17 junio 2013
En otros charcos
¿Queda alguien ahí fuera que no sepa que este año voy a ir a mi primer (primero de muchos, espero) Ilustratour?
¿Queda alguien ahí fuera que no sepa qué es Ilustratour?
Desde 2008 llevan celebrándose en Valladolid durante la primera semana de julio unas jornadas dedicadas al mundo de la ilustración y el álbum ilustrado. Se organizan en una serie de talleres dirigidos a "practicantes" de la ilustración, y unas jornadas con charlas y conferencias dirigidas a "amantes" de la ilustración. Empezaron pisando fuerte, con Svjetlan Junakovic, y enseguida llamaron la atención del mundillo. Algo se estaba cociendo en Valladolid, y no nos equivocamos... Desde aquel primer año, han pasado por allí algun@s de mis ilustradores favorit@s: Kveta Pacovska, Beatrice Alemagna, Jutta Bauer, Sophie Blackall, Elena Odriozola, Elisa Arguilé, Sylvia van Ommen, Hervé Tullet...
Este año, hice planes para no perdérmelo.
Pedí las vacaciones en la biblioteca sin conocer el programa, pero tenía una intuición.
Y no me ha fallado...
Oliver Jeffers.
Kitty Crowther.
Puño.
David Wiesner.
Chris Haughton.
(Y ellos solo son mis favoritos, porque luego también andarán por allí figuras de la talla de Alberto Gamón, Benoît Jacques, Marc Boutavant, Axel Scheffler, Alfonso Ruano...)
Esta semana y la que viene, voy a dejar por aquí unas breves notas sobre por qué me enamora cada uno de esos ilustradores. También les dejaré alguna imagen y, por supuesto, la bibliografía imprescindible para que se enamoren ustedes también.
¿Se vienen conmigo al Ilustratour?
***
Para saber más: entrevista con los organizadores de Ilustratour en el blog "Ilustrando dudas".
14 junio 2013
Me salva
- Los poetas también - añadió Ricardo Murga - saben transformar las cosas. Posan sus ojos en el mundo y lo absorben como un brebaje. Cuando empiezan a hablar, ya nada es igual. Es una forma de encantamiento. Yo intento ver cada día el mundo con esos ojos. Es lo que me salva.
Paolo, semidormido, murmuró:
- Yo también sé leer...
- Te dejaré libros - le prometió Ricardo.
A través de sus pesados párpados, Paolo atisbaba los volúmenes apilados en la biblioteca. ¡Había tantos! ¿Bastaría una vida entera para descifrar esos millones de palabras? No podía creer que aquel hombre tan viejo los hubiera leído todos, a no ser que fuera un mago de verdad, lo cual era perfectamente posible.
***
Sigo leyendo Las lágrimas del asesino.
Y ustedes, conmigo.
Paolo, semidormido, murmuró:
- Yo también sé leer...
- Te dejaré libros - le prometió Ricardo.
A través de sus pesados párpados, Paolo atisbaba los volúmenes apilados en la biblioteca. ¡Había tantos! ¿Bastaría una vida entera para descifrar esos millones de palabras? No podía creer que aquel hombre tan viejo los hubiera leído todos, a no ser que fuera un mago de verdad, lo cual era perfectamente posible.
***
Sigo leyendo Las lágrimas del asesino.
Y ustedes, conmigo.
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Leer es...,
Poesía
12 junio 2013
10 junio 2013
Extraño y relajante
Mientras el pollo comenzaba a tostarse en el asador y su aroma se expandía por la casa, Luis se puso a leer. Ángel fue a colocarse delante de la ventana con las manos en los bolsillos, escuchando el crepitar de las palabras al tiempo que lo hacían el fuego y la grasa del animal, que goteaba sobre las brasas. La historia hablaba de navegantes de tiempos remotos arrojados a tierra como haces de algas, ebrios por haber visto morir a tantos hombre en medio de las tempestades. También hablaba de la naturaleza y del corazón, con sencillez y valor. Y viendo golpear la lluvia contra los cristales, Ángel se dejaba mecer por las palabras de los poemas, sorprendido de comprenderlas sin esfuerzo. Estas palabras se abrían paso en su estrecho cerebro; eran como un agua poderosa que regaba su cuerpo, empujando poco a poco las piedrecitas y los pedazos de tierra, como cuando regaba el huerto. Era extraño y relajante.
Desde aquel día, el niño y los dos hombres vivieron juntos en la casa. Todas las tardes, Luis abría el libro y leía en voz alta entre los vapores de la sopa. Todas las noches, Ángel se colocaba ante la ventana para que los otros dos no vieran sus lágrimas, las lágrimas que humedecían sus ojos de asesino.
***
Las lágrimas del asesino, de Anne-Laure Bondoux.
[Si es que cuando tanta gente tan de fiar habla tan bien de un libro...]
Desde aquel día, el niño y los dos hombres vivieron juntos en la casa. Todas las tardes, Luis abría el libro y leía en voz alta entre los vapores de la sopa. Todas las noches, Ángel se colocaba ante la ventana para que los otros dos no vieran sus lágrimas, las lágrimas que humedecían sus ojos de asesino.
