23 enero 2013
m'estima, no m'estima
Mentre ens quedi alè
per pronunciar-nos les ganes de més,
ens citarem a cegues per celebrar aquesta fam
d'abraçar-nos el cos inquiet
rere el color vermell viu de festius i diumenges.
***
Hem decidit,
entre somnis i llençols,
que ens reescriurem la vida
al palmell de les mans.
I que les lletres de les cançons
han de canviar de protagonista.
***
Fem malbé l'embolcall
d'aquest amor acabat d'encetar.
No hi ha promeses,
ni canvis ni devolucions.
Ni certificat de garantia.
***
Fragmentos de los poemas "El futur a l'agenda" / "Com dos cargols" / "Certificat de garantia", del libro Assassins de margarides, de Anna Garcia Garay. Así, como por casualidad, descubrí su blog, y del blog al libro, y ya saben que a mí del libro al amor me separa siempre tan solo un paso...
21 enero 2013
Cita
Los lunes puede haber tertulia en Al·lots o no.
Puedo tener una reunión del grupo de trabajo que me haga madrugar, o dormir hasta las tantas.
Puedo pasarme el día cosiendo, o leyendo, o haciendo recados.
Puedo comer en casa o fuera.
Puede que tenga el día libre (lunes-domingo) o que me toque trabajar (lunes-lunes)...
Pero seguro, seguro, seguro, que si es lunes, como cada lunes, tengo una cita con Lupita.
Y cuando, como hoy, Lupita viene literaria... entonces el lunes sabe mejor.
Puedo tener una reunión del grupo de trabajo que me haga madrugar, o dormir hasta las tantas.
Puedo pasarme el día cosiendo, o leyendo, o haciendo recados.
Puedo comer en casa o fuera.
Puede que tenga el día libre (lunes-domingo) o que me toque trabajar (lunes-lunes)...
Pero seguro, seguro, seguro, que si es lunes, como cada lunes, tengo una cita con Lupita.
Y cuando, como hoy, Lupita viene literaria... entonces el lunes sabe mejor.
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18 enero 2013
Arlindo Yip (3 de 3)
Fue el mismo vecino que llevaba las cuentas de la comunidad, el que había estado en su casa tomando café y hablando de la posibilidad de poner un ascensor, quien le comentó que el repartidor de butano se había enamorado.
- Antes era un ejemplo de eficacia y eficiencia.
- ¿Qué quiere decir con eso, vecino? – le preguntó Arlindo Yip.
- Pues que si le pedías una bombona, antes de colgar el teléfono ya estaba él llamando al timbre...
- ¿Y ahora?
- Ahora no. El vecino del primero B lleva dos días sin estufa, nuestra vecina la pintora hace dos días que espera que le sirva dos bombonas. Llueven las quejas, señor Yip. Lo peor que le puede pasar a un hombre es que se enamore.
- ¿Usted cree, vecino?
- Totalmente.
- Mire mi padre.
- ¿Dónde?
- Quiero decir que mi padre se enamoró y...
- ¿Y? Son cosas muy personales, señor Yip. Mi padre era un hombre muy callado. Algo rudo, de abrazos forzados.
- Vaya.
- Mi padre se fugó con otra mujer. Yo era muy pequeño.
- Lo siento.
- No tiene importancia. El amor tiene esas cosas. Yo me enamoré de mi mujer nada más verla. Paseaba por el parque cuando me la crucé. Ella iba con su madre. Yo llevaba unos zapatos nuevos que me apretaban un poco. Dejaron de apretarme los zapatos y pasó a oprimirme el corazón. Giré sobre mis pasos y las seguí.
- Muy dulce.
- Zapatos nuevos, vestido floreado, árboles medio vacíos... Así comenzaba el primer poema que le escribí. Se lo arrojé a su ventana.
- No sabía que era poeta, vecino.
- Yo tampoco sabía que ella tenía una hermana. Se lió una gorda, al parecer. Su padre montó guardia en la casa. Pasaron los días, pero no la olvidaba. Luego coincidimos en un tranvía, luego nos miramos, luego intercambiamos sonrisas, luego nos cogimos de la mano, luego murió su padre... Nunca había salido de su casa. El primer viaje que hizo fue a Alemania. Fuimos muy felices.
- ¿Recuerda cómo acababa ese poema?
- Lejano rumor de niños, el sol se oculta tras las nubes.
- Precioso, vecino.
- Se llama Ana.
- ¿Quién?
- La novia del repartidor de butano. Es rusa o algo parecido. Y muy guapa. Al parecer a ella le quedan muy bien los sombreros, y él con gorra de propaganda.
***
Arlindo Yip, de Daniel Nesquens.
[... vayan a buscarlo. Lo encontrarán - no se extrañen, no - en la sección infantil de su librería o biblioteca de cabecera. Créanme: hay todavía más historias y personajes por descubrir entre sus páginas, aunque el butanero lector enamorado de la rusa Ana... estarán de acuerdo conmigo en que va a ser difícil superarlo.]
- Antes era un ejemplo de eficacia y eficiencia.
- ¿Qué quiere decir con eso, vecino? – le preguntó Arlindo Yip.
- Pues que si le pedías una bombona, antes de colgar el teléfono ya estaba él llamando al timbre...
- ¿Y ahora?
- Ahora no. El vecino del primero B lleva dos días sin estufa, nuestra vecina la pintora hace dos días que espera que le sirva dos bombonas. Llueven las quejas, señor Yip. Lo peor que le puede pasar a un hombre es que se enamore.
- ¿Usted cree, vecino?
- Totalmente.
- Mire mi padre.
- ¿Dónde?
- Quiero decir que mi padre se enamoró y...
- ¿Y? Son cosas muy personales, señor Yip. Mi padre era un hombre muy callado. Algo rudo, de abrazos forzados.
- Vaya.
- Mi padre se fugó con otra mujer. Yo era muy pequeño.
- Lo siento.
- No tiene importancia. El amor tiene esas cosas. Yo me enamoré de mi mujer nada más verla. Paseaba por el parque cuando me la crucé. Ella iba con su madre. Yo llevaba unos zapatos nuevos que me apretaban un poco. Dejaron de apretarme los zapatos y pasó a oprimirme el corazón. Giré sobre mis pasos y las seguí.
- Muy dulce.
- Zapatos nuevos, vestido floreado, árboles medio vacíos... Así comenzaba el primer poema que le escribí. Se lo arrojé a su ventana.
- No sabía que era poeta, vecino.
