Las proezas de estas editoriales independientes apenas son noticia. El ruido mediático prefiere ocuparse de la muerte del libro (de la que algunas luminarias parecen haberse alegrado antes de tiempo) y del avance del libro digital (en realidad tan menguante que están haciendo el ridículo los profetas de las nuevas tecnologías), pero no presta atención a la batalla de ciertas librerías y editoriales en su lucha por evitar la incultura que se nos va cayendo encima. A ese vacío cultural nos llevan, entre otros, algunos editores manejados por directivos que extraen peregrinas teorías de lo que los lectores quieren consumir (ver artículo de Malcolm Otero Barral en Letras libres de este febrero) y deciden, por ejemplo, que ahora toca leer thrillers lapones porque pueden parecer suecos. “A Kafka no le publicarían hoy en día”, acaba de decir el histórico editor André Schiffrin en Le Nouvel Observateur. A tanta calamidad habría que añadir que quienes propagan que se ha perdido la paciencia para la lectura pausada e inteligente son solo en realidad unos conocidos zoquetes que nunca leyeron nada.
***
Vila-Matas, inspirado.
¿Se imaginan un mundo en el que las noticias de verdad fueran, precisamente, las buenas noticias editoriales? Las librerías que siguen al pie del cañón, las nuevas editoriales, los buenos libros.
Nada de salsa rosa. Ni social, ni política, ni deportiva, ni - por la misma regla de tres - literaria.
Autores --> Libros --> Editores --> Libreros / Bibliotecarios --> Lectores.
Y punto...
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01 marzo 2013
09 octubre 2009
Dos direcciones

Una novela es una calle de dos direcciones, animada por dos talentos; una calle en la que la tarea que se requiere a ambos lados es, al final, la misma. Leer, cuando se lleva a cabo con linterna propia, es tan difícil y apasionante como escribir. Tanto quien escribe como quien lee, aun entreviendo el fracaso, buscan la revelación certera de lo que somos, la revelación exacta de la conciencia personal de uno mismo, y también de la del otro. Y aquellos que sitúan la lectura al nivel de la experiencia pasiva de ver televisión lo único que hacen es vejar a la lectura y a los lectores. De hecho, las mismas destrezas que se necesitan para escribir se precisan también para leer. Los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en éstos la confirmación de que el mundo es como lo ven en su pequeña pantalla. Los nuevos tiempos traen esa revisión y renovación del pacto exigente entre escritores y lectores. Cabe esperar, parafraseando a Henry James, que pronto pueda decirse que unos y otros trabajan con lo que tienen, y sus grandes dudas son su pasión, y esa pasión es precisamente su gran tarea.
[Enrique Vila-Matas + Sonia Pulido = placer en dos direcciones]
[Lean el artículo completo aquí.]
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Sonia Pulido
11 enero 2008
Todo lo hemos aprendido en los libros

Sfer cita a Vila-Matas que cita a Savater hablando sobre citas...
Plenamente de acuerdo con Savater cuando dice que los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor: el casticismo y la ocurrencia, es decir, las dos peores variantes del tópico. Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema de "no deberle nada a nadie". Y es que, en el fondo, quien no cita no hace más que repetir, pero sin saberlo ni elegirlo. "Los que citamos", dice Savater, "asumimos en cambio sin ambages nuestro destino de príncipes que todo lo hemos aprendido en los libros (y ahí va otra cita disimulada, ja, ja, larvatus prodeo...)".
[De "El lujo de las citas", que apareció el pasado 6 de enero en El País y que pueden leer entero en el enlace. La imagen es de Spekulator.]
21 febrero 2007
Rumorología literaria
Si no lo han hecho ya, les recomiendo que echen un vistazo al curioso reportaje (más un divertimento que otra cosa) sobre leyendas urbanas literarias, que publicaba la revista Qué leer en el número del pasado mes de enero. Puñetazos, meteduras de pata, cartas de despedida, encuentros y desencuentros, libros escondidos, otros bendecidos por extraños ritos... en fin, toda una colección de rumores (unos más verosímiles que otros) para pasar el rato. El reportaje está disponible en la web de la revista (aquí, concretamente), aunque no sé si durante mucho tiempo.
De todos los relatos incluídos en este pequeño compendio, rescato para ustedes el de Vila-Matas, con la ilustración de Juanjo Sáez que la acompaña.
DIABÓLICO VILA-MATAS
Cuentan que en cierta ocasión, por supuesto de madrugada, Enrique Vila-Matas se subió a un taxi y, antes que ninguna otra palabra, dijo al conductor:
- Usted no lo sabe, pero yo soy el diablo.
Entonces el taxista, mirándolo por el retrovisor le respondió:
- Ya lo sé, señor Vila-Matas, ya lo sé.
Cuentan que en cierta ocasión, por supuesto de madrugada, Enrique Vila-Matas se subió a un taxi y, antes que ninguna otra palabra, dijo al conductor:
- Usted no lo sabe, pero yo soy el diablo.
Entonces el taxista, mirándolo por el retrovisor le respondió:
- Ya lo sé, señor Vila-Matas, ya lo sé.
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