31 agosto 2006

Costumbres

La mayor parte del tiempo me dedico a observar a los lectores. Los conozco a todos. Tienen sus costumbres. Algunos olfatean los libros como si estuviesen escogiendo un queso camembert. Otros, los eligen al azar. Les encantan las sorpresas. ¡La librería es como un juego de lotería! Y luego están los que no se deciden. Cogen un libro. Lo vuelven a dejar. Lo cogen de nuevo. Al final cambian de opinión y dejan otra vez el libro en su sitio. A menudo se marchan con las manos vacías, contrariados por no haber comprado nada.

(El fragmento es de Los bebedores de tinta, de Éric Sanvoisin. La foto, de I love cheese.)

30 agosto 2006

C'est moi??

Señoras, señores...
Con todos ustedes...
MADAME BOVARY!!

(Cortesía de nh - ver los comentarios al post "Un punto de domingo" - y, por supuesto, de
Planeta deAgostini.)

El libro maldito

Y ya que hablo de textos, voy a referirme, para terminar, a los libros canónicos de la religión lovecraftiana. Estos libros – según Carter – “contribuyeron a apoyar numerosos detalles de los Mitos, a los que dan un aire de autenticidad y de erudición”. [...]

Algunos de dichos libros tienen existencia real, como el Thesaurus Chemicus de Bacon, la Turba Philosophorum, The Witch-Cult in Western Europe de Murria, De Masticatione Mortuorum in Tumulis de Raufft, el Libro de Dzyan, la Ars Magna et Ultima de Lulio, el Libro de Thoth, el Zohar, la Cryptomenysis Patefacta de Falconer o la Polygraphia de Trithemius. Estos libros se citan sobre todo por sus nombres rimbombantes y misteriosos, pero, naturalmente, tienen en realidad muy poco o nada que ver con los Mitos. De los demás, sin embargo, la mayoría es puramente inventada y trata directamente de los Mitos, aunque, como he dicho, de modo velado y, al parecer, en medio de otros temas diversos aunque igualmente esotéricos. Entre ellos, los principales son: el Libro de Eibon, el Texto R’lyeh, los Fragmentos de Celaeno, los Cultes des Goules del conde d’Erlette, De Vermis Mysteriis de Ludvig Prinn, las Arcillas de Eltdown, el People of the Monolith de Justin Geoffrey, los Manuscritos Pnakóticos, los Siete Libros Crípticos de Hsan, los Unaussprechlichen Kulten de Von Juntz y, sobre todo, el Necronomicon de Abdul Alhazred.



Este último libro es mencionado con tal lujo de detalles bibliográficos y se citan tantos pasajes suyos en los Mitos que mucha gente ha llegado a creer en su existencia real. Derleth relata en un divertido artículo cómo, al principio, algunos lectores engañados empezaron a insertar anuncios, solicitándolo, en las revistas más serias y respetables. Luego, ya como broma, ya como estafa, el Necronomicon comenzó a aparecer en la sección de ofertas de la prensa y por fin hasta en los catálogos de los libreros de viejo. Derleth cita el siguiente anuncio, aparecido en 1962 en el Antiquarian Bookman: “Alhazred, Abdul, Necronomicon, España, 1647. Encuadernado en piel algo arañada descolorida, por lo demás en buen estado. Numerosísimos grabaditos madera signos y símbolos místicos. Parece tratado (en latín) de Magia Ceremonial. Ex libris. Sello en guardas indica que procede de Biblioteca Universidad Miskatonic. Mejor postor”. Asimismo, el libro ha sido a menudo solicitado en las bibliotecas públicasy y, lo que es más grande, ¡incluso ha aparecido en los propios ficheros de éstas! En 1960 se descubrió, en el archivo de la Biblioteca General de la Universidad de California, la siguiente ficha, elaborada sin duda por un estudiante bromista:

BL 430
A 47
B

Alhazred, Abdul _________ aprox. 738 d.C.
NECRONOMICON (Al Azif) de Abdul
Alhazred. Traducido del griego
por Olaus Wormius (Olao Worm)
xiii, 760 págs., grabados madera,
enc. tablas, tam. fol. (62 cm)
(Toledo), 1647

Esta ficha, según Derleth, “es deliciosamente plausible, ya que la sección BL 430 de la Biblioteca está dedicada a las religiones primitivas y la letra B corresponde a un armario cerrado donde se guardan libros que no deben ser hojeados por cualquiera”.

Por mi parte, puedo añadir que, en París, en la librería “La Mandragore”, especializada en literatura fantástica, hay clavada en la pared una lista de libros raros muy solicitados. ¡En primer lugar figura el Necronomicon! Claro que también aquí se trata de una broma, obra en este caso de mi amigo François Béalu.

(Fragmento de la introducción de Rafael Llopis a Los Mitos de Cthulhu, de H.P. Lovecraft y otros, publicado en Alianza Editorial.)

29 agosto 2006

Sin palabras

Una de las impresionantes (increíbles, fantásticas, maravillosas, no encuentro adjetivos que lleguen a la suela de los zapatos de las) fotos de bibliotecas que encontraréis en este post de "the nonist", que ha llegado a mi conocimiento a través de la lista de distribución Iwetel.