- Yo tampoco sabía que ella tenía una hermana. Se lió una gorda, al parecer. Su padre montó guardia en la casa. Pasaron los días, pero no la olvidaba. Luego coincidimos en un tranvía, luego nos miramos, luego intercambiamos sonrisas, luego nos cogimos de la mano, luego murió su padre... Nunca había salido de su casa. El primer viaje que hizo fue a Alemania. Fuimos muy felices.
- ¿Recuerda cómo acababa ese poema?
- Lejano rumor de niños, el sol se oculta tras las nubes.
- Precioso, vecino.
- Se llama Ana.
- ¿Quién?
- La novia del repartidor de butano. Es rusa o algo parecido. Y muy guapa. Al parecer a ella le quedan muy bien los sombreros, y él con gorra de propaganda.
***
Arlindo Yip, de Daniel Nesquens.
[... vayan a buscarlo. Lo encontrarán - no se extrañen, no - en la sección infantil de su librería o biblioteca de cabecera. Créanme: hay todavía más historias y personajes por descubrir entre sus páginas, aunque el butanero lector enamorado de la rusa Ana... estarán de acuerdo conmigo en que va a ser difícil superarlo.]
16 enero 2013
Arlindo Yip (2 de 3)
Arlindo Yip no hacía nada en ese momento. Sentado en su sillón preferido pensaba en qué año se inventó el plástico. Había una edad del cobre, del bronce y del hierro. Esta no hace tanto, solo mil quinientos años antes de Cristo, en el último periodo de la prehistoria.
Ring, ring, ring.
Sonó el timbre de la puerta. Arlindo Yip se levantó a abrir.
"La edad del timbre", pensó cuando se encaminaba a la puerta.
- Buenos días, señor bucanero, perdón, butanero. Que yo sepa no le he pedido ninguna bombona.
- Ya. Lo sé. Si se fija no me acompaña ninguna bombona. Que por cierto, ya va siendo hora que los vecinos piensen en poner un ascensor en la casa.
- Casualmente el proyecto ya está aprobado. Las obras empiezan cuando acabe el lector de leer este libro.
- No sabía que también fuésemos personajes de un libro.
- También.
- Hablando de libros, ¿tiene otro?
- No le entiendo.
- Que si tiene otro libro. Usted me regaló un libro, ¿se acuerda? Ella era alta, morena, de ojos claros... Dulce...
- Cariñosa, hermosa...
- Inocente. Además de todo eso, tenía un corazón que no le cabía en el pecho.
El repartidor dijo la frase y Arlindo Yip puso cierta cara de desagrado, como si hubiese visto realmente ese corazón salirse por los laterales del cuerpo de la protagonista del libro.
- ¿Le ocurre algo?
- No, nada. Simplemente estaba pensando en qué otro libro podía regalarle - se excusó Arlindo Yip.
- Si puede ser... me gustaría que apareciese ella.
- Eso va a ser complicado. Ella pertenece solo al libro que le regalé. Ella...
- Ella es irrepetible.
- Tiene toda la razón. A ver, a ver... Recuerdo un libro de un escritor ruso...
- Yo no sé ruso, señor cuarto C.
- Yo tampoco, señor butanero. El libro está traducido al español. La protagonista se llama Ana. Creo que lo tengo... pase, pase, no se quede en la puerta.
- Veo que tiene todos los cuadros un poco torcidos - dijo el repartidor en medio del pasillo.
- Sí, es algo que heredé de mi padre - dijo desde el interior de su dormitorio.
- ¿Los cuadros?
- No, los cuadros los compré a un viejo amigo que pintaba antes de ser escritor. Ahora se ha casado, ha tenido un hijo y un libro.
- ...
- Lo que heredé de mi padre es la poca paciencia con los trabajos caseros. Aquí tiene el libro. No le quite el papel del forro, por favor.
- ¡Uuuf! A usted sólo le gustan los libros gordos. Como no tenga cuidado, igual hunde la casa.
- Igual.
***
Arlindo Yip, de Daniel Nesquens.
Ring, ring, ring.
Sonó el timbre de la puerta. Arlindo Yip se levantó a abrir.
"La edad del timbre", pensó cuando se encaminaba a la puerta.
- Buenos días, señor bucanero, perdón, butanero. Que yo sepa no le he pedido ninguna bombona.
- Ya. Lo sé. Si se fija no me acompaña ninguna bombona. Que por cierto, ya va siendo hora que los vecinos piensen en poner un ascensor en la casa.
- Casualmente el proyecto ya está aprobado. Las obras empiezan cuando acabe el lector de leer este libro.
- No sabía que también fuésemos personajes de un libro.
- También.
- Hablando de libros, ¿tiene otro?
- No le entiendo.
- Que si tiene otro libro. Usted me regaló un libro, ¿se acuerda? Ella era alta, morena, de ojos claros... Dulce...
- Cariñosa, hermosa...
- Inocente. Además de todo eso, tenía un corazón que no le cabía en el pecho.
El repartidor dijo la frase y Arlindo Yip puso cierta cara de desagrado, como si hubiese visto realmente ese corazón salirse por los laterales del cuerpo de la protagonista del libro.
- ¿Le ocurre algo?
- No, nada. Simplemente estaba pensando en qué otro libro podía regalarle - se excusó Arlindo Yip.
- Si puede ser... me gustaría que apareciese ella.
- Eso va a ser complicado. Ella pertenece solo al libro que le regalé. Ella...
- Ella es irrepetible.
- Tiene toda la razón. A ver, a ver... Recuerdo un libro de un escritor ruso...
- Yo no sé ruso, señor cuarto C.
- Yo tampoco, señor butanero. El libro está traducido al español. La protagonista se llama Ana. Creo que lo tengo... pase, pase, no se quede en la puerta.
- Veo que tiene todos los cuadros un poco torcidos - dijo el repartidor en medio del pasillo.
- Sí, es algo que heredé de mi padre - dijo desde el interior de su dormitorio.
- ¿Los cuadros?
- No, los cuadros los compré a un viejo amigo que pintaba antes de ser escritor. Ahora se ha casado, ha tenido un hijo y un libro.
- ...
- Lo que heredé de mi padre es la poca paciencia con los trabajos caseros. Aquí tiene el libro. No le quite el papel del forro, por favor.
- ¡Uuuf! A usted sólo le gustan los libros gordos. Como no tenga cuidado, igual hunde la casa.
- Igual.
***
Arlindo Yip, de Daniel Nesquens.
