sorprendían de que fuera capaz de escribir y seguir escuchando al mismo tiempo) y de mi memoria al intentar reconstruir su discurso. Un discurso que no ha perdido su sentido del humor y su frescura a pesar de la cantidad de veces que ha debido responder a las mismas preguntas. De hecho, Sergio Vila-Sanjuan empezó la entrevista, una vez finalizado el pertinente repaso a la trayectoria de Manguel, comentando que el propio Manguel reconoce que hay tres preguntas que está condenado a contestar una y otra vez: cómo fue su relación con Borges, cómo montó su biblioteca en Poitiers, y cuál es el futuro del libro. Efectivamente, Manguel está condenado a contestarlas, también en esta ocasión, como admite en un momento dado que está condenado a escribir sobre libros, lectura y bibliotecas. 

Ante Manguel, uno tiene la sensación de estar ante un sabio, un erudito... y lo mejor de todo es que es uno de esos sabios que además sabe comunicar su sabiduría y contagiar su entusiasmo. Si no han leído nada suyo todavía, pueden empezar por los enlaces que les propuse la semana pasada y seguir por La biblioteca de noche, un ensayo muy ameno - a mí Una historia de la lectura me da mucho respeto... no así La biblioteca de noche, que veo como más íntimo y cercano, un libro escrito de lector a lector.


Sin más preámbulos, con todos ustedes, lo más destacado (para mí) de la charla de Alberto Manguel.


***

El destino itinerante me convirtió en lector. Cambiábamos tanto de casa que no sabía a qué llamar hogar. Llegar a mi habitación por la noche, abrir un libro y saber que en una determinada página encontraría el mismo texto y la misma ilustración que la noche anterior era lo que me hacía sentir en casa. Le doy la razón a Marguerite Yourcenar, que dijo aquella famosa frase de "mi patria son los libros".

Al leer un libro con mucha atención, ese libro puede llegar a reflejar toda una biblioteca. Uno puede estar leyendo La Celestina y acabar relacionándola con toda la literatura universal.

Trabajar en una librería me permitió adquirir experiencia y conocimiento sobre los ciclos de los libros, los libros de fondo, cómo se comparte la lectura y, sobre todo y a base de pasarles el plumero, saber dónde están los libros. Me molesta mucho llegar a una librería, que el librero compruebe en la computadora que en el espacio de la librería hay un ejemplar de un título, pero que no sepa donde está.

En la librería nos obligaban a conocer no solo la ubicación, sino también el contenido de los libros. Me llevaba a casa muchos de ellos para leerlos, que luego no devolvía. Una vez que uno ha leído un libro ¿cómo va a devolverlo? ¿Cómo, después de la intimidad de habérselo llevado a la cama? Por eso no presto libros: prestar libros es una incitación directa al robo.

[Ante el comentario de Sergio Vila-Sanjuan de que hoy, debido a la velocidad a la que aparecen nuevos títulos y a la rotación de los mismos en las librerías, conocer el fondo de una librería es casi imposible, Manguel responde:] No, no es imposible. Los libros se dejan y los libreros no han perdido la memoria. Los únicos que no tienen memoria son los banqueros.

[Sobre los años que pasó leyendo en voz alta para un Borges que ya había perdido la visión] Todos los que ejercimos de lectores de Borges deberíamos juntarnos alguna vez en un Congreso internacional, pues Borges le pedía a todo el mundo que le leyera en voz alta. En aquellos años, por culpa de la arrogancia de la adolescencia, yo pensé que le estaba haciendo un favor a un viejito, y ahora me arrepiento de no haber tomado notas de mis encuentros con Borges.

Es igual de fácil elogiar que destruir un texto, y se pueden hacer ambas cosas con el mismo texto. Borges lo hacía constantemente, por ejemplo criticando versos de Shakespeare.

Borges aceptaba cualquier cosa: conversaciones, prólogos... podría haber escrito el prólogo a cualquier señora gorda que se le presentase.

Escribí Una historia de la lectura porque no tenía ni idea de lo que iba a escribir. En el New York Times me pidieron un ensayo sobre la lectura, que debía tener unas 10 o 15 páginas, y mientras tomaba notas sobre las diferentes características de las que quería hablar, me di cuenta de mi propia ignorancia y comencé a documentarme sobre temas como, por ejemplo, la lectura silenciosa.

[Sergio Vila-Sanjuan le pregunta: ¿Puede la humanidad dividirse entre la gente a la que le gusta leer en la cama y la gente a la que no le gusta?] Hasta ahora los libros podían dividirse según si podían leerse en la cama, o necesitaban de una mesa, o podían llevarse en el bolsillo, pero el ebook va a encargarse de acabar con estas distinciones.

