09 octubre 2013
04 octubre 2013
La armonía de los libros
Para el escritor no existe reconocimiento mayor que el que le ofrece el lector anónimo; ese lector apartado, sin poder de ningún tipo; ese lector - dicho sea con todos los honores - que no existe. El creador arroja su palabra nueva al océano de la noche y, en orilla apartada, el anónimo lector recoge el mensaje, sintoniza con la palabra revelada. No otro es el fin de la creación: encontrar un espejo claro y anónimo donde reflejar la palabra inspirada.
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Nuestro entusiasmo y nuestra felicidad parecen estar en relación directa con las lecturas que más amamos. ¿Será, por ello, tan difícil ser plenamente felices como encontrar un buen libro? ¿Está la felicidad en lo que los otros ya pensaron, y sintieron, y escribieron por nosotros? Por la misma razón, el afán de escribir no sería sino una búsqueda - la mayor parte de las veces inconsciente, automática, ignorante - de la felicidad. El libro - leído o escrito - como microcosmo de armonía.
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La cada día más acusada sensación que nos produce la obra de arte (o la literaria) de que es un "producto"; es decir, algo que se exhibe (o que se lee) y se olvida, que sale de la nada y que a la nada vuelve. Lo contrario del fruto artístico, el cual es el resultado de una siembra interior, de unos cuidados, de un crecimiento y de una maduración en el tiempo. Esta sensación de "producto" acrecienta cada día el número de los que ven cómo sus obras se imponen, brillan y mueren en el fulgor instantáneo de los televisores.
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[Fragmentos de Tres tratados de armonía, de Antonio Colinas. Tras este inciso, seguimos con la correspondencia de los miércoles... pero quería compartir la primera de las lecturas propiciadas por el intercambio postal.]
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Nuestro entusiasmo y nuestra felicidad parecen estar en relación directa con las lecturas que más amamos. ¿Será, por ello, tan difícil ser plenamente felices como encontrar un buen libro? ¿Está la felicidad en lo que los otros ya pensaron, y sintieron, y escribieron por nosotros? Por la misma razón, el afán de escribir no sería sino una búsqueda - la mayor parte de las veces inconsciente, automática, ignorante - de la felicidad. El libro - leído o escrito - como microcosmo de armonía.
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La cada día más acusada sensación que nos produce la obra de arte (o la literaria) de que es un "producto"; es decir, algo que se exhibe (o que se lee) y se olvida, que sale de la nada y que a la nada vuelve. Lo contrario del fruto artístico, el cual es el resultado de una siembra interior, de unos cuidados, de un crecimiento y de una maduración en el tiempo. Esta sensación de "producto" acrecienta cada día el número de los que ven cómo sus obras se imponen, brillan y mueren en el fulgor instantáneo de los televisores.
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[Fragmentos de Tres tratados de armonía, de Antonio Colinas. Tras este inciso, seguimos con la correspondencia de los miércoles... pero quería compartir la primera de las lecturas propiciadas por el intercambio postal.]
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Antonio Colinas,
Escribir es...,
Lecturas,
Leer es...
02 octubre 2013
30 septiembre 2013
En la paz de la (última) mañana de septiembre...
En la paz de la mañana de septiembre leo uno de esos libros en los que, sin más, nos reconocemos. El sosiego y la mansedumbre de la mañana se funden con el sosiego y la mansedumbre del texto. Y todo es, bajo la luz, como un río de luz que fluye feliz.
Antonio Colinas, Tres tratados de armonía.
Antonio Colinas, Tres tratados de armonía.