14 enero 2013
Arlindo Yip (1 de 3)
Arlindo Yip vive solo. Su casa es pequeña, sin apenas muebles. Un par de habitaciones, un dormitorio con un armario empotrado, una cocina alargada, un cuarto de baño y una pequeña galería que da a la calle donde Arlindo Yip cuelga una bicicleta de carreras, que hace más de cien años que no usa. También hay una alfombra enrollada con una enorme mancha de yogur, una jaula vacía con los comederos todavía llenos de alpiste. Y dos bombonas de butano.
Se trata de un cuarto piso sin ascensor. Así que cuando el señor del butano, robusto él, tiene que subir alguna bombona, cierra los ojos y maldice entre dientes. Menos mal que Arlindo Yip le da una propina que el repartidor guarda en un bolsillo especial.
Una fría mañana de enero, Arlindo no disponía de monedas sueltas para la gratificación y pensó que no sería mala cosa obsequiar al vigoroso repartidor con un libro que había terminado de leer recientemente.
- Tome – le dijo Arlindo Yip.
- ¿Un libro? ¿Para qué quiero un libro? ¡Más peso todavía! – se quejó, y con razón, el repartidor de bombonas a domicilio.
Arlindo Yip lo miró sorprendido, la respuesta de aquel hombre le había pillado fuera de juego. Se rascó la cabeza, pensando qué contestar.
- No hace falta que lo lea. La verdad es que no cuenta nada nuevo. Ya sabe: pura palabrería. Pero seguro que se enamora de la protagonista. Es alta, morena, de ojos claros... Dulce, cariñosa, hermosa...
- ¿Y sabe hacer huevos fritos con patatas fritas?
- ¿Quién? – preguntó tontamente Arlindo Yip.
- ¡Quién va a ser! La protagonista. Esa joven morena, cariñosa...
- Perfectamente.
A partir de ese día el repartidor no se separó del libro. Aprovechaba las retenciones de tráfico, los semáforos en rojo, las paradas en los stops, los trayectos en ascensor, su camino a casa para seguir leyendo. Leía como nunca antes lo había hecho.
- ¿Usted sabe qué significa “adyacente”? – le preguntó un día a una señora muy mayor a la que todos los últimos viernes de mes le reponía una bombona de gas butano.
- ¿Adyacente?
- Sí, eso he dicho. Aquí lo pone – contestó, señalando con el dedo la página abierta del libro.
- Contiguo, situado en las inmediaciones o proximidades de otra cosa – contestó ella.
- Claro. Sí, eso es.
***
Arlindo Yip, de Daniel Nesquens.
Se trata de un cuarto piso sin ascensor. Así que cuando el señor del butano, robusto él, tiene que subir alguna bombona, cierra los ojos y maldice entre dientes. Menos mal que Arlindo Yip le da una propina que el repartidor guarda en un bolsillo especial.
Una fría mañana de enero, Arlindo no disponía de monedas sueltas para la gratificación y pensó que no sería mala cosa obsequiar al vigoroso repartidor con un libro que había terminado de leer recientemente.
- Tome – le dijo Arlindo Yip.
- ¿Un libro? ¿Para qué quiero un libro? ¡Más peso todavía! – se quejó, y con razón, el repartidor de bombonas a domicilio.
Arlindo Yip lo miró sorprendido, la respuesta de aquel hombre le había pillado fuera de juego. Se rascó la cabeza, pensando qué contestar.
- No hace falta que lo lea. La verdad es que no cuenta nada nuevo. Ya sabe: pura palabrería. Pero seguro que se enamora de la protagonista. Es alta, morena, de ojos claros... Dulce, cariñosa, hermosa...
- ¿Y sabe hacer huevos fritos con patatas fritas?
- ¿Quién? – preguntó tontamente Arlindo Yip.
- ¡Quién va a ser! La protagonista. Esa joven morena, cariñosa...
- Perfectamente.
A partir de ese día el repartidor no se separó del libro. Aprovechaba las retenciones de tráfico, los semáforos en rojo, las paradas en los stops, los trayectos en ascensor, su camino a casa para seguir leyendo. Leía como nunca antes lo había hecho.
- ¿Usted sabe qué significa “adyacente”? – le preguntó un día a una señora muy mayor a la que todos los últimos viernes de mes le reponía una bombona de gas butano.
- ¿Adyacente?
- Sí, eso he dicho. Aquí lo pone – contestó, señalando con el dedo la página abierta del libro.
- Contiguo, situado en las inmediaciones o proximidades de otra cosa – contestó ella.
- Claro. Sí, eso es.
***
Arlindo Yip, de Daniel Nesquens.
11 enero 2013
Preguntas y respuestas (11)
¿Algún aniversario interesante para 2013?
¿Literario? Aquí, unos cuantos relacionados con la literatura infantil y juvenil. El resto los voy descubriendo a medida que tienen lugar a lo largo del año...
amo el libro por
... porque me hace reír.
... porque me hace llorar.
... porque me hace sentir.
... porque me hace soñar.
Dos cocos! Cinco merluzas! Despierten, despierten!
[El mundo está lleno de gente muy especial...]
Sera por esto o por lo otro?
Yo creo que por lo de más allá...
Para que leemos?
http://librosfera.blogspot.com.es/2010/02/se-puede.html
Si algún dia te diera por escribir un libro: ¿cual seria el tema que te gustaria tratar?
Me encantaría escribir un libro infantil, pero no sé qué tema me gustaría tratar. Me gustaría que fuera profundo pero que tuviera un punto de humor, un poco como el Teo y Dios de Kitty Crowther (no sé por qué es el primero que me ha venido a la cabeza; quizá porque hace poco lo comentábamos en una tertulia). Pero no es algo que tenga previsto hacer en breve... bastante ocupada estoy alucinándome con los libros de los demás para pensar en la posibilidad de tener uno mío.
como se llama el cuento de Millas
Lo que más me gusta de Millás, más que sus cuentos, es la novela "El orden alfabético".
Hola! Tenés una página o perfil en facebook? Donde hables sobre literatura, claro! =)
No, lo siento, no uso Facebook... Sí que estoy (a veces más, a veces menos), en Twitter (@librosfera), pero a Facebook de momento me resisto :-)
¿Quién escribió el Libro Albedrío?
Bruce Lee.
¿la veré de nuevo?
confíe en la casualidad, el destino, o lo que sea... pero sobre todo no pierda la esperanza.
¿papa noel o reyes? O los 2? Y ya de paso, ¿piensas regalar muchos libros?
este año, solo amigo invisible familiar, y no va a haber libro de regalo, porque me lo pondrían de sombrero...