Los libros se reproducen de noche. Es por eso que cualquier espacio que uno dedique a la biblioteca siempre se quedará pequeño, y los libros empezarán a invadir la casa. Ya lo están haciendo en la mía, en la que tengo una habitación de las antologías, una habitación del crimen...

Existen dos modelos de bibliotecas, las bibliotecas de exclusión y las bibliotecas de inclusión. Ambas tienen importantes representantes en el siglo VI, en el que el Papa Gregorio quemó la biblioteca palatina porque contenía libros herejes, mientras que Isidoro de Sevilla hacía grabar en la entrada de su biblioteca la frase "En esta biblioteca entran libros de todas clases".

Ante cualquier innovación tecnológica, ante cualquier instrumento, soy partidario de la pregunta: ¿A quien beneficia esto? Esto, ¿me sirve o no? Y también, ¿de dónde vienen estas urgencias, estas necesidades? Porque creo que nos han convencido de que las tenemos cuando no es así.

Como especie, somos animales lectores. Sobrevivimos porque disponemos del poder de la imaginación, porque podemos imaginar experiencias diferentes. La literatura nos permite experimentar otras personalidades, liberándonos así de las impuestas por aquellos que están en el poder.

***

ACTUALIZACIÓN: En el Diari d'un llibre vell encontrarán el vídeo completo de la entrevista. Gràcies per avisar, Xavier!

PS1: Lo siento, señor Vila-Matas, pero me fue imposible trasladar su abrazo al señor Manguel. Creo que Vila-Sanjuan hubiera sido una opción más segura para hacerle llegar su afectuoso saludo.

PS2: De nada. (Sí, hoy mi ego anda un poco más suelto de lo habitual. Lo pondré a raya antes de la próxima entrada)

06 julio 2012

Dejarlos sueltos

Cuando uno rastrea información sobre la crítica en la LIJ, encuentra que hay voces que se levantan porque “hay poca crítica en la LIJ”, porque pocos medios les dedican un espacio de relevancia. Pero es que, en realidad, no es relevante.

¿Con qué derecho un crítico es capaz de persuadir a un padre o a un profesor para que éste a su vez persuada (o, más bien, obligue) a su hijo o alumno a leer un libro en concreto? ¿No hemos sido todos niños (niños todos con la misma escuela de clásicos de la LIJ) y sabemos ya que la crítica de la LIJ es algo que «nos importa un pepino»?

A un niño o a un joven sólo hay que dejarle suelto en la sección de LIJ o en la de cómics (que forma parte ya de nuestra formación cultural y de nuestra personalidad diferenciadora respecto a otros siglos anteriores) para que encuentre lo que necesita leer en ese momento, al margen de la crítica, al margen de la imposición de los medios.

[...]

Si bien toda crítica responde a argumentos filosóficos y analíticos, a exégesis o a una variante de aquellos comentarios tan necesarios en la Edad Media para llegar a comprender mejor los textos antiguos que llegaban vía escuela de traductores de Bagdad o Toledo, la crítica de la LIJ se nos antoja como algo más parecido a esas cucharadas que nos hacían tragar de pequeño, esas cucharadas a rebosar de cualquier alimento que nos llenaba la boca y sólo deseábamos escupir porque, sencillamente, no nos gustaba. Y si, ya de mayores, aprendimos a tragarnos las cosas (incluso a disfrutar de cucharas rebosantes) sin necesidad de lucha, eso no significa que determinadas lecturas tengan que ser impuestas ni obligadas. Si tienen que ser leídas, ya se leerán en su momento. Porque forzar y persuadir lecturas a un niño o a un joven sólo produce malos lectores.

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A través del blog Literatura infantil y juvenil actual llego al artículo de Jorge de Barnola "La crítica en la literatura infantil y juvenil", que pueden leer íntegramente en la revista online Factor Crítico, pero cuyo final, aquí reproducido, resume bastante bien el conjunto.

No sé qué pensarán ustedes. A mí me ha hecho bastante gracia (igual que me la hacen todos los que intentan épater le bourgeois), quizá porque es bastante evidente que parte de un error de base: si no existiera la crítica de LIJ, los niños y los mediadores estarían, efectivamente, "al margen de la crítica", pero bajo ningún concepto "al margen de la imposición de los medios". De hecho, estarían totalmente sujetos a la imposición de los medios, y sometidos al poder del más fuerte, el más listo, el más mentiroso o el más rico, según el caso. Por eso me río. Mi conciencia de crítica de LIJ está tranquila: yo no intento persuadir a nadie de que lea ni de que obligue a leer nada... yo leo y opino y si alguien se fía de mis opiniones más que de las mesas de novedades de El Corte Inglés, que actúe en consecuencia...