La obra de Barrie también tiene mucho para divertir a la antropóloga de la lectura en que me convertí, pues las críticas que se le hacen al personaje son las mismas que las que se hacen a los lectores, y sobre todo a las lectoras: que son unos egoístas, siempre con la cabeza en las nubes, que se olvidan de todo. Es cierto que los lectores se olvidan de todo por un tiempo, como esa mujer de campo que me dijo alguna vez: "Si es realmente apasionante, me planto ahí. No importa que griten mis hijos, que tengan hambre, no vale la pena. O les preparo un huevo frito, y rápido regreso a mi lectura. Entonces puedo leer aunque tenga una bomba a mi lado". Ellos también sueltan amarras, le dan la espalda a sus allegados y remontan el vuelo: leer es pasar, de un salto, a otro espacio, sobre todo si se trata de obras literarias. Mucho más que entregarnos un mensaje, la literatura nos abre un universo en el cual desplegarnos y constituir, a lo largo de nuestras lecturas, un País de Nunca Jamás, esta reserva poética y salvaje de la cual podremos echar mano toda la vida para proyectar en lo cotidiano un poco de belleza, de fábulas, de historias que tal vez nunca se realizarán, pero que sin embargo contribuyen a definirnos. Para dar forma a lugares en los cuales vivir y acondicionar habitaciones propias en las cuales pensar.
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Michèle Petit en "Peter Pan y Wendy o el derecho a la ficción".
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19 mayo 2015
29 junio 2011
Una infancia en el país de los libros
A merced de los amores, de los encuentros, de los viajes, construí mi habitación, donde el piso sigue estando un poco inestable al menor signo de viento, al menor cambio de escenario. Pero la literatura, en todas las épocas, me sigue siendo indispensable. Porque allá donde vivo, en una de las más bellas ciudades europeas, como en cualquier otro lugar (o más que en otros lugares), la gente recita sin fin palabras convencionales, utiliza la misma jerga, los mismos comentarios. Estamos enfermos de lenguaje, somos grises, previsibles. Durante mucho tiempo me resultó insoportable saber de memoria lo que iban a decirme, oírme repetir algunas fórmulas, poner una mordaza en la boda de los demás. Sentía vergüenza. Eso ha disminuido un poco; ahora soy más tolerante. Sé que uno no se puede inventar cada segundo. No obstante, por las noches busco palabras limpias de polvo, de las frases en medio de las cuales rodaron. Leo. Los libros me arrojan a los caminos.
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Michèle Petit en Una infancia en el país de los libros (ed. Océano Travesía) recorre su biografía lectora. Juan Domingo Argüelles habla sobre el libro, mucho mejor de lo que yo podría hacer jamás, en este artículo.
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Michèle Petit en Una infancia en el país de los libros (ed. Océano Travesía) recorre su biografía lectora. Juan Domingo Argüelles habla sobre el libro, mucho mejor de lo que yo podría hacer jamás, en este artículo.
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