"La jungla" de UPTON SINCLAIR. "Kanikosen, el pesquero" de TAKIYI KOBAYASHI (1929) ¿Qué opinan los poetas de la literatura comprometida, incómoda, que toma partido? ¿Debiera ser viral, tal vez sólo desechable? Salud!
Qué opinan los poetas de la literatura comprometida es algo que dependerá del poeta y de la causa con la que se comprometa la literatura en cuestión. Ni creo que se pueda generalizar, ni que yo esté especialmente capacitada para contestar a esa pregunta...
En cambio, sobre si la poesía comprometida debería ser desechable o no, yo creo que no. Creo que todo puede ser objeto de poesía, de literatura, y que el ser o no desechable no debería venir dado por su temática, sino por otros factores. Es más, creo intuir que te refieres a literatura comprometida (con una causa política) o incómoda (para determinados estamentos de la sociedad), pero la literatura puede ser comprometida e incómoda sin hablar de realidades políticas o sociales concretas.
Déjame citar a quien lo explicó mejor que yo:
“Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hagan felices podríamos escribirlos nosotros mismos, si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo."
Franz Kafka.
***
¿Alguna pregunta más?
¿Literario? Aquí, unos cuantos relacionados con la literatura infantil y juvenil. El resto los voy descubriendo a medida que tienen lugar a lo largo del año...
amo el libro por
... porque me hace reír.
... porque me hace llorar.
... porque me hace sentir.
... porque me hace soñar.
Dos cocos! Cinco merluzas! Despierten, despierten!
[El mundo está lleno de gente muy especial...]
Sera por esto o por lo otro?
Yo creo que por lo de más allá...
Para que leemos?
http://librosfera.blogspot.com.es/2010/02/se-puede.html
Si algún dia te diera por escribir un libro: ¿cual seria el tema que te gustaria tratar?
Me encantaría escribir un libro infantil, pero no sé qué tema me gustaría tratar. Me gustaría que fuera profundo pero que tuviera un punto de humor, un poco como el Teo y Dios de Kitty Crowther (no sé por qué es el primero que me ha venido a la cabeza; quizá porque hace poco lo comentábamos en una tertulia). Pero no es algo que tenga previsto hacer en breve... bastante ocupada estoy alucinándome con los libros de los demás para pensar en la posibilidad de tener uno mío.
como se llama el cuento de Millas
Lo que más me gusta de Millás, más que sus cuentos, es la novela "El orden alfabético".
Hola! Tenés una página o perfil en facebook? Donde hables sobre literatura, claro! =)
No, lo siento, no uso Facebook... Sí que estoy (a veces más, a veces menos), en Twitter (@librosfera), pero a Facebook de momento me resisto :-)
¿Quién escribió el Libro Albedrío?
Bruce Lee.
¿la veré de nuevo?
confíe en la casualidad, el destino, o lo que sea... pero sobre todo no pierda la esperanza.
¿papa noel o reyes? O los 2? Y ya de paso, ¿piensas regalar muchos libros?
este año, solo amigo invisible familiar, y no va a haber libro de regalo, porque me lo pondrían de sombrero...
"La jungla" de UPTON SINCLAIR. "Kanikosen, el pesquero" de TAKIYI KOBAYASHI (1929) ¿Qué opinan los poetas de la literatura comprometida, incómoda, que toma partido? ¿Debiera ser viral, tal vez sólo desechable? Salud!
Qué opinan los poetas de la literatura comprometida es algo que dependerá del poeta y de la causa con la que se comprometa la literatura en cuestión. Ni creo que se pueda generalizar, ni que yo esté especialmente capacitada para contestar a esa pregunta...
En cambio, sobre si la poesía comprometida debería ser desechable o no, yo creo que no. Creo que todo puede ser objeto de poesía, de literatura, y que el ser o no desechable no debería venir dado por su temática, sino por otros factores. Es más, creo intuir que te refieres a literatura comprometida (con una causa política) o incómoda (para determinados estamentos de la sociedad), pero la literatura puede ser comprometida e incómoda sin hablar de realidades políticas o sociales concretas.
Déjame citar a quien lo explicó mejor que yo:
“Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hagan felices podríamos escribirlos nosotros mismos, si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo."
Franz Kafka.
***
¿Alguna pregunta más?
09 enero 2013
Homenajes librosféricos del 2012
Ya saben que a mí, llegadas estas fechas, me gusta más recordar lo que ha pasado que empezar a planificar lo que vendrá. Por eso aprovecho para recoger en una entrada todas las celebraciones del año.
¿Qué pasó el 2012?
La Biblioteca Nacional de España cumplió 300 años, ni más ni menos.
Celebramos los 200 años del nacimiento de Charles Dickens.
150 años atrás Víctor Hugo publicó "Los Miserables" (razón de peso para gastar millones de euros en llevar al cine el musical), el mismo año que nacieron Edith Wharton y Emilio Salgari (gracias, Juan!)
Pero más mérito tiene lo del nacimiento de Corto Maltés, hace 125 años, pues él sigue vivito y coleando.
Lawrence Durrell hubiera cumplido 100 años, y recordamos los 100 años de la muerte de Bram Stoker y August Strindberg, y los 100 de la publicación de la primera historieta de Tarzán y de Muerte en Venecia.
Umberto Eco cumplió 80 años, así que nació el mismo año que nos dejó Kenneth Grahame.
Y en cambio, hace 75 que James M. Barrie ya no está entre nosotros, 70 que nos dejó Stefan Zweig, y 50 que nos dejaron Sylvia Beach, Isak Dinesen y William Faulkner.
Pero hace 50 años que disfrutamos de Edicions 62, Spiderman y los Cuentos por teléfono de Gianni Rodari.
Hace 35 años que El Jueves se ríe de todo (a veces el mundo se lo pone difícil, y otras en bandeja de plata).
Y también buenas y malas noticias hace 30 años: murieron Philip K. Dick y Georges Perec, pero nacieron Planeta DeAgostini y el Salón del Cómic de Barcelona.
Y muchos de nosotros ya recordamos que hace 25 años murieron Marguerite Yourcenar y J. V. Foix, que hace 20 se empezó a publicar Bola de Drac y murió Joan Fuster, o que hace 10 años se publicó la primera tira de Macanudo o El Teatro de Medianoche de la tieta Kveta.
Y dentro de 10, 25, 50 y 100 años, recordaremos que en 2012 nos dejaron Moebius, Maurice Sendak, Ray Bradbury, Emili Teixidor o Esther Tusquets. Seguro que me dejo a muchos por recordar, pero ha sido con la noticia de su muerte que me he sentido un poco más huérfana en el mundo...
¿Qué pasó el 2012?