Ay... (suspiro)

28 agosto 2006

Un punto de domingo

El de la izquierda, dibujado por nh para mi lectura de Los Mitos de Cthulhu (¿falta alguna "h"?).
El de la derecha, un detalle que me han traído desde Egipto :-)

Words, words, words

Cuando Hamlet se paseaba anunciando lo que leía: "Palabras, palabras, palabras", se refería probablemente a alguna protonovela de ésas que le secaron el cerebro a Don Quijote. Pero el género ha progresado mucho desde entonces y sin duda Hamlet repetiría hoy simplemente: "Publicidad, publicidad, publicidad".

(Julián Ríos en "La lata el tambor", artículo publicado en El País el sábado 26 de agosto de 2006).

PS: Os he cambiado el enlace para que podáis leer el texto completo. Una se acostumbra a las suscripciones de prensa de las bibliotecas y se olvida del resto de mortales. Gracias por el aviso.

25 agosto 2006

Lluvia de letras


No sé de quién es la ilustración. La compré, en forma de postal, en un mercadillo al aire libre de Barcelona. Por detrás solo consta una dirección de correo electrónico.
Con esta lluvia de letras os dejo hasta el lunes.

¿Trágico o grotesco?

En la vida, pocas veces aparecían explícitos los materiales de la epopeya y de la tragedia, y las historias casi siempre se presentaban con las modestas ropas de la tragicomedia, de lo grotesco o del sainete. Para los amantes de la literatura, la vida era insatisfactoria.

(Otra "perla" de Trece campanadas, de
Suso de Toro).
(La imagen la tomé prestada de
aquí).

PS: las dos cosas que le diría al autor de esas palabras, ya sea ficticio o real, en los comentarios.

24 agosto 2006

La vida cuántica de los libros

"Una de las propiedades más extrañas de la mecánica cuántica es que, en ese mundo microscópico, un objeto no está ni aquí ni allí, sino en los dos sitios a la vez. Y no tiene una forma estable: sólo cuando lo observas quedan definidas sus propiedades. Todo en él es difuso, pero no porque no lo veas bien, sino porque es así. Es como una película completamente borrosa que se va enfocando y construyendo conforme la vas mirando."

(Lo dice Ignacio Cirac, premio Príncipe de Asturias 2006 de Investigación. Haz click aquí para leer el artículo entero).

Tras leer esto, me pregunto si al levantar la vista del libro y dejarme despistar, durante fracciones de segundo, por el mundo que me rodea, no aprovecharán las letras, los puntos, las comas, los acentos y los números de página para reordenarse, mezclarse, borrarse y reimprimirse (lo que antes era "por arte de magia" ahora sería "por arte de ciencia"), aprovechando para intercambiar moléculas de tinta en un frenético ir y venir, fundiéndose y separándose, para luego volver a su sitio, como si nada hubiera sucedido, cuando devuelvo la mirada al texto.

Quién sabe de la vida cuántica de los libros...

23 agosto 2006

Invisible library

"The Invisible Library is a collection of books that only appear in other books. Within the library's catalog you will find imaginary books, pseudobiblia, artifictions, fabled tomes, libris phantastica, and all manner of books unwritten, unread, unpublished and unfound."

¿Por qué?
¿Por qué no funciona esa página?
¡La necesito!
:-(

22 agosto 2006

Bibliotecarios

El bibliotecario

El otro bibliotecario
Dave McKean (c. 2005), en Mirrormask.

[Y Romero Librero, aquí]

21 agosto 2006

Frialdad + Ironía + Un toque de cinismo

- ¿Y por qué no escribes una novela con esa historia que nos has presentado?
- No sirve para novela. Hace cien años aún podía valer, pero ahora el lector es otro... - él no entendía -. Mira, en el cine se acepta eso, una historia retorcida, terrorífica, que meta miedo o que haga llorar... o incluso que haga reír, una comedia. Si haces una ópera también te lo aceptan. Pero tú no puedes poner eso en un libro.
- ¿Por qué? No lo entiendo... Si está bien contado...
- No puedes, qué va. Eso se ha quedado para el cine, desde que hay cine la novela tiene un lector que le pide al libro algo distinto. Quien lee literatura hoy quiere cosas de buen gusto, no es broma. Cosas que no sean vulgares, o mejor, corrientes. El cine puede satisfacer el gusto más común, pero la literatura no debe hacerlo, sino complacer el de la gente de buen gusto. Y el buen gusto requiere que no haya sentimientos ni estremecimiento, pide frialdad e ironía. Si puede ser, un toque de cinismo. Además, las novelas deben tratar de personajes con psicología y situados en un ambiente social y todo eso, y mi historia trata de una especie de monstruo que vive fuera del tiempo... A esa historia no le queda bien el formato de novela.
- Vaya, has estudiado bien el asunto. Le das muchas vueltas a las cosas...
- Es mi oficio, darle vueltas a la imaginación primero y luego reflexionar sobre cómo contar lo que he imaginado. Tengo que separar lo que escribo para publicar de lo que hago para cine o televisión. Y a lo mejor el público tiene razón porque, ¿sabes?, la literatura, sobre todo la novela, es un arte racional y racionalista. Y el propio lector, cuando lee, hace una lectura racional, va articulando la novela.

