CHARLES BUKOWSKI
Ningún cartero serio dejará tus cartas mojadas - ni siquiera una esquina - cuando venga el segundo diluvio.
En el primer diluvio, sobre las aguas, se salvaron en barco los animales, las mujeres y los hombres. Ahogados quedaron las plantas y también toda la correspondencia entre el primer hombre y la primera mujer. Si antes del diluvio la literatura era buena o no, nunca se sabrá. Pues se salvaron los animales, un hombre y una mujer (y un viejo, que prácticamente no cuenta), pero se despreció la documentación escrita.
Entre algunos hombres que conozco, algunas mujeres con las que dormí y la literatura, yo no dudaría en el momento del segundo diluvio: dejaría que se ahogaran esos sujetos y salvaría la literatura. Pero esto es sólo una opinión.
JEAN COCTEAU
Querido. La frase que escribes debe hacer un dibujo en la cabeza del lector. Ese dibujo interior debe convertirse rápidamente en dibujo exterior, en la cara del lector. Y si el dibujo en la cara del lector es bueno y profundo es porque tu frase fue buena y profunda. Si el dibujo de la cara del lector es malo y superficial es porque tu frase fue desafortunada.
Claro que hay idiotas que se atreven a leer lo que deberían temer. Y en los idiotas la cara de idiota es una constante. Esto es: nunca cambia.
W. H. AUDEN
Entró con paso prudente en una librería rápida y preguntó: ¿tiene poesía? No, respondió el librero, y Auden tuvo que entrar en otra librería un poco más lenta.
Auden, cansado de intentarlo, se sentó en un banco de jardín donde alguien había olvidado un libro. Era de Yeats, un poeta lento, que ya había muerto. Pensando en sus dos ojos, en sus dos oídos y en su único corazón, Auden murmuró: mis cinco instrumentos concuerdan: he aquí un poeta que hace de este día un día alegre.
Y toda la tarde el corazón no apartó los ojos de un libro que se abría como una puerta familiar.
[Lean "La biblioteca de Tavares (I)" para saber más...]
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27 mayo 2009
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