La Biblioteca Nacional de España cumplió 300 años, ni más ni menos.
Celebramos los 200 años del nacimiento de Charles Dickens.
150 años atrás Víctor Hugo publicó "Los Miserables" (razón de peso para gastar millones de euros en llevar al cine el musical), el mismo año que nacieron Edith Wharton y Emilio Salgari (gracias, Juan!)
Pero más mérito tiene lo del nacimiento de Corto Maltés, hace 125 años, pues él sigue vivito y coleando.
Lawrence Durrell hubiera cumplido 100 años, y recordamos los 100 años de la muerte de Bram Stoker y August Strindberg, y los 100 de la publicación de la primera historieta de Tarzán y de Muerte en Venecia.
Umberto Eco cumplió 80 años, así que nació el mismo año que nos dejó Kenneth Grahame.
Y en cambio, hace 75 que James M. Barrie ya no está entre nosotros, 70 que nos dejó Stefan Zweig, y 50 que nos dejaron Sylvia Beach, Isak Dinesen y William Faulkner.
Pero hace 50 años que disfrutamos de Edicions 62, Spiderman y los Cuentos por teléfono de Gianni Rodari.
Hace 35 años que El Jueves se ríe de todo (a veces el mundo se lo pone difícil, y otras en bandeja de plata).
Y también buenas y malas noticias hace 30 años: murieron Philip K. Dick y Georges Perec, pero nacieron Planeta DeAgostini y el Salón del Cómic de Barcelona.
Y muchos de nosotros ya recordamos que hace 25 años murieron Marguerite Yourcenar y J. V. Foix, que hace 20 se empezó a publicar Bola de Drac y murió Joan Fuster, o que hace 10 años se publicó la primera tira de Macanudo o El Teatro de Medianoche de la tieta Kveta.
Y dentro de 10, 25, 50 y 100 años, recordaremos que en 2012 nos dejaron Moebius, Maurice Sendak, Ray Bradbury, Emili Teixidor o Esther Tusquets. Seguro que me dejo a muchos por recordar, pero ha sido con la noticia de su muerte que me he sentido un poco más huérfana en el mundo...
07 enero 2013
26 diciembre 2012
Pepitas
Ya saben: llega esta época del año y nos obsesionamos con las listas. Las pasadas (lo mejor de 2012) y las futuras (aspiraciones para el 2013). Yo este año he decidido que 2013 es lo que es (una hoja en blanco), y que solo voy a escribir hacia atrás, no hacia adelante. Así que aquí está mi lista con lo mejor del 2012... una empieza a tener una edad, la memoria falla, y me gusta ese momento de repasar el año y recordar los momentos estelares, los extraordinarios, los que brillan en medio de la arena y el barro como una pepita de oro...
Mis 10 álbums favoritos de 2012...
Mis 10 novelas favoritas de 2012...
[... en orden estrictamente cronológico.]
Olive Kitteridge, de Elizabeth Strout (una novela hecha de historias o un puñado de historias que se leen como una novela).
Pigtopia, de Kitty Fitzgerald (una fábula contemporánea sobre la diferencia y la amistad).
Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami (uno al año).
Entre líneas: el cuento o la vida, de Luis Landero (un libro del que no esperábamos nada, y nos lo dio todo, ¿verdad tata?).
Los peces no cierran los ojos, de Erri de Luca (para los nostálgicos de los veranos inacabables de infancia y sus amores).
La historia del amor, de Nicole Krauss (una primera novela espectacular).
Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar (las periferias son otra cosa con él).
Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron (o el libro que hubiera cambiado mi vida de haberlo leído hace 15 años).
El viaje ruso de un vendedor de helados, de Gregorio Morán (para enamorarse de Miguel y Varenka).
Mr Gwyn, de Alessandro Baricco (bravo, Alessandro!).
***
Que alguna de estas lecturas sea también una de sus favoritas el próximo año es un buen deseo para la última entrada del último mes de este 2012 que se acaba ya. Con un poco de suerte, nos leemos en enero :-)
Mis 10 álbums favoritos de 2012...
[... solo aptos para gente sin prejuicios sobre los cajones en los que se encasillan los libros.]
Diapasón, de Laëtitia Devernay (un libro en acordeón sobre el poder de la música).
Casualidad, de Pepe Monteserín y Pablo Amargo (un poema).
El arenque rojo, de Gonzalo Moure y Alicia Varela (un libro sin palabras pero con muchas historias... más de las que los propios autores han podido explicar).
La ciudad, de Armin Greder (un mazazo de los que curan).
Cuando no estás aquí, de María Hergueta (un libro sobre nuestras propias contradicciones).
Un agujero, de Daniel Nesquens y Ana Lóbez (un divertimento).
Esa gigantesca pequeña cosa, de Beatrice Alemagna (no dejen que nadie les desvele el misterio).
Los pájaros, de Germano Zullo y Albertine (un libro con mensaje).
¿Dónde están mis gafas?, de María Pascual (para perderse en los detalles).
Nocturno, de Pascal Blanchet (un libro que no he visto todavía, pero que SÉ que tiene que estar en esta lista).
Diapasón, de Laëtitia Devernay (un libro en acordeón sobre el poder de la música).
Casualidad, de Pepe Monteserín y Pablo Amargo (un poema).
El arenque rojo, de Gonzalo Moure y Alicia Varela (un libro sin palabras pero con muchas historias... más de las que los propios autores han podido explicar).
La ciudad, de Armin Greder (un mazazo de los que curan).
Cuando no estás aquí, de María Hergueta (un libro sobre nuestras propias contradicciones).
Un agujero, de Daniel Nesquens y Ana Lóbez (un divertimento).
Esa gigantesca pequeña cosa, de Beatrice Alemagna (no dejen que nadie les desvele el misterio).
Los pájaros, de Germano Zullo y Albertine (un libro con mensaje).
¿Dónde están mis gafas?, de María Pascual (para perderse en los detalles).
Nocturno, de Pascal Blanchet (un libro que no he visto todavía, pero que SÉ que tiene que estar en esta lista).
Mis 10 novelas favoritas de 2012...
[... en orden estrictamente cronológico.]
Olive Kitteridge, de Elizabeth Strout (una novela hecha de historias o un puñado de historias que se leen como una novela).
Pigtopia, de Kitty Fitzgerald (una fábula contemporánea sobre la diferencia y la amistad).
Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami (uno al año).
Entre líneas: el cuento o la vida, de Luis Landero (un libro del que no esperábamos nada, y nos lo dio todo, ¿verdad tata?).