(Fragmento de Trece campanadas, de Suso de Toro).
(La imagen la tomé prestada de aquí).

18 agosto 2006

Antonio Lobo Antunes (II)

los libros deberían llevar el nombre del lector, no del autor, en la cubierta, es el lector quien le da sentido a medida que lee, es al lector a quien le pertenece la voz, y no sólo la voz, la carne y los ojos y el corredor y el paso, y el lector está solo y es inmenso, el lector contiene en sí el mundo entero desde el principio del mundo, y su pasado y su presente y su futuro, y se escucha a sí mismo y siente el peso de cada víscera, de cada célula, de cada íntimo rumor, el lector no para de crecer y ya no necesita ni el libro ni a mí, y al acabar el libro comienza, y al guardar el libro en el estante el libro continúa y el lector continúa con él, cada célula se divide en millares de células y el lector es muchos, y el lector deja de leer porque no está leyendo, aunque piense que está leyendo no está leyendo nada en absoluto, tiene todas las edades al mismo tiempo y todos los tiempos de su vida aunque el libro esté cerrado en algún rincón de la casa y el lector no lo necesite para continuar con él

(Fragmento del artículo "La mejor es la única buena", publicado en El País del sábado 22 de julio de 2006. Podéis leerlo completo aquí. La gente de Tökland y Libreros han seleccionado otros fragmentos del mismo artículo, por si necesitáis más razones para leerlo...)
(La imagen la encontré aquí)

Antonio Lobo Antunes (I)

17 agosto 2006

Imagina't que un dia...

"... un llibre s'obre
per unes silencioses frontisses,
i un lloc que mai abans havies vist
et dóna la benvinguda a casa teva.
Imagina't que aquest dia... és avui."

["...un libro se abre
por unas silenciosas bisagras,
y un lugar que nunca antes habías visto
te da la bienvenida a tu casa.
Imagina que ese día... es hoy."]

(Ilustración y texto del álbum Imagina't un dia.
Ilustraciones de
Rob Gonsalves. Texto de Sarah L. Thomson).

16 agosto 2006

Troballes (I)

El ser humano es curioso por naturaleza. Si no fuera así, seguramente no estaríamos ahora donde estamos (si es para bien o para mal queda a la interpretación de cada uno). En el mundo de los libros, la curiosidad puede llevar a los lectores compulsivos como yo hasta extremos insospechados, y lo que espera al otro lado de ese interrogante que se nos dibuja sobre la cabeza puede ser una grata sorpresa o un gran chasco. Leemos por encima del hombro de la gente que se nos sienta al lado en el metro, chafardeamos entre las estanterías de los amigos (para encontrar el qué eso ya no lo sé), nos paramos a leer contraportadas de libros solo porque hay algo que nos llama desde la portada... a veces incluso hacemos todo lo contrario y, por curiosidad, compramos libros (o, menos arriesgado económicamente, los sacamos en préstamo de la biblioteca) sin saber nada ni sobre el autor ni sobre el título, solo por... eso, por simple y pura curiosidad.

Trabajando en una biblioteca la curiosidad por los libros y lo que les rodea crece de manera exponencial. Yo, por ejemplo, no puedo resistir el mirar dentro de los libros cuando "veo" que hay algo entre sus páginas. Ya sabéis, según qué libro hasta el más ínfimo trozo de papel deja una marca entre las páginas, un espacio más grande allí donde se encuentra el objeto en cuestión, que entre el resto de las páginas del libro. La mayoría de las veces, el objeto en cuestión es uno de los aburridos puntos de libro en los que las bibliotecas marcamos la fecha de devolución. Pero otras, encuentras otro tipo de cosas... y es la curiosidad por ver qué cosa puede ser la que me empuja a sacar el libro de su sitio y abrirlo, esperando sorprenderme. No sucede muy a menudo, pero cuando encuentro algo curioso (quan faig una de les meves troballes), me lo quedo.

Hace poco que he empezado a coleccionar estas "troballes", pero mi pequeño tesoro ya tiene cinco joyas. Y no es que hoy haya encontrado alguna nueva y tan feliz ocasión haya provocado esta entrada. No. Hoy he provocado una "troballa". He dejado dentro de un libro una curiosidad para que alguien la encuentre.

Y, para quien sienta curiosidad por el resto de objetos de papel encontrados en los libros, aquí os dejo todas mis "troballes" (hay una escondida detrás de cada palabra). Algunas son más misteriosas (¿cómo sonará esa composición musical? ¿taxidermista?) que otras, pero me alegro de haberlas encontrado a todas. Ojalá sean las primeras de una larga lista de encuentros bienaventurados.

La próxima vez que saquéis un libro en préstamo de la biblioteca, al ir a devolverlo pensad en dejar algo para los bibliotecarios curiosos. Estas "troballes" verdaderamente nos alegran el día :-)