25 septiembre 2013
18 septiembre 2013
11 septiembre 2013
04 septiembre 2013
García Márquez, Murakami y Marías

BSO para García Márquez:
BSO para Murakami:
BSO para Marías:
[Todas ellas, cortesía de @CgAjeanmurdock]
Etiquetas:
Gabriel García Márquez,
Haruki Murakami,
Javier Marías
28 agosto 2013
21 agosto 2013
Twain
[BSO cortesía de @CgAjeanmurdock]
[Intercambiando postales]
14 agosto 2013
07 agosto 2013
31 julio 2013
24 julio 2013
a solas
La literatura es un pequeño país asediado y orgulloso que no se rinde nunca a sus invasores. Es uno de los pocos reinos estrictamente íntimos que nos quedan. Stendhal dedicó la cartuja de Parma "to the happy few", es decir, a unos pocos hombres felices de estar solos y de no ser muchos. Juan Ramón Jiménez deseaba dirigirse a la "inmensa minoría". No se trata de una repulsiva afirmación de elitismo, sino de la conciencia de que el acto de la escritura o de la literatura no se celebra a voces ni enmedio de la multitud, porque es la más delicada y radical demostración de la soberanía de un hombre, de su irreducible libertad. La lectura nos sitúa en un estado de espíritu semejante al de la amistad o el amor: estamos a solas con quienes hemos elegido, con quienes son iguales a nosotros.
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Antonio Muñoz Molina en ¿Por qué no es útil la literatura?
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Antonio Muñoz Molina en ¿Por qué no es útil la literatura?
17 julio 2013
Ilustratour 2013 (the end)
(Les prometo que esta es la última entrada sobre el tema... ¡al menos, hasta el año que viene!)
Si les gusta la literatura infantil, los álbumes ilustrados, o la ilustración en general, y no se han planteado nunca ir a Ilustratour, están cometiendo un grave error (de fácil corrección: el año que viene cuando se abra la inscripción para el Ilustratour 2014, ¡no se lo piensen dos veces!). No hace falta ser ilustrador para disfrutar de estas jornadas internacionales. Sí, cierto, hay allí muchos ilustradores (por las entrevistas con editores, por los talleres profesionales, y porque probablemente escuchar la conferencia de alguna de las figuras invitadas o llevarse un libro dedicado por ell@s también les llama la atención), pero no hace falta ser ilustrador para que te encanten los libros de David Wiesner u Oliver Jeffers, o pueda interesarte lo que Puño tiene que explicar sobre las referencias culturales que más le han influenciado o lo que Kitty Crowther pueda contar sobre sus extraños personajes.
Yo lo he disfrutado, MUCHO, y de ilustrar, lo que se dice ilustrar, más bien poco.
(Aunque salí de allí pensando que en mi siguiente vida no dejaré de dibujar, como hacemos la mayoría...).
Les dejo por aquí un par de materiales de resumen de las jornadas, por si les apetece darse una vuelta por el Ilustratour 2013 mientras esperan el programa del año que viene, que seguro que también será espectacular.
Si les gusta la literatura infantil, los álbumes ilustrados, o la ilustración en general, y no se han planteado nunca ir a Ilustratour, están cometiendo un grave error (de fácil corrección: el año que viene cuando se abra la inscripción para el Ilustratour 2014, ¡no se lo piensen dos veces!). No hace falta ser ilustrador para disfrutar de estas jornadas internacionales. Sí, cierto, hay allí muchos ilustradores (por las entrevistas con editores, por los talleres profesionales, y porque probablemente escuchar la conferencia de alguna de las figuras invitadas o llevarse un libro dedicado por ell@s también les llama la atención), pero no hace falta ser ilustrador para que te encanten los libros de David Wiesner u Oliver Jeffers, o pueda interesarte lo que Puño tiene que explicar sobre las referencias culturales que más le han influenciado o lo que Kitty Crowther pueda contar sobre sus extraños personajes.
Yo lo he disfrutado, MUCHO, y de ilustrar, lo que se dice ilustrar, más bien poco.
(Aunque salí de allí pensando que en mi siguiente vida no dejaré de dibujar, como hacemos la mayoría...).
Les dejo por aquí un par de materiales de resumen de las jornadas, por si les apetece darse una vuelta por el Ilustratour 2013 mientras esperan el programa del año que viene, que seguro que también será espectacular.
(enlaces a las entradas que dediqué en este blog a mis invitados favoritos de este año)
(un pdf para cada conferencia, con los tuits ordenados cronológicamente)
(para ver qué cara tiene Alberto Gamón o Marc Boutavant y respirar algo del ambiente de esos tres días)
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