Los peces no cierran los ojos, de Erri de Luca (para los nostálgicos de los veranos inacabables de infancia y sus amores).
La historia del amor, de Nicole Krauss (una primera novela espectacular).
Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar (las periferias son otra cosa con él).
Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron (o el libro que hubiera cambiado mi vida de haberlo leído hace 15 años).
El viaje ruso de un vendedor de helados, de Gregorio Morán (para enamorarse de Miguel y Varenka).
Mr Gwyn, de Alessandro Baricco (bravo, Alessandro!).
***
Que alguna de estas lecturas sea también una de sus favoritas el próximo año es un buen deseo para la última entrada del último mes de este 2012 que se acaba ya. Con un poco de suerte, nos leemos en enero :-)
20 diciembre 2012
E is for Eels
Una de mis bandas favoritas (y no porque el cantante se llame "E") saca disco nuevo en febrero. ¿La segunda canción que puede escucharse? New Alphabet. Toma ya.
Si el mundo se acaba mañana, al menos que nos pille leyendo...
18 diciembre 2012
Invenciones
Desde luego, las novelas las han inventado los hombres, como a lo mejor se han inventado también a Dios, pero son dos invenciones hermosísimas, ¿no te parece?
***
Alice, de Milena Agus.
[Sí, sí me lo parece...]
***
Alice, de Milena Agus.
[Sí, sí me lo parece...]
14 diciembre 2012
Invitación
[Tengo algunas invitaciones "analógicas" - ya saben: good old paper... Si les apetece, envíenme su nombre y dirección postal completa a librosfera(arroba)gmail(punto)com y les hago llegar una, con un poco de suerte, a tiempo para que la traigan el jueves a la Bengui.]
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Sophie Divry
12 diciembre 2012
Montreuil era una fiesta
Ya se lo expliqué hace tres años, y me reitero: para saber lo que es el Salon du livre et de la presse jeunesse Seine-Saint-Denis (o lo que todo el mundo por aquí conoce como la feria o el salón de Montreuil), hay que ir a verlo, porque contado suena a cuento de hadas, a imaginaciones mías, a está exagerando, ya será menos, se ha pasado tres pueblos, o cualquier otra expresión al uso. Pero no. Vayan, vayan un año y lo verán. Si les gusta el libro infantil, si les gusta la ilustración, incluso si les gusta el cómic, no hay nada, al menos dentro de nuestras fronteras y que yo conozca, que se le parezca. Quizá la feria del libro de Madrid, o el salón del cómic de Barcelona, le den un aire, pero la gracia, por supuesto, está en que cada evento es único, y el hecho de que Montreuil esté única y exclusivamente centrado en el libro infantil/ilustrado, y que tenga lugar en un país como Francia, donde el medio tiene una consideración bastante mejor de la que tiene en nuestro país, le da su toque particular.
Todo lo que pueda contarles, de hecho, ya se lo conté hace tres años. Un pabellón ferial con dos plantas de stands y librerías, más una tercera, más reducida, dedicada a una exposición temática (este año el tema era la aventura). El libro como centro total y absoluto del recinto (por si se les ocurre pensar en el salón del cómic, no: sí que hay una sección dedicada al audiovisual, y también una dedicada al libro electrónico, pero eran una gota en el océano de libros que inundan el espacio). Los grandes stands, espectaculares: Rouergue, Seuil, Albin Michel, La joie de lire, Thierry Magnier, Palette, Casterman, Sarbacane, Rue du monde, Autrement, Didier Jeunesse. Las librerías, para pasar horas: la de las pepitas, la de la aventura, la de cómic, la de arte. Y, repartidas por todo el recinto, los incontables pequeños (o no tan pequeños) stands: MeMo, Hélium, La Maison est en carton, Notari, L'atelier du poisson soluble, Le baron perché, la librería belga o el stand de editores asociados. Cada paso, cientos de libros. Cada paso, cientos de posibilidades.
Y he ahí el drama de Montreuil: es demasiado. Demasiado para concentrarlo en dos días. Para digerirlo, para poder disfrutarlo, para no arrepentirte, para salir de allí sin la sensación de que se te ha escapado algo importante. Hay que ir con una disposición que yo, todavía, no he sido capaz de conseguir. Hay que ir sabiendo que corres ese riesgo, y asumiéndolo alegremente. Hay que ir sabiendo que vas a encontrar 50 libros que te llevarías a casa, pero que solo vas a poder llevarte 10. Hay que ir sabiendo que, como mínimo, se te van a quedar 5, 10 o 15 libros allí que te morirías (te mo ri rí as) por llevarte a casa, pero que no puede ser, por la maleta, por el espacio, por el dinero, porque no puede ser bueno (porque nada sin moderación es bueno...)
No me imagino pasando por esto cada año, como hacen mis compañeras de esta segunda escapada mía.
Sí, el placer es indescriptible... sí, los libros que sí que se han venido conmigo son perfectos... pero yo me cortocircuito muy rápido y en seguida me agobio de tener que tomar una decisión (tú-te-vas-y-tú-te-que-das), así que con una vez cada tres años creo que tengo suficiente...
Y dicho esto... ¿les apetece ver fotos?
[Consejo práctico: haciendo click encima de las presentaciones podrán verlas a mayor tamaño y al ritmo que más les guste y no el que dicta el pase automático de Picasa.]
Primero, un pequeño especial sobre una librería que visitamos el primer día, La sardine a lire. Venía muy recomendada (por Stel·la y por las chicas de SD), y la verdad que llegar a París, soltar las cosas en el hotel, e irnos corriendo para darnos la primera zambullida entre libros nos sentó de maravilla. Es una tiendecita pequeña y coqueta, muy bien aprovechada, y en la que se respira un ambiente muy agradable. Había por allí libreras contando cuentos a posibles clientas, un escaparate navideño a medio montar, un rincón de cómics pequeño pero delicioso, y un montón de gadgets (postales, juegos, disfraces, muñecos...) para rodear a los niños de magia y creatividad a todas horas. Pudo haber sido mi perdición, pero me contuve... y ya vi dos de los libros que me hubiera gustado traerme pero al final se quedaron en París.
Viernes y sábado los dedicamos íntegramente al salón. Dos días es lo mínimo. No me imagino yendo con menos tiempo para dedicarle al salón: los stands, los autores y la exposición. Sería inabarcable y la sensación de frustración todavía mayor, así que si repito, solo será si puedo organizarlo igual que este año: saliendo el jueves y volviendo el domingo.