***
Las lágrimas del asesino, de Anne-Laure Bondoux.
[Si es que cuando tanta gente tan de fiar habla tan bien de un libro...]
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Leer es...
07 junio 2013
Word Pharmacy
Empezábamos la semana con palabras, y la terminamos igual. Si notan que se quedan sin ellas, nada mejor que una (o varias...) dosis de estos medicamentos. Seguro que son de los pocos en los que la automedicación no conlleva ningún peligro.
[Web del proyecto Word Pharmacy - vía Inspire Me Now]
05 junio 2013
Lo llamamos crítico
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Ando estos días leyendo unos cuantos cómics. Algunos pasan por la sección "Lo que estoy leyendo ahora" de la columna de la derecha, pero no todos. Moowiloo Woomiloo es uno de los que me ha durado un suspiro y no le ha dado tiempo de aparecer allí, pero estoy impactada. Hacía tiempo que no leía un cómic tan enfermo, pero al mismo tiempo que me haya arrancado semejantes carcajadas. Es muy bestia... y el ejemplo de aquí arriba, les aviso, no es nada (NADA) comparado con el resto. Cropofagia y pederastia; mutilaciones y deformaciones; odios, envidias y venganzas; y sobre todo, el mundillo del cómic.
No respondo si se lo leen y les ofende.
PS: Berta, amor... como discrepemos en la próxima crítica de Llibres al replà, ya puedes ir entrenándote con la navaja suiza!
03 junio 2013
Albaricoques
Palabras, de Jesús Marchamalo y Mónica Gutiérrez Serna (ed. Kalandraka - click para ver las primeras páginas), me gusta...
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31 mayo 2013
#Passengers
Paula Jarrin es librera, argentina, barcelonesa y mamá.
A ella y a los lectores con los que se cruza en sus traslados en transporte público, los encontraréis en Instagram participando en Passengers.
29 mayo 2013
Nuestros antepasados
Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski. Lo he buscado en aquellos estantes de allí, pero no está. ¿Estará, a lo mejor, en otra sección? ¿En literatura rusa, o así?
La bibliotecaria consultó en el ordenador. Los dos esperamos. Era una espera agradable, saturada de ese tiempo especial que circula por las bibliotecas municipales, como un caminante solitario entre los árboles del bosque.
Por fin alzó la cabeza y dijo: Tenemos dos ejemplares, pero están los dos en préstamo, lo siento. ¿Quiere reservar uno?
No, volveré otro día.
Asiente y se vuelve para atender a una mujer mayor, aunque más joven que yo, que lleva tres libros en la mano. La gente agarra los libros de una manera especial, diferente de como agarran cualquier otro objeto. No los sujetan como los objetos inanimados que son, sino como si se hubieran quedado dormidos. A veces los niños sujetan los juguetes del mismo modo.
La biblioteca en cuestión se encuentra en un barrio del extrarradio parisino que tiene una población de unos setenta mil habitantes. Aproximadamente cuatro mil tienen carné de la biblioteca y pueden sacar libros (hasta cuatro a la vez). Otros vienen a leer el periódico y las revistas o a consultar ciertas obras de referencia. Si tenemos en cuenta que una parte importante de esos habitantes son bebés y niños en edad preescolar, una persona de cada diez, más o menos, tiene carné de la biblioteca y de vez en cuando saca libros para leerlos en casa.
Me pregunto quién estará leyendo hoy, en el barrio, Los hermanos Karamazov. ¿Se conocerán entre ellos? No es muy probable. ¿Lo estarán leyendo los dos por primera vez? ¿O acaso uno de ellos ya lo ha leído y, como yo mismo, quiere volver a leerlo?
Entonces me encuentro haciéndome una extraña pregunta: si uno cualquiera de esos dos lectores y yo nos cruzáramos - en el mercado de los domingos, saliendo del metro, en un cruce de peatones, comprando el pan -, ¿intercambiaríamos una mirada que a los dos nos parecería un poco desconcertante? ¿Nos reconoceríamos sin darnos cuenta de ello?
Cuando un relato nos impresiona o nos conmueve, engendra algo que deviene, o puede devenir, una parte esencial de nosotros, y esa parte, ya sea pequeña o muy extensa, es, por así decirlo, la descendencia del relato, su retoño.
Lo que intento definir es más idiosincrásico y personal que una mera herencia cultural; es como si la corriente sanguínea del relato leído se uniera a la corriente sanguínea de la propia vida. Contribuye a nuestro devenir aquello que devenimos y seguiremos deviniendo.
Sin ninguna de las complicaciones y conflictos de los lazos familiares, esas historias que nos dan forma son nuestros antepasados, unos antepasados fortuitos, casuales, muy distintos de los biológicos.
En ese sentido, alguien de este extrarradio parisino, alguien que esté tal vez esta noche leyendo Los hermanos Karamazov sentado en una butaca, podría ser ya un primo lejano.
