Habla Aminta Buenaño en este texto (que os recomiendo) de nosotros.
“Son tan misteriosos los lectores como misterioso es el mundo de los libros. Basta ir a una librería y perderse por sus laberintos para observar en dónde hinca la nariz ese lector que entró con ceño adusto, cara de intelectual y libros universitarios y comprobar que no siempre es lo que se parece y ver, en cambio, a esa señora que entra apresurada con una funda de papel en donde las manchas de grasa denuncian unas donuts y comprobar que la modesta ama de casa ha elegido libros de filosofía y busca empecinada la última novela de su escritora favorita.”
Trabajar en una biblioteca implica, entre otras muchas cosas (no me atrevería a decir si más o menos importantes) asumir ese “nada es lo que parece”; interiorizarlo hasta ver a los lectores como una página en blanco, sin que las circunstancias que lo rodean nos influyan. Aminta habla del ama de casa en busca de libros de filosofía. A ella, habría que añadir tantos otros casos...
Les propongo un pequeño juego. Alguien dijo alguna vez que a cada lector, su libro.
Lectores:
- La tierna abuelita...
- La adolescente agujereada...
- El respetable padre de familia...
- La joven con velo...
- El policía municipal, uniforme incluído...
- El veinteañero greñudo...
Libros:
- ... que ha leído Orgullo y Prejuicio y quiere más Jane Austen.
- ... que te pregunta si tenéis la última novela de Maria de la Pau Janer.
- ... que viene a rebuscar entre los estantes de poesía.
- ... que anda buscando a los novelistas rusos.
- ... que se lleva bajo el brazo El Péndulo de Foucault.
- ... que arrasa con las sonrisas verticales.
Algunos ejemplos son reales. Otros... quién sabe. En el fondo, todas las combinaciones son posibles.
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17 enero 2007
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