Sobra decir, y lo verán por algunas de las fotos, la alegría que da también encontrarse allí con libros de aquí. El abuelo de Marta Altés, el miedo de Pere Vilà y Sergio Mora, el ratoncito Pérez de Herreros y Lópiz, un par de Nesquens, los stands de Mamut y Milimbo, las 160 diferencias de Martí y Salomó...
Qué les voy a decir del plantel de autores presente en las sesiones de firmas del salón... Te das cuenta de la mucha influencia que tiene el mercado francés (si para bien o para mal, ya dependerá de quien juzgue) sobre nuestras lecturas, especialmente en lo referente a cómic, libro infantil e ilustración. Si hace tres años fueron Beatrice Alemagna, Hervé Tullet, Roberto Innocenti o Tom Schamp, este año han sido Kveta Pacovska, Germano Zullo y Albertine, Kitty Crowther o José Parrondo, entre otros... muchos otros!
... y todavía nos dio tiempo de dar un paseo por París, y encontrar libros y lectores en algunos rincones de la ciudad.
Hay que ser fuerte para vivir Montreuil.
O quizá que no les pierda tanto la posesión del objeto como a mí.
Después, cuesta recuperarse.
Cuesta volver a casa.
Pero ahí están Barbara Fiore y Thule y Kalandraka y sinPretensiones y Los Cuatro azules y nuestras Astiberri y Sins Entido y... saldremos adelante.
Y si de vez en cuando me tengo que escapar a Abracadabra y perderme en los estantes de importación francesa... pues me escapo.
Y sobreviviré hasta Montreuil 2015.
***
Post scriptum para curiosos: la lista de la compra.
- La tête ailleurs, de Marie Dorléans (Le Baron Perché).
- Contes à la carte, de Jean-François Barbier (Thierry Magnier).
- Encore un quart d'heure, de Camille Chevrillon, Françoise Lison-Leroy y Colette Nys-Mazure (Esperluète).
- Les gratte-ciel, de Germano Zullo y Albertine (La Joie de Lire).
- ABC Tam Tam, de Gianpaolo Pagni (MeMo).
- L'horizon Facétieux, de Juliette Binet (Gallimard).
- Ré-créatures, de Cruschiform (Gallimard).
- L'invitation, de Kveta Pacovska (Les Grandes Personnes).
Y la lista de los que esta vez no pudo ser.
- Mon ami, de Gaëtan Dorémus (Rouergue).
- De temps en temps, de Anne Herbauts (Esperluète).
- Il était un arbre, de Émilie Vast (MeMo).
- Le collectionneur, de Serge Bloch (Bayard).
- Les lettres de l'ourse, de Gauthier David y Marie Caudry (Autrement).
- Nappe comme neige, de Marion Fayolle (Notari).
- Le colis rouge, de Clotilde Perrin (Rue du Monde).
- Rêveur des cartes, de Martin Jarrie (Gallimart).
- L'homme en pièces, de Marion Fayolle (Michel Lagarde).
- Le petit Gibert illustré, de Bruno Gibert (Albin Michel).
- Un jour un ami, de Chiara Carrer (La Joie de Lire).
- Quelques-unes des choses qu'il faudrait tout de même que je fasse, de Georges Perec y Bruno Gibert (Autrement).
- Mette et les cygnes sauvages, de Muriel Bloch y Sandra Dufour (Thierry Magnier).
- Catalogue des adieux, de Marina Mander y Beppe Giacobbe (Rouergue).
Sobre estos libros, solo dos cosillas, estrechamente relacionadas.
Una, que muchos de ellos no los compré porque mi nivel de francés no me hubiera permitido disfrutarlos como debería (el caso de Les lettres de l'ourse, Rêveur des cartes y Le petit Gibert illustré). Estos son los que me dolieron menos...
Y dos, señores editores: ¿no se animarían ustedes a publicar por aquí alguno de estos títulos?
Todo lo que pueda contarles, de hecho, ya se lo conté hace tres años. Un pabellón ferial con dos plantas de stands y librerías, más una tercera, más reducida, dedicada a una exposición temática (este año el tema era la aventura). El libro como centro total y absoluto del recinto (por si se les ocurre pensar en el salón del cómic, no: sí que hay una sección dedicada al audiovisual, y también una dedicada al libro electrónico, pero eran una gota en el océano de libros que inundan el espacio). Los grandes stands, espectaculares: Rouergue, Seuil, Albin Michel, La joie de lire, Thierry Magnier, Palette, Casterman, Sarbacane, Rue du monde, Autrement, Didier Jeunesse. Las librerías, para pasar horas: la de las pepitas, la de la aventura, la de cómic, la de arte. Y, repartidas por todo el recinto, los incontables pequeños (o no tan pequeños) stands: MeMo, Hélium, La Maison est en carton, Notari, L'atelier du poisson soluble, Le baron perché, la librería belga o el stand de editores asociados. Cada paso, cientos de libros. Cada paso, cientos de posibilidades.
Y he ahí el drama de Montreuil: es demasiado. Demasiado para concentrarlo en dos días. Para digerirlo, para poder disfrutarlo, para no arrepentirte, para salir de allí sin la sensación de que se te ha escapado algo importante. Hay que ir con una disposición que yo, todavía, no he sido capaz de conseguir. Hay que ir sabiendo que corres ese riesgo, y asumiéndolo alegremente. Hay que ir sabiendo que vas a encontrar 50 libros que te llevarías a casa, pero que solo vas a poder llevarte 10. Hay que ir sabiendo que, como mínimo, se te van a quedar 5, 10 o 15 libros allí que te morirías (te mo ri rí as) por llevarte a casa, pero que no puede ser, por la maleta, por el espacio, por el dinero, porque no puede ser bueno (porque nada sin moderación es bueno...)
No me imagino pasando por esto cada año, como hacen mis compañeras de esta segunda escapada mía.
Sí, el placer es indescriptible... sí, los libros que sí que se han venido conmigo son perfectos... pero yo me cortocircuito muy rápido y en seguida me agobio de tener que tomar una decisión (tú-te-vas-y-tú-te-que-das), así que con una vez cada tres años creo que tengo suficiente...
Y dicho esto... ¿les apetece ver fotos?
[Consejo práctico: haciendo click encima de las presentaciones podrán verlas a mayor tamaño y al ritmo que más les guste y no el que dicta el pase automático de Picasa.]