***
El cuaderno de Bento, de John Berger, de quien leí, hace ya siete años, Aquí nos vemos, y de quien tengo pendiente, por recomendación de un lector de este blog, Hacia la boda...
La bibliotecaria consultó en el ordenador. Los dos esperamos. Era una espera agradable, saturada de ese tiempo especial que circula por las bibliotecas municipales, como un caminante solitario entre los árboles del bosque.
Por fin alzó la cabeza y dijo: Tenemos dos ejemplares, pero están los dos en préstamo, lo siento. ¿Quiere reservar uno?
No, volveré otro día.
Asiente y se vuelve para atender a una mujer mayor, aunque más joven que yo, que lleva tres libros en la mano. La gente agarra los libros de una manera especial, diferente de como agarran cualquier otro objeto. No los sujetan como los objetos inanimados que son, sino como si se hubieran quedado dormidos. A veces los niños sujetan los juguetes del mismo modo.
La biblioteca en cuestión se encuentra en un barrio del extrarradio parisino que tiene una población de unos setenta mil habitantes. Aproximadamente cuatro mil tienen carné de la biblioteca y pueden sacar libros (hasta cuatro a la vez). Otros vienen a leer el periódico y las revistas o a consultar ciertas obras de referencia. Si tenemos en cuenta que una parte importante de esos habitantes son bebés y niños en edad preescolar, una persona de cada diez, más o menos, tiene carné de la biblioteca y de vez en cuando saca libros para leerlos en casa.
Me pregunto quién estará leyendo hoy, en el barrio, Los hermanos Karamazov. ¿Se conocerán entre ellos? No es muy probable. ¿Lo estarán leyendo los dos por primera vez? ¿O acaso uno de ellos ya lo ha leído y, como yo mismo, quiere volver a leerlo?
Entonces me encuentro haciéndome una extraña pregunta: si uno cualquiera de esos dos lectores y yo nos cruzáramos - en el mercado de los domingos, saliendo del metro, en un cruce de peatones, comprando el pan -, ¿intercambiaríamos una mirada que a los dos nos parecería un poco desconcertante? ¿Nos reconoceríamos sin darnos cuenta de ello?
Cuando un relato nos impresiona o nos conmueve, engendra algo que deviene, o puede devenir, una parte esencial de nosotros, y esa parte, ya sea pequeña o muy extensa, es, por así decirlo, la descendencia del relato, su retoño.
Lo que intento definir es más idiosincrásico y personal que una mera herencia cultural; es como si la corriente sanguínea del relato leído se uniera a la corriente sanguínea de la propia vida. Contribuye a nuestro devenir aquello que devenimos y seguiremos deviniendo.
Sin ninguna de las complicaciones y conflictos de los lazos familiares, esas historias que nos dan forma son nuestros antepasados, unos antepasados fortuitos, casuales, muy distintos de los biológicos.
En ese sentido, alguien de este extrarradio parisino, alguien que esté tal vez esta noche leyendo Los hermanos Karamazov sentado en una butaca, podría ser ya un primo lejano.
***
El cuaderno de Bento, de John Berger, de quien leí, hace ya siete años, Aquí nos vemos, y de quien tengo pendiente, por recomendación de un lector de este blog, Hacia la boda...
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Leer es...
27 mayo 2013
¿Y tú?
Es curioso, como a veces el universo parece girar alrededor de algo.
Este librito de Puño ha estado en el centro de varios intercambios recientes. Lo descubrí en un blog, lo compartí en un tuit, me lo regaló (ella) de manera inesperada, y ahora lo encuentro digitalizado en el issuu de Álvaro Sobrino.
¿Será "Yo leo" el centro de todo?
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Leer es...,
Puño
24 mayo 2013
Sopa de letras
- Anatomía poética de las letras.
- Kama Sutra alphabet.
- Ampergram.
- Una tipografía contra los recortes.
- Un alfabeto para imprimir y montar.
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- Kama Sutra alphabet.
- Ampergram.
- Una tipografía contra los recortes.
- Un alfabeto para imprimir y montar.
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22 mayo 2013
20 mayo 2013
Un buen libro
Hay más literatura en la vida de cualquier lector que en las lecturas de cualquier vida.
*
Uno no lee poemas: se entiende con ellos.
*
A veces leer es demasiado fértil.
*
Todas las novelas son históricas.
*
"Pellízcame para saber si es cierto": ese pellizco vendría a ser, exactamente, la poesía.
*
Los escritores fingimos leer; en realidad reescribimos.
*
Un buen crítico ayuda al autor a comprender qué ha escrito.
Un mal crítico le muestra para quién no escribe.
*
Los editores tienden a elegir entre admirar a sus autores o pagarles.
*
La poesía es inevitable: lo difícil sería mirar literalmente.
*
Leer como si, dentro de un minuto, nos fueran a apagar la luz.
*
La gratitud luminosa de cerrar un buen libro.
***
Algunos aforismos de Andrés Neuman en El equilibrista.
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17 mayo 2013
15 mayo 2013
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