Primero, un pequeño especial sobre una librería que visitamos el primer día, La sardine a lire. Venía muy recomendada (por Stel·la y por las chicas de SD), y la verdad que llegar a París, soltar las cosas en el hotel, e irnos corriendo para darnos la primera zambullida entre libros nos sentó de maravilla. Es una tiendecita pequeña y coqueta, muy bien aprovechada, y en la que se respira un ambiente muy agradable. Había por allí libreras contando cuentos a posibles clientas, un escaparate navideño a medio montar, un rincón de cómics pequeño pero delicioso, y un montón de gadgets (postales, juegos, disfraces, muñecos...) para rodear a los niños de magia y creatividad a todas horas. Pudo haber sido mi perdición, pero me contuve... y ya vi dos de los libros que me hubiera gustado traerme pero al final se quedaron en París.
Viernes y sábado los dedicamos íntegramente al salón. Dos días es lo mínimo. No me imagino yendo con menos tiempo para dedicarle al salón: los stands, los autores y la exposición. Sería inabarcable y la sensación de frustración todavía mayor, así que si repito, solo será si puedo organizarlo igual que este año: saliendo el jueves y volviendo el domingo.
Sobra decir, y lo verán por algunas de las fotos, la alegría que da también encontrarse allí con libros de aquí. El abuelo de Marta Altés, el miedo de Pere Vilà y Sergio Mora, el ratoncito Pérez de Herreros y Lópiz, un par de Nesquens, los stands de Mamut y Milimbo, las 160 diferencias de Martí y Salomó...
Qué les voy a decir del plantel de autores presente en las sesiones de firmas del salón... Te das cuenta de la mucha influencia que tiene el mercado francés (si para bien o para mal, ya dependerá de quien juzgue) sobre nuestras lecturas, especialmente en lo referente a cómic, libro infantil e ilustración. Si hace tres años fueron Beatrice Alemagna, Hervé Tullet, Roberto Innocenti o Tom Schamp, este año han sido Kveta Pacovska, Germano Zullo y Albertine, Kitty Crowther o José Parrondo, entre otros... muchos otros!
... y todavía nos dio tiempo de dar un paseo por París, y encontrar libros y lectores en algunos rincones de la ciudad.
Hay que ser fuerte para vivir Montreuil.
O quizá que no les pierda tanto la posesión del objeto como a mí.
Después, cuesta recuperarse.
Cuesta volver a casa.
Pero ahí están Barbara Fiore y Thule y Kalandraka y sinPretensiones y Los Cuatro azules y nuestras Astiberri y Sins Entido y... saldremos adelante.
Y si de vez en cuando me tengo que escapar a Abracadabra y perderme en los estantes de importación francesa... pues me escapo.
Y sobreviviré hasta Montreuil 2015.
***
Post scriptum para curiosos: la lista de la compra.
- La tête ailleurs, de Marie Dorléans (Le Baron Perché).
- Contes à la carte, de Jean-François Barbier (Thierry Magnier).
- Encore un quart d'heure, de Camille Chevrillon, Françoise Lison-Leroy y Colette Nys-Mazure (Esperluète).
- Les gratte-ciel, de Germano Zullo y Albertine (La Joie de Lire).
- ABC Tam Tam, de Gianpaolo Pagni (MeMo).
- L'horizon Facétieux, de Juliette Binet (Gallimard).
- Ré-créatures, de Cruschiform (Gallimard).
- L'invitation, de Kveta Pacovska (Les Grandes Personnes).
Y la lista de los que esta vez no pudo ser.
- Mon ami, de Gaëtan Dorémus (Rouergue).
- De temps en temps, de Anne Herbauts (Esperluète).
- Il était un arbre, de Émilie Vast (MeMo).
- Le collectionneur, de Serge Bloch (Bayard).
- Les lettres de l'ourse, de Gauthier David y Marie Caudry (Autrement).
- Nappe comme neige, de Marion Fayolle (Notari).
- Le colis rouge, de Clotilde Perrin (Rue du Monde).
- Rêveur des cartes, de Martin Jarrie (Gallimart).
- L'homme en pièces, de Marion Fayolle (Michel Lagarde).
- Le petit Gibert illustré, de Bruno Gibert (Albin Michel).
- Un jour un ami, de Chiara Carrer (La Joie de Lire).
- Quelques-unes des choses qu'il faudrait tout de même que je fasse, de Georges Perec y Bruno Gibert (Autrement).
- Mette et les cygnes sauvages, de Muriel Bloch y Sandra Dufour (Thierry Magnier).
- Catalogue des adieux, de Marina Mander y Beppe Giacobbe (Rouergue).
Sobre estos libros, solo dos cosillas, estrechamente relacionadas.
Una, que muchos de ellos no los compré porque mi nivel de francés no me hubiera permitido disfrutarlos como debería (el caso de Les lettres de l'ourse, Rêveur des cartes y Le petit Gibert illustré). Estos son los que me dolieron menos...
Y dos, señores editores: ¿no se animarían ustedes a publicar por aquí alguno de estos títulos?
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10 diciembre 2012
Open
Si hiciéramos caso de las recomendaciones que hizo Baricco en su charla el pasado lunes en la Biblioteca Jaume Fuster, estaríamos todos esperando impacientemente a la editorial que se anime a publicar en castellano Open, la autobiografía de Andre Agassi (según él, uno de los mejores libros de los últimos años).
Mientras esperan/esperamos, yo les recomiendo, sin dudarlo, Mr Gwyn.
No tengan miedo: me apuesto lo que haga falta a que no les va a decepcionar...
05 diciembre 2012
Escuchar
Recuerdo bien por eso la pena que me dio escuchar de labios de Antonia el que, por evitar males mayores, el ama, el cura y ella hubieran hecho una hoguera en el patio con gran parte de los libros que solía leer el caballero y que juzgaban la causa de su desvarío. Y cómo luego, y después de salvar sólo unos pocos, pidieron a un albañil que cerrara el hueco de la puerta de su biblioteca con piedras y barro, de tal forma que pareciera que nunca había existido y que el lugar entero desapareciera de la vista como si uno de aquellos magos encantadores que a todos los lados seguían al caballero torciendo sus planes hubiera llegado hasta su misma casa para arrebatarle su tesoro más grande, que eran los libros que amaba. Yo me imaginaba el silencio de aquellos libros, y todas las historias maravillosas y tristes que debían de contener y que ya nunca leería nadie por haber quedado allí sepultadas, como quedaban los muertos en el camposanto. Y más que nunca me pareció que las voces de los muertos estaban guardadas en los libros que escribían los hombres y que el caballero todo lo que había hecho era escucharlas y prestarles un poco de atención, que era lo que los demás nos negábamos a hacer, para evitarnos sobresaltos y complicaciones.
Ilustración (Pablo Auladell) y fragmento (Gustavo Martín Garzo) de Dulcinea y el caballero dormido.
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